LETRAS LIBRES: MAI Y EL VASO CAMPANIFORME
1
MAI
Cuando la mujer recoge la arcilla de la pequeña loma siempre recuerda cuando niña iba con su madre a la misma mina. De pequeña corría de un lado a otro mientras las mujeres adultas intentaban que Mai y las otras niñas aprendieran el proceso de selección de la arcilla. Pero no había manera. Cuando le entregaban un trozo de barro húmedo para ver su plasticidad, Mai buscaba un rincón donde hacer figurillas o pequeños cuencos que después ponía a cocer cerca de la hoguera.
Ir a recoger la arcilla era toda una aventura. Como entonces no había destacamentos, se iban cargando grandes bolsas de piel que pesaban mucho. La mayoría se trasladaban en parihuelas, además de hacer otras bolsas más manejables que serían cargadas por ellas mismas.
Así aprendían el valor de algo en teoría tan elemental como es el barro: todo el esfuerzo de buscarlo, extraerlo, transportarlo y después trabajar la arcilla, no permite que se pueda desperdiciar ni un trozo.
Para ayudar en el aprendizaje, las niñas cargaban sus propias bolsas de piel y desde muy temprana edad elaboraban sencillas vasijas de uso diario.
Pero lo que más le gustaba a Mai de ir a por arcilla es que, normalmente pasaban la noche allí mismo durmiendo bajo las estrellas mientras las más viejas cantaban o contaban hechos del pasado.
Mai preguntaba a su madre por las estrellas o por la luna y la pobre mujer no sabía que contestar. Algunas mujeres decían que eran los antiguos mirando desde el más allá mientras otras contaban que se trataba de un manto que se ponía el sol para irse a dormir.
La arcilla, tras arrancarla de la tierra, se desmenuzada para quitar todas las impurezas y no cargar con material inservible. Después se lavaba y se extendía en la misma piel que servía de bolsa.
Por la mañana, tras comprobar su secado se cerraba la piel y se preparaba el regreso.
Muchas llevaban la arcilla sin lavar, pero cuando llegaban al poblado una parte de ella era desechada o peor aún se utilizaba en esas condiciones y la pieza se rompía en la cocción.
Su madre decía que era un desperdicio de tiempo y esfuerzo y Mai aprendió la lección desde entonces. También, por eso, sus piezas eras especialmente buscadas. Ponía toda su atención desde el principio mismo de la elección de la arcilla.
Una vez de vuelta al poblado, la arcilla de deposita en troncos vaciados y se humedece para evitar que se seque del todo y haya que volver a iniciar todo el proceso.
Cuando se va a trabajar, se coge la cantidad de arcilla necesaria, se le añade arena para que resista la llama directa y se amasa hasta que esté muy suave. Entonces se comienza a hacer la vasija utilizando el pulgar para abrir la arcilla y los cuatro dedos restantes para contener la presión.
Si se va a hacer un cuenco o una vasija pequeña, basta con el barro con el que has iniciado el trabajo, pero si vas a crear una pieza más grande debes ir añadiendo rollos de arcilla que se cosen y se adelgazan para poder seguir haciendo crecer la pieza. Cuando Mai llevaba una buena altura, suele dejar que se oree un poco para evitar que el peso del barro deforme o destruya lo realizado.
Cuando la pieza está terminada, la mujer la deja a la sombra cubierta por grandes hojas de árbol para que se endurezca un poco. Generalmente en ese momento es cuando la vida del destacamento se pone en marcha y ella se reintegra en sus obligaciones.
Por la tarde, cuando todos vuelven a sus cabañas, Mai descubre la pieza y con un guijarro afilado rasca y Bruñe la superficie …
Antes de cada cocción, Mai agradece a la Tierra que se haya adaptado a sus manos, al agua que haya dado la humedad necesaria para moldear la arcilla, al aire por haber secado cuidadosamente y sin deformarlas las piezas y por supuesto al fuego que va a juzgar si son adecuadas para su uso.
Gran parte de las piezas que salen de la mano de Mai son para intercambio, comidas ceremoniales o algún otro rito, pero su conexión comienza mucho antes. Cuando está con la arcilla suele olvidarse de todo. Algunas veces Osi llega a la cabaña en el poblado y si Mai está trabajando en alguna pieza especialmente vistosa, no se percata de la llegada de su compañero hasta que, terminado el trabajo que la tenía ausente, lo descubre de golpe.
La conexión no termina tras el fuego. La mujer mira y revisa la vasija mientras su mente vuela al destino que tendrá la vasija, cómo las van a usar, a que lugares llegará.
Es de noche y la mujer revisa con atención los restos de la hoguera cubierta con excrementos del ganado para evitar que el aire entre en la zona de brasas donde están colocadas las piezas. Esta es una parte de la cocción muy importante porque es la que permite que las piezas cerámicas obtengan ese color negro que queda tan bonito. Con cuidado levanta unos granitos para ver si todavía las brasas estaban incandescentes.
Más tarde, después de tomar algún alimento, podrá eliminar los restos de la hoguera y sacar las piezas para terminar su decoración con la pasta blanca que se aplicaba en las incisiones de la decoración.
En la cabaña el ambiente es fresco cuando Mai se levanta, muy temprano todavía, para iniciar las tareas diarias en el pequeño agrupamiento de casas que sirven para el cuidado del ganado. Tampoco es que las cabañas estuvieran muy bien protegidas contra las inclemencias del tiempo. Al fin al cabo eran unas estructuras muy efímeras para uso temporal durante el tiempo del pastoreo. El hábitat está situado al norte del poblado principal y al sur existe uno similar para acoger a los encargados de las tierras de cultivo. Más lejos, a un día de camino, hay un tercero situado cerca de donde se funden las piedras de cobre y se hacen adornos, herramientas e incluso algunas armas.
El terreno, principalmente, es llano con pequeñas lomas tendidas. La pendiente presenta una suave inclinación hacia el arroyo situado en el Sur. Es en dos de estas lomas y sus vertientes donde se sitúa el destacamento.
El grupo humano que la rodeaba en el lento amanecer es muy pequeño. Poco más de media docena de hombres y mujeres que llevan destacados en esa tarea casi dos lunas y que, en dos días, volverán al poblado principal tras ser sustituidos por otro grupo semejante.
2
OSI
El poblado se encuentra en lo alto de un pequeño cerro y en su ladera este donde se sitúa una antigua cantera que hace las funciones de necrópolis para la mayoría de los habitantes. En el lado contrario, al oeste, se encuentran los enterramientos de aquellas personas que tienen mayor influencia en el poblado.
Las viviendas se disponen de forma circular, aunque hay algunas ovaladas con postes fijados mediante enterramiento en el suelo que sujetan los bloques de adobe que forman las paredes.
El suelo, excavado en parte, protege de las inclemencias del tiempo y, cuando el espacio ya no puede mantenerse, se usan como vertederos hasta estar colmatados.
Osi se encontraba trabajando en el nuevo foso del poblado. Forma parte de los trabajos colectivos que los habitantes deben hacer para el bien común. Sobre todo, si el bien común es aumentar el prestigio del jefe del poblado, piensa con malicia mientras ríe entre dientes. Hay que reconocer que también da seguridad y que algunos poblados cercanos están creando hasta empalizadas para protegerse. ¿De quién? Nadie lo sabe con certeza, pero en la reunión de la primavera pasada todos se mostraron conformes a desarrollar obras de este tipo. De todas formas, parece que a prisa en terminar el foso está más en que se acerca la nueva reunión anual y Arlo, el líder del poblado quiere proclamar su terminación. Casi siempre está más pendiente de su prestigio que de los problemas reales del poblado. Esta vez la sonrisa se le ha congelado en la boca convirtiéndose en un rictus.
Al levantarse para desentumecer la espalda, Osi mira hacia el norte y a lo lejos ve entre la neblina las cabañas que forman parte del destacamento que pastorea el ganado. Allí se encuentra Mai. Juega con que puede oler su presencia y oír su risa en el aire, pero sabe que no es posible. De todas formas, sólo faltan dos días para su regreso y tiene unas ganas locas de abrazarla y estar juntos lo máximo posible.
Pensar en Mai es uno de los placeres que se reserva todas las mañanas al salir a trabajar. Sabe que a esa hora estará despierta, avivando el fuego para el primer alimento del día del grupo encargado de las ovejas y cabras. Después tendrá que ordeñar y llevar a otra zona de pastos al ganado.
Pero también tendrá que preparar la vuelta y él estará allí para recibirla, si consiguen terminar el tramo de foso establecido para ese día.
3
EL RETORNO
Después de tantos días fuera, la llegada al poblado siempre tiene un aire festivo. Los recién llegados se juntan con familiares y amigos y se ponen al día parloteando sin parar mientras descargan los productos elaborados durante su permanencia en el destacamento y sus bultos particulares. Muchos ayudan a descargar para tener una excusa y seguir charlando.
Mai llega acompañada hasta la puerta de su cabaña, pero Osi no estaba allí. Seguramente seguiría en el foso trabajando, ordenando los materiales necesarios para la siguiente jornada o dando cuenta a Arlo de lo avanzado ese día.
Así que, tras entrar en la vivienda, Mai miró alrededor observando que Osi se había esforzado en tener recogido todo esperando su llegada. O al menos lo que para ese hombre era “tener recogido”.
Herramientas, ropa, algún utensilio roto están amontonados” ordenadamente” junto a las paredes de la vivienda. Mai suspiró. Al menos no había dejado comida que pudiera atraer a algún roedor. Claro que Osi odiaba los roedores. Por eso los mantenía lejos.
Una segunda mirada más atenta le permitió observar que uno de los postes estaba demasiado inclinado, la zanja de drenaje de alrededor de la vivienda cubierta de tierra y del montón de ropa salía un ligero olor no demasiado desagradable pero que dejaba claro que había ropa que lavar.
De su zurrón, sacó con cuidado el vaso que había elaborado esas dos lunas en el destacamento. Trabajó por las noches para no dejar de rendir en el día a día y para poder concentrarse en el modelado de la pieza. Sin descubrirlo, lo dejo junto a una pila de ropa doblada en su lado de la estera donde dormían.
Lo primero era limpiar la zanja de drenaje y el pequeño receptáculo que servía de depósito para la recogida de agua. Si hay suerte y llueve, éste se llenará de agua y podrá lavar la ropa sin bajar al río.
Después, con un manojo de ramas finas, barrió la arena que cubría el suelo de la cabaña y que estaba formado por pequeños cantos de cuarcita perfectamente imbricados entre sí. El hogar estaba preparado para encender y había leña de repuesto para cuando hiciera falta. Al menos en eso, Osi había sido previsor.

Una vez satisfecha con el orden conseguido, Mai salió de la zona donde se ubicaban las cabañas para acercarse hasta los silos de almacenamiento y poder dejar una partida de quesos hechos en el destacamento y coger un poco de cereal y algunas frutas.
4
UNA PIEZA ESPECIAL
Mai siempre tiene un especial cuidado en la elaboración de las piezas cerámicas, en su decoración donde ha introducido nuevos elementos que sólo usa ella y, sobre todo, pone mucho esfuerzo y atención en la cocción de las mismas.
La mayoría de las personas que están en el poblado, tienen una buena capacidad para la creación de su propia producción de piezas comunes, algunos incluso hacen piezas especiales para las ceremonias anuales que resultan bastante buenas. Pero nadie puede alcanzar la habilidad de Mai con la arcilla. Mientras que nadie se fija demasiado en el resultado de las piezas de uso cotidiano, Mai las usa para probar nuevos modos de decoración, de arcillas encontradas, de desgrasantes y de formas de cocer. Por eso, en lugar de tener ese tono entre parduzco y gris que tienen la mayoría de las piezas, las suyas tienen un acabado negro brillante espectacular.
Sabe que el resultado está en conseguir una cocción eficiente, que permita una reducción del aire total en la zona del hogar donde se entierra la pieza y mucha paciencia.
Intentó que las demás personas que hacían las piezas aprendieran el método, pero casi todos mantuvieron su forma de trabajar y los que sí se amoldaron a las nuevas formas, sólo la usaban en las piezas especiales y aún éstos se limitan a las formas tradicionales de viejos vasos globulares con base cóncava.
En el poblado, las piezas más abundantes son los cuencos hondos de pared entrante y los vasos hemisféricos. Muy pocos hacen los vasos con perfil en “s” o los pequeños vasos de carena baja tan bien valorados en las rutas de intercambio. Tampoco las decoraciones se salen de una marcada sencillez como son las marcaciones digitales sobre el labio, líneas incisas paralelas a las que algunas veces rellenan de pequeñas incisiones o las acanaladuras en las paredes de las piezas.
Por eso Arlo siempre quiere que sus piezas sean utilizadas en las reuniones ceremoniales donde se sirve cerveza y las usa para intercambios de regalos con los líderes de otros poblados. Esa habilidad hace que Mai tenga un estatus, entre los suyos, muy superior al que le correspondería por linaje.
Como si le hubiera llamado con el pensamiento, Arlo aparece en la puerta de la cabaña esperando a ser invitado a entrar. Podría hacerlo sin más, pero sabe que también podría ser rechazado y no quiere jugar con fuego. No con esa mujer a la que admira y teme a un tiempo. Por eso, cuando Mai se da cuenta de su presencia, tras su gesto asentimiento para que entre, Arlo suspira tenuemente y pasa.
En sus manos tiene un vaso con forma en “s” de los que se usan en la comida especiales o se intercambian entre la élite. Se la ofrece a Mai que contempla que está elaborada de forma aceptable, con los desgrasantes habituales de caliza y cuarzo, una decoración con líneas paralelas y “dientes de lobo” pero el color le dice que la pieza no se ha cocido correctamente por culpa de un sistema de cocción imperfecto que hacen que el color de la pieza sea entre gris y parda.
Ya ves lo que me han entregado para la próxima Asamblea anual. Es un desastre. Sólo tú me puedes ayudar.
Puedo volver a cocer esa pieza y ver si consigo un acabado mejor.
Podría ser, pero ¿no tienes alguna pieza que pueda dar una mejor imagen de nuestro pueblo? Me han dicho que has estado trabajando en algo por las noches.
No en algo de lo que pueda desprenderme. Lo que he hecho es para Osi.
¡¡¡Él no puede llevar una pieza mejor que la que presente el jefe del poblado!!! y si la has hecho tú es seguramente mucho mejor que esto – Dijo señalando el vaso en las manos de Mai.
Quedan dos lunas. Si me pongo a ello, quizás pueda conseguir algo.
Y si no, me quedo con la que tienes escondida. De todas formas, Osi no va a ir a la Reunión. Tiene que quedarse con los ancianos y los impedidos que no puedan viajar.
Siempre haces que se quede. Desde que alcanzaste el mando no ha ido a ninguna de las reuniones y muchas veces, ni siquiera le llevas a las comidas ceremoniales a pesar de ser tu ayudante y el mejor trabajador que tienes.
Por eso mismo mujer, no puedo dejar aquí a nadie más que a él. En eso consiste mi confianza. No es como otros. No buscará socavar mi autoridad.
¿¿¿Pero es injusto!!!
Yo decido lo que es justo para el poblado no tú.
Fuera de sí, Arlo sale de la cabaña sin despedirse y enfurruñado, olvida el tema que le llevó a ver a Mai: una pieza para la ceremonia de primavera.
Con un suspiro, ésta se acercó al lugar donde guardaba el vaso. Con ambas piezas en la mano, Mai se mostró muy satisfecha de la que había creado esos días de destacamento. Un detalle característico de las piezas elaboradas por la mayoría de las personas del poblado es que aplican la decoración incisa sin la suficiente seguridad, como con miedo a traspasar el barro, lo que conlleva unos resultados de líneas sinuosas y ondulantes, originadas por el mal uso al deslizar la punta del punzón por la arcilla.
Por el contrario, su pieza presenta un color negro brillante debido al bruñido cuidadoso de la superficie y que tras terminar la decoración Mai le aplicó durante horas un suave pulimiento con un trozo de piel de corzo. En cuanto a la decoración en sí misma, está hecha con incisiones de un punzón fino de cobre que le regaló Osi. Estas incisiones se disponen en frisos formados por bandas horizontales y paralelas, separadas por espacios lisos de tamaño variable.
Cuando Mai decora los cuencos para servir, que son piezas mucho menos elaboradas y que necesitan por tanto menos tiempo para hacerlas, suele colocar una única franja bajo el borde, paralela a él, de la que arranca la decoración del fondo.
En el caso del vaso, el conjunto de franjas que compone el primero friso, se dispone en el cuello de la pieza, dejando una ancha franja sin decorar, pero muy brillante por el bruñido. A continuación, hizo dos series completas del mismo estilo en la panza, la primera en su inicio y la segunda como línea de la que parte la ornamentación del fondo.
Como la tierra del destacamento es de formación blanca como el yeso, al terminar aplica una capa sobre la decoración incisa que hace resaltar toda la decoración sobre el negro brillante de las partes lisas.
Con mucho orgullo, no puede dejar de pensar que sus piezas son tan bien recibidas por la gran calidad que tienen y lo le extraña, piensa ruborizándose, que Arlo no quiera presentarse con la pieza que él mismo ha traído.
Tras devolver la pieza preparada para Osi en su lugar, se acerca a un lado del exterior de la cabaña conde guarda la arcilla seca y se dispone de preparar la tierra para humedecerla lo necesario y ponerse a modelar un nuevo vaso. Al fin y al cabo, para lo que queda del día no tiene tareas asignadas y la cabaña puede esperar u poco más a ser adecentada.
5
ARLO
El jefe del poblado daba vueltas alrededor del interior de su cabaña. Siempre sentía que perdía la batalla contra Mai. Y lo que es peor, eso no le importaba en exceso. Su familia le decía, constantemente, que debía hacerse valer como jefe del poblado y domar a la fierecilla, como la llamaban. Pero Arlo siempre se había sentido atraído por ella y quería mantener al resto del grupo familiar a parte de sus sentimientos.
¡No puede pretender que un miembro de la tribu de una familia con menos recursos tenga objetos de mayor valor que el jefe de la tribu! Pensó en voz alta.
Pero estaba mintiéndose a sí mismo. Ni Mai ni Osi hacían ostentación de nada. Arlo sabía que sencillamente Mai era mejor haciendo piezas de cerámica y cualquiera de las que tenía en su cabaña, podría dejar en evidencia a la mayoría de las que existían en el poblado, incluyendo las de su uso personal.
Para ellos era sólo un vaso. Pero los tiempos estaban cambiando. La posesión de ese tipo de objetos tan lujosos debido a las horas “libres” que se utilizaban para su elaboración, debía señalar a la persona o familia que detenta el poder de una tribu y ese poder lo tiene quien controla y organiza los excedentes de la cosecha.
En estas tierras, la mayoría de las familias tienen alguna pieza decorada, de muy baja calidad en comparación a las que hace Mai y Arlo quiere que las piezas mejores se queden en su familia para mostrar, en las distintas reuniones estacionales que se organizan, pero, también en los llegados a través de las rutas de comercio y los banquetes en los que mantiene a sus apoyos en la dirección del poblado, el prestigio de tener y mostrar una pieza de esa calidad. Si su plan salía bien y seguía aumentando sus apoyos entre las familias, quien intentara rivalizar con su familia quedarían expuestos al ridículo y la sanción de los demás.
Una de las soluciones fracasó rotundamente, pues consistió en unir su destino al de Mai e integrarla como su pareja en la familia. Pero nunca consiguió que la muchacha viera en él más que la amistad que desde niños tenían. Y Arlo tenía que reconocer que podían más sus ansias de fortalecer el poder familiar que sus sentimientos hacia Mai. La llegada de Osi tras aquella lejana reunión entre los dos grandes ríos no hizo más que alejar, más profundamente si cabe, la posibilidad de emparejarse con Mai.
Cada vez que Arlo saca el tema de las piezas cerámicas, May se ríe y señala lo ridículo de otorgar prestigio al hecho de disponer que un tipo de piezas, o de decoraciones de las mismas o del número que se puedan hacer refleje para algo más de lo que es: unos vasos, cuencos y cazuelas para comer y beber.
Estáis intentando crear una historia inventada. – Le dijo Mai en una ocasión – Las piezas de arcilla cocida no representan nada. Son sólo eso: barro que algunos queremos embellecer con las marcas que hacemos cuando está fresco. No dan especial prestigio más que la alegría de quien hace la pieza y obtiene un resultado agradable a la vista. Otra cosa es cuando tú y los tuyos los usáis para beber ese líquido que hacéis en tu cabaña. Pero será el disponer de esa bebida y no el recipiente donde se vierte.
Hablas como los antiguos. Para disponer de esas piezas, tienes que disponer de mucho tiempo que no dedicas a los trabajos de la comunidad o que alguien sea apartado de esos trabajos y lo haga para ti, que es, precisamente el papel que tu tienes. Y Osi no tiene esa potestad y si me apuras, tú tampoco si yo no lo ordeno.
Vuelves a inventar cosas. Todos tenemos más tiempo del necesario para los trabajos colectivos. Cómo lo emplea cada cual es algo que a ti ni te va ni te viene. Y aunque tú eres quien controla esos trabajos, el resultado mejora nuestra vida y nuestras posibilidades de obtener bienes que no existen en estas tierras, pero que si traen las caravanas. Y te recuerdo, que a quien has puesto a organizar el trabajo es a Osi porque lo hace mejor que nadie y se esfuerza en que todos trabajen el mismo tiempo. Cuando lo hacía uno de los señalados por tu familia, hubo problemas porque mientras había gente que estaba fuera del poblado de forma continua, otros no salían a hacer estos trabajos nunca. Con la organización de Osi, eso acabó y eso lo mandaste tú.
Pero cómo me vas a hablar de gente que no sale tanto a los destacamentos si tú eres una de la que más tiempo pasas aquí debido, precisamente a tu habilidad para hacer las piezas que usamos en los intercambios.
Claro, de eso se trata. De que son sólo piezas para intercambiar. Las hacemos en nuestras cabañas, para los miembros de nuestras familias y si en algún caso son más bellas de lo normal, las intercambiamos. De eso llevamos hablando muchas lunas. Yo aporto tantas piezas porque nuestro poblado se beneficia de ello. Que eso también beneficie a tu familia o a ti mismo no es lo importante. Recuerda que antiguamente y todavía en algunos lugares, al jefe del poblado se lo escoge por sus habilidades y no por su familia.
Leyendas de viejo, y además ¿me estás diciendo que no soy digno de dirigir el poblado? Ni tú, yo o nuestros padres y antepasados hemos visto algo como lo que tu dices. Y en cuanto a Osi, que nos contó que en su poblado se hacía así, ¿por qué se fue?
Cuando llegaban a este punto, la conversación terminaba. Ya sólo podía empeorar y decir algo de los que cualquiera de los dos pudiera arrepentirse. Enfadados más consigo mismo que con el otro, ambos se separan.
6
UN HERMOSO RECUERDO
Tras separarse enfurruñados, Mai se quedó colgada en el final de la conversación. La relación con Arlo no siempre había sido tan tensa. Jugaron juntos desde niños a pesar de las diferencias existentes entre sus familias. Seguramente, para Arlo, Mai era una niña muy atrevida y descarada, pero llena de alegría y que no se retraía ante el poder de su padre. Para Mai, Arlo era un niño que despertaba algo parecido a lo que una madre siente por su pequeño: ganas de protegerle y cariño, pero nunca le gustó tanto como para darle un beso.
Muchas peleas terminaron cuando se puso codo con codo frente a los otros chicos que acosaban al tímido hijo del líder y no siempre era Arlo el que golpeaba más y más fuerte.
A Mai le sorprendía que sin ser el más rápido en las carreras, ni el más hábil con la jabalina o el arco, pudiera llegar a ser el jefe del poblado cuando fuera mayor, pero es que su mayor habilidad eran las palabras. Cuando hablaba, y sobre todo si la fuerza bruta de sus oponentes le dejaba tiempo para hablar, era capaz de convencerte de que hicieras algo para él, cualquier trabajo que no le gustara, le ofrecieras algo que era tuyo y si te lo pedía con esa mirada suya, se lo dabas. Y entonces quedaba claro que siempre podría conseguir movilizar sus apoyos para ser jefe o lo que quisiera.
Aunque eso no funcionaba con Mai siempre, es verdad que, desde niños, cuando comenzó a verse su facilidad para trabajar el barro, conseguía que le hiciera canicas más duras que las demás, figuras de animales a modo de juguetes o pequeñas imitaciones de armas en arcilla. Siempre que la petición no fuera sobre ellos como pareja, no había mucho problema en conseguir sus deseos. A pesar de ello, muchos, en el poblado, pensaban que terminarían como pareja y la familia de Mai empujaba en esa dirección para mejorar su futuro.
Pero Mai nunca sintió por Arlo más que una profunda amistad y ese anhelo de protegerlo. La llegada a su vida de Osi no hizo más que ratificar esa sensación.
Esa estación, la reunión con las demás tribus amigas y aliadas se celebró en un gran poblado situado entre las dos importantes corrientes de agua que limitaban el territorio y que son enmarcadas por las grandes alturas. Fue una de las que más tribus asistieron en muchos años. Se esperaban que se hicieran nuevas parejas para aumentar el grado de amistad entre las distintas tribus, que se aportaran nuevos conocimientos de esas técnicas metalúrgicas más avanzadas que el mineral de cobre y que este mineral se extendiera más por todas partes, y sobre todo, se esperaban a las caravanas que traían mercancías desde lugares remotos.
Muchos grupos prepararon sus ritos de comensalidad y comenzaron a preparar la bebida con alcohol que se consumía en ellos. Los paquetes con armas, regalos, adornos y cerámicas se custodiaban hasta la ceremonia de bienvenida.
Casi todos los grupos ponían en escena la parafernalia que les permitiría exhibir ante los demás el poder adquirido en sus poblados frente a otros que, si bien eran sus iguales, quedarían eclipsados bajo algunas de las ofrendas ofrecidas.
Osi se encontraba en un grupo de desembalaba sus pertenencias frente a la zona de cabañas asignadas. El hecho de que el anfitrión hubiera conseguido mano de obra para preparar tantas cabañas para todos los pueblos asistentes, dejaba claro su poder y esa nueva forma de asegurárselo a sus descendientes.
Mai observó que era muy alto, más que los que le rodeaban y eso le hacía parecer muy delgado y con poca musculatura, pero cogía, sin aparente esfuerzo, los pesados fardos de su tribu.
La primera vez que sus miradas se encontraron fue casual, pero las demás fueron totalmente intencionadas, aunque la cara del joven se turbara con el descaro de Mai. Se veía que estaba forzándose a atender su trabajo para no levantar la vista. Mai soltó una carcajada al pillarle mirar de reojo hacia ella, pero tenía cosas que hacer y continuó hacia donde se asentaba su propio pueblo.
7
LA COMIDA CEREMONIAL
Una de las actividades sociales que se dan en cada estación es la reunión del conjunto de poblados que mantienen una relación de proximidad e incluso familiar.
Cerca del Ara, a unos centenares de metros, se encuentra el primero de estos poblados que se originaron cuando la población del núcleo principal creció y comenzaron a agudizarse los problemas de reservas de alimentos.
Algunas familias se desplazaron hasta una zona fértil, que quedaba fuera del control visual del poblado y que, por ello, no se explotaba. La nueva agrupación de cabañas se situó en el llano ante la ausencia de alturas significativas en esa zona.
Un tiempo después, con la unión de jóvenes de ambos núcleos de población, se formó un nuevo asentamiento que, en realidad, aunque estaba muy cercano, se situó al otro lado del río y bastante alejado del vado, lo que le permitía mantener cierta independencia.
El último asentamiento que mantiene una estrecha relación con el poblado original, se formó cuando apareció el mineral de cobre en una zona rocosa cercana. Como no es un lugar autosuficiente por la dificultad del terreno, las escasas tierras fértiles para sembrar y la ausencia de buenos pastos, mantiene su actividad gracias a los intercambios con los otros núcleos con los que permuta herramientas y adornos en cobre por alimentos, ganado o incluso piezas de barro.
En sus intercambios, han llegado a contactar con otras poblaciones de la comarca del Ara más alejadas y que no guardan relación de parentesco con los cuatro núcleos cercanos.
Cada una de las poblaciones está dirigida por una familia que elije, entre sus componentes, quién ostenta la jefatura, pero no existe ninguna autoridad que aglutine todos los grupos poblacionales, aunque el prestigio, el control de los excedentes de la producción y la mayor población da al núcleo original mucha influencia cuando, en las reuniones estacionales y los banquetes de comensales se toman ciertas decisiones.
8
JUNTOS
Cuando por fin Osi entró en la cabaña, Mai llevaba mucho tiempo esperando. Hizo tiempo recogiendo y limpiando su hogar, preparando leña y haciendo alguno de los alimentos que tanto gustaban a su pareja.
Entró con gesto fatigado, pero su sonrisa era sincera cuando al levantar la mirada del suelo se encontró con los ojos de ella. Se fundieron en un fuerte abrazo y se besaron. Las dos lunas de separación hicieron mella en sus ánimos y se acercaron al lecho.
Después, tumbados y arropados por las pieles, ambos hablaban de las novedades del destacamento y del poblado. Sin quererlo realmente, Mai le contó la discusión con Arlo.
Creo que no debes hacer un motivo de enfrentamiento la jefatura del poblado. Las cosas aquí son así y no hay nada que permita hacer cambios. La gente no los quiere y nosotros no los necesitamos.
Pero tu siempre me has contado que los líderes son temporales y que se deben a las circunstancias de cada momento.
Pero eso no ha ocurrido aquí en mucho tiempo y en mi poblado estaba dejando de hacerse de esa forma.
Pues me parece una forma de dirigir un poblado más acertada que la de ¨heredar el poder¨.
Mira. La gente busca formas de solucionar los problemas, de crear una diferenciación interna con la especialización de las funciones, que cada cual haga un trabajo e intercambio su producción con otros que hagan un trabajo distinto y todo eso sólo se puede hacer si hay alguien que controle las cosechas y el intercambio con otras tribus. La figura de Arlo, como antes de la su padre y el padre de su padre se basa en que la gente le ve como su benefactor y que ese proceso es algo inevitable.
Pero tu antes vivías de otra forma. ¿por qué lo aceptas sin más?
No hay forma de vida buena si no es contigo – sonrió a la mujer y ésta se ruborizó.
Tu ya habías pensado dejar tu poblado antes de conocerme. No me intentes liar.
Si, es cierto. Pero sólo lo decidí cuando vi tus ojos.
Mai se puso a ronronear como una gata y le volvió a abrazar.
9
EL TÚMULO
Siempre que Mai se acerca al túmulo, tiene cuidado de que no haya nadie en las inmediaciones. No tiene muy claro si hay más personas que conocen ese mágico lugar o sólo a ella se lo han mostrado los antiguos.
Tras cerciorarse de que no hay nadie, aparta con cuidado la gruesa rama que tapa el corredor de entrada y casi a gatas, entra.
Junto a un grupo de piezas sin decorar, se encuentra una osamenta de un antiguo animal que hace las veces de cesta o depósito de pieles. Con cuidado saca del interior de su vestimenta el vaso decorado de Osi y lo coloca con mimo junto a un cuenco que hizo unos meses antes.
Después, con cuidado, sale de la estancia y vuelve a colocar la cubierta y se dirige al poblado. No lo sabe, pero uno de los aliados de Arlo la ha visto en el momento de entrar en el túmulo y ha esperado a que saliera. Cuando la mujer se ha alejado, se acerca al lugar y despejando la entrada se da cuenta de la importancia que tiene ese lugar y se dirige a contárselo a Arlo. Está seguro que esta información le permitirá estar más cerca del jefe y le facilitará un puesto más acorde con lo que piensa que vale.
Cuando por fin Mai llegó a la cabaña del jefe del poblado, éste iba de un lado a otro como una firma enjaulado. Nada más cruzar su mirada le espetó - ¿debe esperar el poblado entero a que te venga bien acudir a la llamada de quién dirige este poblado? O por el contrario ignoras que debes atender, como todos, rápidamente los requerimientos que yo te haga.
Mai intentó contestar, pero Arlo siguió gritando y dando patadas a cualquier cosa que encontraba en su camino
Finalmente, él se detuvo frente a ella.
- - ¿por qué mantenías oculta la existencia de un túmulo tan cerca del poblado? ¿Desde cuándo sabes de su existencia?
- Mai se quedó con la boca abierta. No esperaba ese giro de la bronca.
- - lo encontré, por casualidad, hace un tiempo - intentó contestar con calma todavía atribulada por el problema en el que podía estar.
- - ¿y lo has ocultado? ¿Por qué?
- - No lo he ocultado por ningún motivo. Ya casi nadie quiere ser enterrado en esos sitios. Todos queréis vuestra tumba personal con vuestro ajuar particular.
- - Aun así es una oportunidad espléndida para nuestra gente. Podemos organizar un enterramiento masivo de nuestros antepasados y sellar el túmulo con una gran ceremonia.
- - Pero no me acuses de esconderlo. Tiene cerámicas muy antiguas y por eso me interesaba. Pensé que sería lindo prepararlo para cuando mi tiempo termine y poder descansar junto a los antiguos.
- - ¿pensabas usarlo para ti? ¿Te das cuenta en la posición en la que me pones? Mi familia quiere que te expulse del poblado.
- - ¿expulsar? ¿Por qué? ¿Qué falta he cometido?
- - ¿te parece poco ocultar algo así y reconocer que lo guardabas para ti?
- - Per...
- - No sigas. Voy a ver cómo puedo limitar los daños. Te tengo mucho aprecio desde niño, pero esto supera todas mis posibilidades de protegerte. Ya veremos cómo salimos de ésta.
- Creo que vamos a buscar potenciar la posición de mi familia y sus aliados con el tras lado, al túmulo de los antiguos jefes y así calmamos a mucha gente y después celebraremos un banquete ceremonial con un rito para sellar la tumba. Puede que eso sea suficiente, pues aumentará el prestigio de nuestra gente.
- - ¿ y la solución es apropiaros de algo que no es vuestro?
- - eres una insensata. ¿Qué pretendías hacer tú? Un acto así, sin los apoyos suficientes condenará a la expulsión inmediata a cualquier otra persona. Con razón dicen que tu presencia me enturbia el pensamiento. ¡me metes en cada lío!
Además, ahora nadie se va a apropiar de nada. Organizaré ese espacio como hago con el poblado y la producción.
Voy a vincularte con el hallazgo. Serás más importante que ahora y posiblemente quedarás por encima de los que te quieren mal para evitar futuros ataques.
A Mai se le saltan las lágrimas y Arlo, al verlo, frunce el ceño.
¿Qué te pasa? es una buena oportunidad para ti.
- - Yo quería... - No pudo continuar - A Osi le dije....
- - ¿Osi sabía la existencia del túmulo, a pesar de ser un extraño y a nosotros nos lo ocultas? ¿No estaría tu pareja intentando socavar la autoridad de mi familia utilizando un elemento de tanto prestigio como ese? Puedo salvarte a tí, pero creo que ese hombre está perdido. De hecho, puede ser una herramienta útil.
Mai ya sabe que acaba de meter a su pareja en un problema pues Arlo se va a agarrar a eso para demostrar que tiene la autoridad asegurada. La mujer no sabe qué actitud tomar. Está desolada, frustrada y enfadada a un tiempo. Pero Arlo la sigue mirando con el ceño fruncido. Está pensando en la cerámica acumulada en ese mágico lugar, el ocultamiento deliberado del túmulo, en Osi y Mai disimulando para no dar a conocer el lugar y estalla.
- - Habéis actuado contra mí a mis espaldas. Esto no va a acabar aquí con una regañina. Puedes salvarte o puedes caer con Osi, pero sólo tú serás responsable de lo que ocurra.
Mai baja la cabeza sin decir más y Arlo le hace un gesto para que salga de su cabaña.
…
Arlo ha convocado a las familias que le son más cercanas y partidarias de su jefatura. No sólo a las del poblado, sino a las de los asentamientos vecinos. También convoca a su familia que le anima a buscar una solución adecuada para aprovechar este suceso y fortalecer un liderazgo claro.
Uno a uno, los principales de cada familia van llegando a la cabaña del jefe del poblado. Arlo les recibe como si de príncipes se tratara. Sabe muy bien desenvolverse en estas formas. Sale a su encuentro, les toma las manos y los acompaña hasta su sitio.
Mientras esperan, la mayoría cuchichea sobre el motivo de la reunión. Todos saben lo ocurrido, pero hacen como si las noticias que se transmiten fueran nuevas para ellos. Miran hacia el lugar que le corresponde al anfitrión e intentan ver en su rostro su actitud.
Delante de Arlo está dispuesto, junto a varios vasos de uso cotidiano de cerámica sin decorar se encuentra un hermoso ajuar completo con una muy elaborada decoración incisa y una gran vasija que, por el olor, debe estar lleno de ese brebaje que Arlo y su familia sólo usa cuando tiene un especial interés en recabar apoyos.
Tras los preparativos, Arlo toma en sus manos la pieza principal del ajuar y elevándolo sobre los demás a modo de recibimiento, invitó a los demás a servirse en sus respectivos vasos a servirse de la vasija llena.
- - Os concedo el privilegio de beber del kan de la verdad, la bebida que suelta el alma y nos permite expresarnos sin reservas. Y esto lo hago porque necesito que vuestras palabras vuelen libres, sin ataduras ni ocultaciones de la verdad.
La mayoría se bebió de un largo trago el contenido de sus vasos y tras un gesto afirmativo por parte de Arlo, volvieron a servirse otra vez.
- - Hemos descubierto el lugar de descanso de los antiguos que vivieron en esta tierra antes que nosotros.
Los gestos de sorpresa genuina entre la mitad de los invitados indicaron a Arlo que la noticia ya era conocida, al menos por la otra mitad. Con el ceño fruncido miró hacia su informante que se encogió sobre sí mismo al saberse descubierto. Con un suspiro Arlo continua.
- - He decidido, si estáis de acuerdo, trasladar los restos de los miembros de las principales familias, aquí reunidas, a ese lugar y después sellarlo definitivamente con una ceremonia especial.
Hubo expectación entre los asistentes, ya que los había incluido en la decisión y a sus familiares en el enterramiento previsto. No observaron que había iniciado su frase con un "he decidido" que dejaba a las claras que se haría así, en cualquier caso. O si lo habían percibido, aceptaban esa nueva demostración de fuerza para asentar un poder del cual participaban.
Una voz de entre el grupo surgió.
- - ¿Quien ha encontrado el túmulo?
Arlo ignora la pregunta y explico que su tribu sería guardián de ese lugar en cuyas inmediaciones se celebrarían fiestas recordatorias durante mucho tiempo.
La voz volvió a interrumpirle.
- - ¿Cuándo se ha encontrado el túmulo? y ¿Quién ha sido?
Arlo resopla y vuelve la mirada hacia el individuo que intenta desviar la atención hacia la cuestión del conocimiento de Mai sobre ese lugar e intenta esquivar de nuevo el tema explicando que, en otros lugares ese tipo de enterramientos seguían siendo la forma habitual para descansar antes del gran viaje y que muchos contaban con cerámica decorada de gran calidad. - Es una opor...
- - ¿Por qué ocultas quien hizo el descubrimiento y cuando lo hizo? ¿Por qué no se informó inmediatamente?
Arlo comprende que el problema va más allá del túmulo y de quien lo ha encontrado. Un sector del poblado está buscando la forma de plasmar que su jefe no ejerce la misma autoridad con todas las personas del poblado y que existe una persona, UNA MUJER, que está por encima de él.
Lo intentó por una tercera vez al recordar que el número de miembros de la población y por tanto de familias podría crecer si sedaban las condiciones de producci...
- - ¿Por qué proteges a Mai si ni siquiera es tu pareja ni forma parte de tu familia? - insistió la misma voz interrumpiendo de nuevo.
- - ¡Quizás no eres tú el verdadero líder del poblado! - Dijo uno de los miembros de menor peso de la reunión. Arlo lo miró incrédulo sabiendo que se gestaba una pequeña rebelión y cuando iba a reaccionar un objeto cruzó el espacio de la reunión golpeando contra la cabeza del que había hablado en último lugar, que cayó de espaldas tras un siniestro crujido de huesos.
- - ¿Alguno más pone en cuestión la jefatura del poblado?
El que hablaba era uno de los familiares de Arlo, que se encargaba de dirigir la jornada de caza y los enfrentamientos con otros grupos.
Si bien es cierto que el liderazgo no se ejerce sobre la fuerza bruta, siempre está presente la amenaza explícita de ser ejercida tal y cómo había ocurrido en ese momento.
Conmocionados por la brutalidad del desenlace, Arlo hace disolver la reunión, aunque su familiar se mantiene en su sitio a la espera de que salgan todos para hablar con su jefe.
- - ¿Que has hecho? ¿Era necesaria tanta brutalidad, Ays?
- - Varios del grupo del muerto estaban de acuerdo para ponerte en aprietos y después, tras dejar clara tu falta de liderazgo, promover tu sustitución como jefe de nuestra gente. Su argumento principal son Mai y tu condescendencia hacia ella. Y ese problema ya te lo hemos planteado varias veces desde la familia: tu protección debe acabar ya.
- - No trato a Mai de forma distinta a los demás. Están equivocados. Trato de atraerla hacia nosotros. De que sea una más en nuestro grupo.
- - Ha ocultado a nuestra gente Y A TÍ MISMO, el descubrimiento del túmulo, sin embargo Osi, a pesar de ser un extraño, conoce ese secreto. Quizás esa maza, en lugar de haber golpeado la frente de ese pobre infeliz, debería haber sido lanzada contra esa mujer. Su suerte está echada. Debes sacarla de aquí. Si no quieres usar la fuerza, hemos pensado un medio. Escucha.
Mai se cruzó con los hombres que arrastraban el cuerpo del muertos en la reunión y le sorprendió las miradas de odio que la dirigieron. Cuando intentó acercarse a la cabaña del jefe del poblado, algunos de sus aliados lo impidieron amenanazando con golpearla si no se alejaba de allí.
Aun así, Mai insistió: - Arlo sal, necesito hablar contigo.
Pero nadie contestó. Los hombres de la puerta le dijeron que se quedara en su cabaña hasta que fuera decidido su futuro. Eran las órdenes que había dado Arlo.
Dentro de la cabaña, Arlo escucha a Mai llamarle mientras atiende al plan que le presenta Ays. No puede contestar ni salir a hablar con ella o la vida de su amiga de la infancia puede correr peligro. Quizás la suya propia también.
Ays está diciendo a Arlo en ese momento:
- - Ha venido un mensajero de las tierras que existen entre los dos grandes ríos. Traen una invitación para asistir a la ceremonia que se realizará en el santuario situado en el Oeste del gran río del sur. Quieren que vayan delegaciones de tribus que dispongan de personas muy hábiles en la decoración de las piezas de arcilla. La delegación estará en ese lugar varias lunas.
- - No puedes castigar a Mai desterrándola y a la vez que nos represente. ¿te das cuenta del absurdo que es lo que propones?
- - No vamos a castigar ni a desterrar. Vamos a deshacernos de ella y de ese extraño que se hizo su pareja. Vas a nombrar a Osi nuestro representante ante el santuario y a Mai como la experta en decoración del barro. Él llegó a nuestra tribu tras dejar a su propio pueblo o al menos al pueblo que le acogió. No es nuevo para él. Quizás se queden allí. O quizás mueran en el camino. Da igual. Se irán de aquí.
En el peor de los casos tardarán muchas estaciones en volver y tú tendrás ese tiempo para afianzar tu autoridad, buscar una pareja y tener descendencia.
Como te he dicho, en el mejor de los casos morirán en el camino o se quedarán allí.
Arlo miró a su pariente. Parecía que todo encajaba y se preguntaba cuanto de todo lo ocurrido había sido propiciado por su propia familia para un desenlace así. No parecía casual. Seguramente su propia familia estaba detrás de este montaje.
Pero no tenía elección. Debía sacrificar a Mai. Sacarla de su vida y del poblado. De hecho, parecía la única forma de salvar su vida. Y además su posición era lo más importante. Ya dividió una vez en esa misma idea y no tenía dudas de cual debía ser su decisión.
- - ¡Nos expulsa del poblado!
- - Creo que te hacen más importante y no te han dicho que tienes prohibido volver - responde con calma Osi.
- - ¡Te digo que nos destierran! Nos mandan lejos y quizás buscan que no podamos volver nunca sin necesidad de prohibirlo. Y todo por ambicionar ese lugar abandonado. Por querer ser más de lo que mi familia es.
Osi se acercó y le cogió la cara con las manos - Eres mucho más que un lugar para el gran viaje. Eres hermosa, eres inteligente, eres una maestra con la arcilla y te quiero mucho.
- - Pues no sé porqué. Acabo de condenarnos a vivir fuera de nuestro poblado, lejos de nuestra gente, lejos de nuestros hijos.
- - Mi gente eres tú, nuestro hijo se marchó hacia el final del mundo a buscar algo que ni él mismo sabes que es, nuestra hija estará bien aquí, seguirá aprendiendo a conocer las hierbas y su utilidad, seguirá ayudando a los demás y si cuando termine nuestro viaje no podemos volver, mandaremos de alguna forma noticias de donde estemos establecidos.
Tampoco veo la condena en viajar, a vamos a estar juntos y vas a representar a tu pueblo en una ceremonia importantes.
- - No sé si voy a soportar estar lejos de Iria. ¿Y si Ermá vuelve y no nos encuentra aquí?
- - Si vuelve, Iria le informará donde estamos, pero no es habitual hacer tanto recorrido para venir hasta aquí si no es con intención de quedarse y Ermá dejó claro de no quería vivir en este lugar.
No perderemos nada. Mira a tu alrededor. Lo poco que tenemos cabe en dos pieles de viaje y cuando lleguemos, veremos si hay que reconstruir algo o utilizar lo que nos dejen.
Pero Mai no está tranquila. Sabe que Osi está suavizando la situación, aunque para él viajar no es nuevo. Se abraza a su pareja temblando y cierra los ojos. Su mente ya está en marcha pensando, de forma práctica, lo que necesita.
La población entera, tanto del núcleo principal como de los asentamientos cercanos vinculados al mismo, está presente. La mayoría se encuentra eufórica con el acontecimiento, pues odres de bebida alcohólica y carne puesta a asar esperaba el final de la ceremonia.
Junto a la zona donde se sitúan el jefe del poblado y sus invitados principales, pero a la distancia necesaria para que quede claro que no pertenecen al mismo grupo, Osi y Mai permanecen atentos a los actos que se dan en el túmulo.
Si la gente tiene alguna opinión sobre lo ocurrido, no expresa ninguna emoción. Sólo saben que habrá una gran fiesta y que la pareja parte hacia un destino lejano.
Todos los asistentes tienen un par de cantos rodados en las manos mientras que, cerca de la entrada al sepulcro megalítico, se disponen de grandes montones de placas de pizarra.
Con gran pompa, Arlo y sus iguales entraron en el túmulo, cuya entrada ha sido habilitada para que el gesto sea suntuoso y exprese poder. En un aparte, un pequeño grupo de personas ha sido excluido de esta parte de la ceremonia para hacer un papel igualmente importante: preparar la comida y la bebida del banquete que primero realizarán los principales dentro del túmulo y después será repartida entre el resto de asistentes.
Mucho tiempo permanecen los miembros de las tribus acampados en el exterior del túmulo. El olor a comida sobrevuela el ambiente y hay cierta prisa por disfrutar de ella, pero nadie se atreve a hacer un movimiento.
De repente, al sonido de troncos ahuecados para esa función, anunciaron la salida del séquito principal del interior del sepulcro. A continuación, de forma organizada Arlo y los demás cogen, según salen, una lasca de pizarra y se sitúan junto a la entrada del corredor de acceso.
A una señal del anfitrión, todos los asistentes se ponen en pie con los cantos rodados preparados en sus manos. Un hombre muy alto y con una gran musculatura, se acerca a la entrada del túmulo con un hacha pulimentada y con aparente poco esfuerzo, la levanta dejándola caer sobre el poste de sujeción de la estructura.
No hizo falta más que derribar ese poste y la falta de equilibrio de la estructura provocó el colapso y la techumbre se vino abajo.
Uno a uno, cada asistente cruza el espacio hacia el túmulo pasando por el pasillo creado por los dignatarios y depositando sus piezas sobre los restos formando una pequeña elevación pétrea que, sin embargo, ha dejado una especie de cámara sin cubrir.
Mai y Osi avanzan hacia ese lugar con un ajuar completo de cerámica decorada. Con delicadeza, la mujer fue depositando las piezas que forman parte de la ofrenda. Es el mismo vaso que Mai había hecho para Osi y que se negaba a entregar a Arlo. Pero tras lo acontecido, sus fuerzas de resistencia se habían quebrado y además de entregar el vaso, había elaborado una cazuela y un cuenco para completar el ajuar habitual en este tipo de ceremonias.
Después, Arlo y sus acompañantes depositaron sus placas de pizarra, tapando las piezas cerámicas y dando por clausurado el túmulo.
Finalizado el acto más solemne, la gente fue recogiendo su parte del festín y buscando un lugar donde disfrutar comenzaron las risas y los cantos, dejando libres las ganas de fiesta.
LIBRO 2 – EL VIAJE
Al salir del poblado, Osi atravesó la vega hacia el pequeño Ara, marchando sobre pastos poco frondosos. A lo lejos, las rugosas cumbres de las montañas que separaban la ancha llanura entre los dos ríos apenas se esbozaban entre la bruma de la mañana.

Cada cierto tiempo pasaban junto a los restos de pequeñas cabañas temporales para los trabajos del campo o el cuidado del ganado. Según avanzaban en el camino el terreno iba quedando más silencioso por la ausencia de personas, animales e incluso el aire parecía haberse tranquilizado para despedirlos con un leve soplo.
Tres horas más tarde, sin dejar nunca de caminar por el borde de la paramera, llegamos a una pequeña población donde pararon a tomar algún alimento. El rugido del gran Ara pasando por grandes rocas colocadas a modo de vado era estremecedor. Con cuidado Osi se hizo con los bultos de Mai y los cruzó al otro lado. Después volvió a buscarla y juntos pasaron de roca en roca hacia el sur. Mai se paró en medio de la corriente para observar el rio con cierta sensación de vértigo.
El agua chocaba con estrépito contra las rocas y los cortados del cauce que parecían pequeñas murallas de piedra modeladas por la fuerza de la corriente. Al terminar de cruzar, la temperatura había descendido y estaban mojados, así que hicieron alto y encendieron lumbre para pasar la noche y comer algo. Por la mañana, saldrían temprano hacia el este siguiendo, durante unos días el cauce del Ara.
Con un poco de heno, Osi hizo una cama y de la hoguera comenzó a salir un penetrante olor a pescado asado.
….
Al dejar atrás el gran río, el terreno comenzó a cambiar de aspecto, haciéndose más abrupto y menos favorable para la marcha. Había que tener cuidado de no torcerse el tobillo para evitar lesiones.
Cada cierto tiempo se presentaban pequeños arroyuelos que era preciso cruzar intentando no mojarse demasiado. Tras varios días de camino, después de haber vadeado dos ríos un poco más importantes donde abundaba las truchas, Mai y Osi se vieron obligados a hacer un alto y entre ambos construyeron un pequeño refugio con las maderas del arbolado de ribera que encontraron. Como la primera noche, el jugoso pescado les supo de maravilla y viendo las estrellas a través del improvisado techo, se durmieron felices.
Las jornadas siguientes no cambiaron mucho. Cada vez las altas montañas se veían más cercanas y el terreno se hacía más duro, pero todavía usaban pasos recorridos por otras gentes que comerciaban entre distintas tribus y la comida no faltaba nunca. Cuando pasaban un río, la cena consistía en pescado, cuando se cruzaba algún pequeño conejo, la comida consistía en carne. Y siempre que era posible, aderezado, todo ello, con las hierbas que Mai iba encontrando y seleccionando.
El suelo comenzaba a presentar las características típicas de la premontaña. Grandes bloques de piedra salían de la tierra como si de raíces se trataran. Mai y Osi comenzaron a contornear la montaña buscando la zona más fácil para comenzar a subir. En la entrada de un pequeño collado, encontraron una bulliciosa población que parecía tener más personas que espacio para albergarlas. Por ello, toda la zona de alrededor estaba cubiertas de todo tipo de cabañas, tiendas y techumbres.
Maui es un lugar compuesto por una treintena larga de chozas de madera cuyos fondos de cabaña y los pilares que sustentan los tejados, están excavados en la roca. Se extiende en el fondo de una garganta que da paso al camino de subida hacia la cima de la montaña. Una de las viviendas, ligeramente más grande que el resto, es la cabaña de la jefa del poblado. Se mostró feliz de recibir nuevos visitantes, como si fuera capaz de distinguir a los que estaban afuera, en la explanada anterior a la población que llevaban allí muchas lunas de los nuevos que se acercaban ala población. Pero después de tantos días caminando solos, resultó agradable encontrar gente con la que intercambiar noticias y buscar ayuda para continuar camino.
Ayus, que así se llamaba la jefa del poblado, comenzó a explicar a los recién llegados que Maui estaba libre de la plaga. Mai y Osi se miraron. No sabían de qué estaba hablando y preguntaron por esa enfermedad.
Los miraron asombrados de que ignoraran que mucha gente, en poblados situados en todas las direcciones comenzaban a enfermar al toser y que poco a poco tenían serias dificultades para respirar. Muchos morían ahogados mientras de su garganta salían sonidos como de agua hirviendo.
Ayus insistía en que en su poblado eso no ocurría porque habían tomado decisiones importantes. Cualquier persona que tuviera un acceso de tos, por leve que pareciera, era llevado a un poblado cercano donde estaría atendido hasta su recuperación. Mientras, y para alegrar la vida de los habitantes del poblado y de la gente viajera que llegaba hasta allí, todas las noches se hacían comidas ceremoniales y se consumían bebidas que, en otros sitios estaban reservadas para las élites.
Mai miró a su alrededor y observó que mucha gente tenía claros signos de estar embriagada y mucho más estaban acurrucados allí donde sus cuerpos habían quedado inconscientes. Ayus quitó importancia a ese hecho y decía que en su poblado todo el mundo podía vivir como si fuera el jefe y que ella había querido ceder su posición a cualquiera otra persona que quisiera disputarle el mando. Pero la población estaba encantada con su jefatura y siempre la proclamaban en su puesto.
Preguntaron por los síntomas de la enfermedad y su cura pero era un tema que, claramente no les gustaba de hablar y desviaban una y otra vez la conversación hacia la diversión, la comida y el consumo de alcohol.
Osi cogió de la mano a su compañera y juntos salieron de la cabaña después de agradecer la acogida a Ayus y a los pobladores de Maui. Decidieron buscar un rincón algo más apartado para montar una pequeña cabaña y al final se decidieron por una construcción abandonada que tuvieron que reparar de forma sencilla y les permitiría descansar y buscar información sobre esa misteriosa enfermedad.
¿Tu crees que nuestro poblado también estará afectado?, pregunto Mai
No lo sé. Cuando salimos vi que mirabas hacia Iria que atendía a un hombre con un fuerte ataque de tos, pero no es tan raro que haya fuertes golpes de frío y la tos es una de las consecuencias de estar enfermo.
Me gustaría saber más de esto. Mañana buscaremos el lugar donde cuidan de los enfermos y preguntamos.
No se si podremos hacerlo. ¿te has dado cuenta de que no quieren hablar de ello? Parece que se esfuerzan mucho en que no afecte a su mundo. Si hubiera una enfermedad como la que dicen, no vendrían caravanas y no podrían seguir viviendo como lo hacen. Hay que reconocer que la gente que hemos visto parece feliz y próspera. No es un lugar donde me gustaría vivir, con tanta gente y sin que parezca que haya limitaciones, pero creo que eso no les importa.
Mañana decidimos.
A la mañana siguiente, preguntaron por el lugar donde se encontraban las personas afectadas por la enfermedad y nadie sabía decirles donde estaba ese sitio. Todos habían oído hablar de un lugar donde se recogían las personas enfermas, pero nadie había visto u oído donde se encontraba.
Osi comenzó a pensar que no existía ese lugar ni esa enfermedad, pues en todo el día no vieron a nadie con tos o síntomas de estar enfermos y que era una leyenda para que los visitantes estuvieran siempre controlados en el poblado sin aventurarse a buscar, por ejemplo, donde se hacía tanta bebida como se consumía allí. Pero Mai sentía que no era normal que la gente enferma desapareciera y que nadie que se hubiera curado, volviera a la población. Sentía escalofríos de un pensamiento oscuro que comenzaba a dominar su mente.
¿Y si los matan? ¿Y si en lugar de curarles se libra de ellos?
¿Por qué iban a hacer algo tan monstruoso? Sólo llevamos aquí unas pocas horas y hay mucha gente. Vamos a la cabaña y esta tarde buscamos a alguien que se haya curado y vuelva a visir en el poblado.
Pero antes de llegar hasta su provisional morada, Ayus con cuatro hombres armados les salió al encuentro.
Me dicen que estáis buscando la zona donde está la gente enferma. ¿Qué interés tenéis en buscar algo así? ¿No preferís vivir a gusto entre personas sanas y alegres?
No pretendemos molestar. Es que nos enteramos ayer de esta enfermedad y no sabemos si nuestro poblado se verá afectado también por ella. Nuestra hija se quedó allí y aunque es una sanadora muy buena, puede necesitar ayuda.
Salvo en Maui, la enfermedad está afectando a todos los poblados. En algunos casos llega hasta el final del rio en el gran mar del oeste. Aquí los tenemos en un lugar oculto para evitar que otros vayan a verlos y la enfermedad supere los límites donde se encuentran. Si no actuamos así, todos podríamos estar enfermos.
Y la gente que se ha curado, ¿Dónde están?
Esta es una población de paso. Cuando la gente se pone en condiciones de seguir continúan su camino.
Ayus se volvió hacia el centro de la población, pero antes de continuar su camino se giró hacia ellos y les dijo:
Como no parece que os guste nuestra forma de vivir, deberíais continuar vuestro viaje cuanto antes. Será lo mejor para todos.
Así lo haremos. De todas formas, te estamos muy agradecidos por la hospitalidad mostrada.
Esa noche la pasaron en vela. Parecía que Ayus les había amenazado si seguían preguntado o buscando el lugar donde estaban los enfermos. Debatieron si estaban en condiciones de seguir y llegaron a la conclusión de que mejor alejarse de ese lugar, pues todavía no llevaban ni un tercio del viaje.
Comentaron todos los aspectos del viaje, de lo conocido de la enfermedad y de que, cuando cumplieran su cometido en el santuario, volverían a casa y verían cómo estaba la situación real.
Al día siguiente comenzaron los preparativos para la marcha. Irían escoltados por tres hombres de Maui que, una vez llegados a lo alto del paso de la montaña, deberían desandar el camino y dejarlos a dos solo continuar el suyo. No estaba muy claro si era para enseñarles el camino hasta el paso o para evitar que siguieran buscan el lugar de concentración de enfermos.
Nos pusimos en marcha con la ayuda de dos bastones y cargados con un odre lleno de agua suficiente para ocho días además de nuestras calabazas. Nuestro acompañantes llevaban además, otro odre con cerveza fermentada y esa bebida alcohólica que tanto gustaba en Maui.
Al amanecer, mientras dejábamos atrás la población, se dieron cuenta de que sus guardianes o lo que fueran, ya había bebido una buena dosis de alcohol y sus movimientos eran inseguros. Osi, frunció el ceño y colocó más a mano su puñal de cobre y ante el asombro de Mai, también una espada de cobre que había intercambiado por una pieza de arcilla muy bien elaborada de las que estaban dispuestas para agasajar a los jefes de poblado donde fuera necesario.
Los tres individuos gritaban mucho al hablar y se reían constantemente de cosas que hablaban, pero cuyo significado están lejos de entender la pareja de viajeros. Osi comentó con Mai que en cuanto pudieran, les darían esquinazo y seguirían solos. Que no se fiaba de ellos y que tan bebidos estaban que, mas que una ayuda, serían una rémora salvo que su misión fuera que el viaje de Mai y Osi terminara rápidamente y de forma abrupta.
Pararon para comer algo rápido y los tres sujetos vaciaron el odre de cerveza casi sin respirar. Les lanzaban miradas estremecedoras y ambos pensaron que iban a ser atacados en ese momento. Estaban tan borrachos que ni siquiera esperaron a la noche. Querrían volver cuanto antes a Maui.
Mai cogió una de las piedras cercanas a la lumbre y Osi desenvainó la espada y el cuchillo. Nunca había atacado a otro ser humano, pero era un buen cazador y creía que podría contenerlos si al final sus temores se cumplían
Pero no hizo falta. Seguramente, mientras discutían el plan de ataque, hubo algún tipo de desacuerdo y comenzaron a golpearse entre ellos. Al recibir el que parecía el jefe un golpe en la cabeza, se desplomó y su compinche salió corriendo huyendo hacia la población.
Mai y Osi no esperaron a otra oportunidad. Recogiendo rápidamente los bártulos de viaje, se pusieron en marcha. Lo hicieron En una dirección distinta a la que llevaban cuando iban escoltado, pare despistarles.
Cuando el sol comenzaba a desaparecer en el horizonte, un horrible olor llegó hasta ellos acompañados de sonidos que parecían de animales ya que sonaban más a gruñidos y aullidos que a palabras humanas. Con cuidado se acercaron hacia una empalizada custodiada por gente armada. Como estaban en una posición más alta que la valla, podían ver el interior. Grupos de personas andrajosas, sucias y con claras muestras de estar abandonadas a su suerte, se arrastraban hacia los guardias implorando que les dejaran salir o les mataran allí mismo.
Mai estaba horrorizada. Ese era el lugar que tanto habían buscado y ahora comprendía por qué lo ocultaban. No trataban a los enfermos, los abandonaban hasta su muerte. Por instinto intentó avanzar hacia la empalizada, pero Osi la agarró y le recordó que acababan de evitar la muerte a manos de un grupo pequeño de eso individuos que custodiaban ese maldito lugar y que allí había muchos más que los matarían sin problemas si los descubrían.
La muchacha no podía ni pensar en irse y dejar a todas aquellas personas allí y Osi tubo que asegurarle que pensaría en algo para ayudarles.
Se retiraron hacia un pequeño bosque donde pasarían desapercibidos y tomaron, sin mucho hambre, algún alimento frío.
Después de un rato, Osi le pidió a su pareja que escuchara su plan. No podían atacar y tener alguna esperanza de salir vivos de un enfrentamiento directo, pero podían provocar tal desconcierto en los guardias que los internos pudieran escapar y, si así lo querían, volver a la población. Para ello, provocaría un incendio en la cabaña de los guardias y en la parte de empalizada más cercana a la misma. Cuando los habitantes de Maui vieran lo que habían hecho con los enfermos, podrían intervenir contra Ayus y sus cómplices.
Con un asentimiento de cabeza, Mai aceptó el plan y mientras ella preparaba las cosas para continuar la marcha en cuanto Osi hubiera intervenido.
Cuando ya había oscurecido, una densa humareda se apoderó de la zona y el olor a quemado llegó hasta el bosquecillo. También se escuchaban los gritos de las personas encerradas que aprovechando la destrucción de parte del muro, se abalanzaban contra los guardias que intentaban detenerles. Poco a poco el ruido de lucha fue decreciendo y el rumor de personas gritando de alejaba hacia la población que Mai y Osi habían abandonado esta misma mañana.
Osi apareció entre la humareda y cogiendo sus bultos de viaje se encaminó, seguido de Mai hay los límites del bosquecillo, buscando una vía de escape. Al ser oscuro, avanzaban lentamente mirando bien donde ponían los pies. A veces dejaban de verse cuando alguno de los dos desaparecía detrás de los grandes peñascos que aquí o allí se encontraban, para recuperar la tranquilidad de verse cuando ambos estaban en el mismo lago de la roca. A veces, si Mai se retrasaba más de la cuenta, Osi paraba y lanzaba un agudo silbido para orientar a la muchacha.
Ya estaba muy avanzada la noche y cuando había recorrido una distancia prudencial del cercado, buscaron un lugar donde acampar y abrazados, pensando cada uno es lo acontecido, se durmieron.
Al amanecer del Séptimo Día Mai comenzó a tener fuerte ataques de tos. Aunque siempre iba preparada, revisó su bolsa de hierbas y aumento la reserva de las destinadas a combatir la enfermedad producida por el frío en el pecho.
Se esforzó en enseñar a Osi cuáles de las infusiones necesitaría si ella se ponía peor.
No cargó con tomillo por su facilidad de recoger, pero si se impuso la rutina de moler regaliz.
El polvo de regaliz funciona tanto en solitario como añadido a otras plantas y sirve para bajar la inflamación de la garganta y facilitar la eliminación de la tos. Añadir el polvo de regaliz o tintura a combinaciones de otras hierbas indicadas para la tos, el catarro y los problemas respiratorios es básico para estas tierras.
También preparó un fuerte jarabe a base de ajo que combate fuertemente las afecciones de la garganta y el pecho.
Dos días después avisó a Osi de que no podría seguir el camino y que hiciera una choza lo más protegida posible.
Todavía estaba sin techumbre cuando Mai se desplomó tras un bestial ataque de tos que le provocó incluso que sangrara
Osi la cogió en brazos y la llevó al interior, cubriéndola de pieles para intentar calmar la tritura que la envolvía.
Terminó como pudo el techado y comenzó el proceso de darle los jarabes preparados.
Varios días después, Mai se despertó. No podía ver por tener la cara cubierta por una piel impregnada en tomillo. Tampoco podía moverse, aunque consiguió llevar su mano hasta la cara y descubrirse.
Prácticamente encima de ella se encontraba Osi, que la cubría del frío de la cabaña. Estaba desmayado y de su pecho salía un silbido
Había colocado a cada lado de Mai un trozo de madera para hacer una cámara donde pudiera estar resguardada sin sufrir su peso.
Después, cuando la enfermedad le alcanzó, la había estado protegiendo hasta que se desvaneció.
Con cuidado. MAI se va escurriendo fuera del espacio y cuando consigue salir tiró de Osi para colocarle en el lecho que ella misma había abandonado.
Se puso a rebuscar algún resto de los preparados para descubrir que Osi los había utilizado todos en ella.
Todavía con dificultad, salió al exterior y y buscó los ingredientes para preparar una infusión de emergencia
Tardaron varios días en recuperarse.
….
Después de cruzar el paso, casi toda la jornada la pasaron en una llanura empedrada que dificultaba terriblemente la caminara. Además, el camino subía y bajaba de tal forma que los exigía un verdadero esfuerzo y se avanzaba muy poco.
Mai seguía a buen ritmo, pero parecía que a Osi la enfermedad le había dejado con pocas fuerzas. De hecho, la mujer había exigido que bajarán el ritmo hasta estar plenamente establecidos. Por ese motivo, en ocasiones sólo caminaban medio día y si encontraban un lugar cómodo para acampar paraban a descansar.
Después de seis días de marcha, llegó la lluvia con tanta intensidad que se plantearon detenerse hasta que pasara. Pero no sabían cuánto duraría en esa zona la estación húmeda y siguieron camino, aunque bajaron más el ritmo para no hacerse daño con la enorme cantidad de piedras sueltas. Pisar en algunos sitios era traicionero y un mal paso podía ser fatal.
Las continuadas torceduras les había provocado la hinchazón de los tobillos. Mai preparaba todas las noches una cataplasma que ponían en sus articulaciones. También preparaba una fuerte infusión que les reanimaba y les permitía descansar a pesar del cansancio
Nunca se habían sentido tan fatigados y para colmo Osi que se desesperaba de la limitación de sus fuerzas gruñir y se enfurruñaba casi todo el tiempo. Con cada paso sus rodillas también sufrían y hacían que el paso siguiente necesitará de mayor esfuerzo, para compensar.
Las correas de sus bultos se clavaban en sus hombros y la humedad los dejaba entumecidos. Su campo de visión eran los pocos metros de delante de ellos por estar alerta de donde pisaban.
Por eso casi no se dieron cuenta de que el paisaje cambiaba hasta casi llegar al borde de un precipicio que dejaba una pared muy vertical con algunos senderos realizados por animales. El cansancio jugó a favor de ellos. De haber estado más frescos quizás habrían intentado baja más rápido.
Tardaron casi toda la tarde en llegar, pero sin nada más grave que algunas raspaduras en las manos. Después siguieron un pequeño sendero que los sacó a una amplia zona verde y llana que agradecieron. Cuando cubrieron esa distancia, antes de volver a subir otra colina rocosa, ante sus ojos vieron la cascada.
Osi miraba hacia Mai. En teoría estaba vigilando para evitar que cualquiera los sorprendiera, pero la verdad es que los caminos quedaban lejos y no habían visto a nadie en los últimos dos días. Era muy difícil vigilar la nada en lugar de quedarse pasmado contemplando a su pareja.
Mai había fabricado algo de jabón y se estaba bañando en una diminuta laguna situada a media altura de una colina, formada por agua del deshielo y retenida por las arcillas que taponado los huecos entre las rocas.
Después de dos días de descanso, comer bien y disfrutar de un lugar para bañarse, acometieron lo que parecía el descenso hacia un amplio valle. Desde la altura donde se hallaban se podía observar una ancha franja brillante que sería el gran río al que debían acercarse. Aquí y allí se veían pequeñas aldeas o quizás cabañas para destacamentos como los que hacían su propio pueblo.
En cualquier caso, serían personas con las que hablar, intercambiar noticias y conseguir alimentos que no sea pescado y liebre. Con el ánimo renovado, comenzaron el tramo final de su camino.
Las costumbres para recibir visitantes en esta tierra no eran muy diferentes a las suyas propias.
Enseguida se organizó un banquete ceremonial con intercambio de presentes y despliegue de piezas cerámicas y adornos exóticos conseguidos en las rutas de intercambio.
Pero como ya le había contado Osi, la diferencia radicaba en que no parecía que hubiera un líder o una familia principal.
A cada actividad o a cada problema que se enfrentaba la comunidad, se nombraba un jefe para solucionarlo.
Así, las responsabilidades se repartían y los benéfico eran más justos para todos.
Mai y Osi decidieron entregar a sus anfitriones una de las piezas que llevaban para estos casos. La mujer eligió un vaso decorado en bandas de un color negro brillante muy bien ejecutado. A su vez, los responsables del poblado les entregaron un vaso muy bien elaborado pero liso. Osi se sorprendió de que, supuestamente, eligieran una pieza de menor valía, pero tras mirar el rostro de asombro de Mai, comprendió que esa pieza de apariencia sencilla debía tener algo especial pues la muchacha era una consumada experta y no se dejaba impresionar fácilmente.
En efecto, cuando Mai puso el vaso en manos de Osi, éste notó que casi no pesaba. ¡y eso que era mucho más voluminoso que cualquiera de los que él había visto nunca. Las paredes de la pieza eran muy finas, casi del grosor de una hoja de árbol, su bruñido perfecto y la simetría absoluta.
La ausencia de la habitualmente recargada decoración impresionaba más si cabe, por lo sobriedad del resultado.
Después comenzó el banquete en sí mismo, pero ambos deseaban poder conocer a la persona que había hecho un trabajo tan maravilloso. Tardaron dos días en decidirse a seguir camino. Su destino estaba a poco más de una luna y según les decían, el camino sería cómodo si seguían el curso del gran río.
Encontrarían una pequeña elevación justo antes de llegar y desde allí podrían conocer su destino. Una joven les acompañaría hasta el santuario.
Eatr, como se llamaba la muchacha, era hija de la responsable de las piezas cerámicas en el poblado. Su marcha, cada año había una elegida, consistía en pasar un tiempo de aprendizaje en el santuario, donde conocería las técnicas decorativas de la arcilla y los métodos de cocción de las maestras de otros pueblos que, de esta forma, intercambiaban conocimientos y métodos de trabajo.
El ritmo del camino se hizo más llevadero pues, Mai y Eatr no paraban de charlar y Osi, que iba un poco por delante, no paraba de mirar hacia ellas para evitar que perdieran el contacto visual.
Desde la primera noche de acampada, se mantenían despiertas. Eatr preguntando y Mai, con mucha paciencia, respondiendo a aquello para lo que tenía argumentos. Pero la muchacha tenía inquietudes que iban mucho más allá de lo que Mai podía ayudar y se preguntaba de dónde sacaría la pequeña esas cuestiones.
Cuando llegaban a un poblado, repetían el protocolo de saludar a los responsables del mismo, intercambiar noticias y si pasaban noche en alguno de ellos, hacer algún pequeño presente.
Otras veces, si el tiempo dificultaba la marcha, se integraban en los equipos de trabajo como uno más y contribuyan en el mantenimiento del poblado.
Algunas veces Osi, con mucho cuidado para no ofender a sus anfitriones, dejaba caer un comentario sobre cómo, en otros lugares, un problema se había solucionado de una manera diferente.
La mayoría de las veces, agradecían la información y probaban esa nueva forma, pero también hubo quien ponía mala cara ante la posibilidad de que se tratará de cambiar lo que siempre se había hecho así.
Por fin, una tarde muy despejada, llegaron a las alturas que dominaban un amplio valle que se extendía en dirección nordeste. Estaba limitado en su lado oriental por una serie de elevaciones del terreno que la erosión había recortado dando lugar a cerros de distintas dimensiones y morfología.
En varios de ellos se notaba la presencia humana, principalmente por la visión del humo de los hogares, pero en un cerro situado en el centro del valle, además se distinguían, a pesar de la distancia, varias edificaciones que habían sido excavadas en la roca y otras con aportación de piedras a la estructura.
A pesar de las pequeñas dimensiones de la elevación, la extensión de las infraestructuras era muy grande, dado que ocupaban la superficie de la cima y de sus laderas, especialmente en la cara norte, así como en la vaguada que lo separa de otra elevación más pequeña.
Impresionados, comenzaron a bajar hacia donde se encontraban las construcciones de piedra.
Para Eatr era conocido de sobra, por la cercanía a su poblado, aunque sus cabañas eran muy similares a las construidas en el lugar de procedencia de Mai y Osi, pero para éstos, ver esas construcciones tan grandes, excavadas en la roca y completadas con grandes piedras fijadas con una argamasa de yeso y tierra era algo muy nuevo.
Osi sabía que eso significaba mucho tiempo de trabajo comunal, quitado del que se dedicaba a la producción y para conseguir eso, el jefe del poblado debía tener mucho poder y muchos apoyos en la comunidad.
La entrada al recinto consistía en un muro semicircular construido con mampostería de piedras de mediano tamaño y algunas molederas, ya inservibles, reutilizadas como cantos. Todo ello trabado con una mezcla de margas y yeso y apoyado en la roca natural.
Ante su asombro, vieron que las paredes tenían una gran altura y estaban cubiertas por una capa de un espesor medio que Osi calculó de tres dedos de la misma argamasa que trababa las piedras y que servía para rellenar y llanear la piedra natural.
En esta entrada se encontraba un grupo de personas que les esperaban para darles la bienvenida y acogerles.
En el centro del grupo, una mujer con el pelo de color azul, se presentó como Oray y cogiendo las manos de cada uno de ellos, expresó su satisfacción por que su viaje hubiera llegado a buen término.
Mai les sonrió con su rostro resplandeciente de gratitud e hizo las presentaciones.
- - Este es Osi, mi compañero. Es un hombre muy preparado para el trabajo en el poblado y en la construcción y restauración de herramientas.
Oray y el resto del grupo inclinaron la cabeza a modo de saludo y Osi hizo otro tanto. Oray señaló a uno de los hombres del grupo y lo presentó
- - Este es Anol, nuestro maestro constructor. Estará encantado de mostrarte los lugares donde estamos realizando trabajos de contrucción, ya que hemos observado como mirabas los edicios y cabañas a tu paso.
- - Y yo soy Mai. En mi pueblo me dedico a hacer las piezas cerámicas. Aunque siempre he pensado que era muy hábil, algunas de las vasijas que hemos visto en nuestro camino me han dejado asombrada por lo que me presento con ka intención de aprender y disfrutar haciéndolo.
Oray volvió a sonreír y señalando a un hombre del grupo le presentó como Uis, el maestro de la arcilla, el fuego y el agua.
Uis inclinó la cabeza y May observó con atención al hombre. Sus manos grandes y sin embargo delicadas, aunque se veían las huellas del trabajo con el barro.
Era muy alto, más que Osi, y delgado. Parecía un poco turbado por tener asignada una mujer, pero Mai había visto que había muchas trabajando la arcilla. Lo achacó a la sorpresa y 3speraba que la relación fuera lo más amena posible.
Oray que parecía tener la sonrisa siempre dispuesta, indicó que todo lo hablado quedaba aplazado a después de que descansaran y estuvieran alojados.
Otro hombre del grupo pidió a Mai y Osi que lo acompañara y los guió por el santuario hacia su alojamiento. Mientras, Lance se hacía cargo de Eatr y la conducía al recinto de aprendices. La muchacha volvió la cabeza hacia Mai y se despidió con la mano, mientras se alejaba.
Cuando llegaron a su cabaña, la pareja observó la construcción de la misma. Comprobaron que se trataba de un recinto circular, con filas de piedra tallada como cimentación sobre la que se habían dispuesto filas de bloques de adobes fijados con la argamasa de yeso y tierra que parecía ser habitual en todas las construcciones.
Con árboles jóvenes, se había dispuesto la estructura del tejado y con escobillas de esparadaña, cosidas a la estructura, se había hecho el techo.
- - En algunas cabañas han colocado barro encima del tejado para impermeabilizarlo, pero teniendo en cuenta las pocas lluvias de la estación yo disfrutaría del frescor que permiten los juncos - comentó su guía al llegar a la puerta de su nuevo hogar.
- - Gracias. Así lo haremos - contestó Osi, mientras Mai daba una vuelta por el exterior.
En los días siguientes, se fueron adaptando a la rutina del lugar. Casi todos los trabajos se realizaban en el llano situado al sur del cerro.
Grupos de trabajo de sílex, pequeños hornos para fundir el cobre y sobre todo, grupos trabajando la arcilla. Utilizaban, cuando el tiempo era muy frío o hacía mucho calor, las cabañas esparcidas por la zona. Pero cuando el tiempo era benigno, la mayoría trabajaba sentados en el suelo a la intemperie.
Los grupos que trabajaban la arcilla eran muy variados. Los había que trabajaban en hacer cuencos ya fueran pequeños, medianos o grandes; pero también podían cambiar en virtud de la forma, de casquete esférico o hemisférico; o de paredes casi rectas y fondos planos.
Los que se encargaban de los cuencos de elaboración más fina realizaban decoraciones muy complejas, por lo general incisas e impresas y esos cuencos solían tener umbo.
Pero casi todos los integrantes intercambiaban su puesto de un grupo a otro cuando adquirían cierta soltura. Así, no era raro que alguien trabajará en un pequeño cuenco muy decorado y pasara a un grupo que realizará ollas de gran tamaño de tendencia glóbulos, con cuello marcado y rectos los bordes o ligeramente exvasados.
Incluso en las piezas lisas, muchas personas dejaban, en el borde, impresiones con los dedos, las uñas o con un pequeño palo.
Uis, iba de un grupo a otro corrigiendo, explicando o, en algunos casos, rehaciendo la pieza. Pero la mayoría se esforzaba por hacer la vasija ellos mismos.
Los primeros días Mai noto la presencia, casi constante del hombre, pero enseguida la dejó ir a su aire, incorporando técnicas y decoraciones nuevas a su ya amplio repertorio.
Sólo en una ocasión, casi al principio, le indicó que la vasija era muy gruesa y que debía trabajarla más. A partir de ese momento, la muchacha se esforzaba de hacer unas paredes más finas de lo que nunca hubiera imaginado. En esos momentos, cuando el Uis pasaba por su lado, no podía evitar una ligera sonrisa.
Casi todas las piezas se bruñían tanto en el interior como en el exterior. Las pocas veces que se realizaban vasos carenados, con muy complejas decoraciones, el tratamiento de la arcilla era mucho más cuidadoso, incluyendo el espatulado en el mismo.
Una de las personas más hábiles que trabajaba en los grupos era una joven, casi niña que, a pesar de sus manitas, era capaz de elaborar preciosas decoraciones complejas a veces con incisiones anchas y profundas o bien muy finas combinando las distintas técnicas con impresiones de punta de punzón que casi siempre rellenaba de pasta blanca para resaltar los motivos decorativos.
Como todos los demás, sus motivos son geométricos, así como lo son las composiciones que con ellos se consiguen. Líneas paralelas horizontales verticales, entramados, zigzag simples o dobles, triángulos rellenos de líneas o puntos o todo tipo de reticulados. A Mai lo que más le sorprende es, sin embargo, que la decoración se extienda tanto al exterior como al interior de los cuencos y en toda la superficie no solamente en el borde.
Nunca antes vio que se realizara así, ni siquiera durante el viaje. Oray le contó que siempre se había hecho así que, aunque las personas pueden elegir aquellos motivos que quieren para embellecer las piezas, la mayoría intentaba emular a los antiguos y seguía la tradición.
Las piezas tan delgadas, con decoraciones muy complejas y tanto en el exterior como en el interior eran las más bellas que se conocían. No se usaban en comidas ceremoniales porque esas no se daban en el santuario, sino que se depositaban en el cerro y allí se quedaban como ofrendas.
Con un suspiro de satisfacción, Mai se sentó cerca de la niña y con una sonrisa, comenzó a trabajar el barro.
…
No era un muro normal. O al menos no lo era para defenderse de nada.
Cuando Osi y Mai llegaron al santuario y cruzaron las puertas, al hombre le maravilló la cantidad de trabajo comunal que había hecho falta para levantar todas esos muros, paredes y pequeños refugios que se encontraban por todos lados en el cerro.
Pero pronto aprendió que caso todo allí era comunal, que se hacía entre todos y era para todos.
Por supuesto la gente tenía bienes, herramientas o darnos personales. Pero lo bello es que nadie que lo deseara carecía de ello.
Por tanto, en lugar de ganar prestigio con piezas especiales de cerámica, por adornos de oro o por acumular herramientas o el producto del campo, parecía que competían en ser cada vez más humildes, en tener menos o en compartir más.
Eso no le incomodaba. Más bien al contrario. Le hacía sentirse útil y así podía destinar sus menguantes fuerzas al trabajo del santuario.
La pared de piedra, la fabricación de la argamasa o el transporte del material le costaba un gran esfuerzo. La enfermedad le quitó algo que Mai, con todo su saber, cariño y los alimentos que preparaba, no podía compensar.
El reparto de trabajo permitía muchos descansos y recuperarse del esfuerzo. El mayor trabajo, pero también el más interesante es la selección de las rocas para el recrecimiento del cerro.
Todo el valle estaba salpicado de pequeñas elevaciones que aportaban mucha piedra de distintos tamaños. Pero esa zona había estado habitada desde muy antiguo y era muy habitual encontrar restos de piedra grabados por personas que vivieron y murieron al principio de los tiempos.
Los habitantes del santuario respetaban esos restos casi como reliquias y se cuidaban de no cambiarlos de sitio ni destruirlos.
A Osi le parecía una muestra de respeto tan grande que se emocionaba cada vez que encontraba una piedra marcada o un trozo de cerámica antigua.
Había llevado a Mai a un lugar donde los materiales eran especialmente abundantes y la muchacha había elaborado algunas piezas basadas en los dibujos de las piedras.
Con el material recogido y la argamasa que se fabricaba se ampliaba el Espacio que ocupaba el cerro. ¡y es que una buena parte del espacio ocupado era artificial! Todavía seguía sin comprender la ampliación de un espacio apenas utilizado más que como punto de reunión por las noches y depositario de piezas cerámicas.
No se construían cabañas ni más espacios habitacionales que unos sencillos trípodes cubiertos de pieles para los que se quedaban hasta tarde en el cerro. La mayoría, se hacía pequeñas cabañas en las laderas, especialmente en la del sur, pero lo hacían con la idea de no dejar rastros de huecos de postes, de hogares e intentando no hacer grandes modificaciones del espacio.
Nadie sabía decir cuando se tomaron esas decisiones, pero todos las aceptaban sin problemas.
Cuando levantó la cabeza Oray estaba junto a él. No la había oído llegar. Tuvo un ligero estremecimiento como siempre le pasaba cuando la observaba o hablaba con ella.
No sabía por qué.
- - Muchos caminos has cubierto y muchos restos antiguos has debido ver antes de llegar aquí - dijo la mujer.
- - He conocido pueblos, gentes y restos del pasado, pero nunca he visto marcas en las piedras como las que hay aquí.
- - Quizás has recorrido mucho terreno, pero has parado poco a observar.
- - Como sé que te interesan los antiguos, ven. Voy a enseñarte algo.
Osi caminó tras la mujer hacia el exterior de la zona utilizada del valle. En un momento se estuvieron y el hombre se quedó a la expectativa. Pero Oray hizo un amplio gesto con la mano señalando el espacio y le preguntó
- - Dime que observas.
Osi recorrió con la mirada el suelo mientras daba pequeños pasos en círculos. Tras un rato se quedó quieto e inclinándose barrió con la mano un pequeño reborde que sobresalía de forma casi imperceptible del resto de la tierra.
Cambió de rumbo siguiendo el reborde y con cara de asombro levantó la mirada hacia la mujer que dirigía el santuario.
- - ¡Es un foso! Hace mucho tiempo que se rellenó, pero no hay duda. Aquí hubo un foso circular.
- - En realidad fue de forma oval, pero sí. Aquí debió estar el foso menor que rodeaba un asentamiento.
- - ¿Menor?
- - Hay dos más rodeando este.
- - Y los restos de viviendas, ¿dónde están?
- - Son más difíciles de encontrar, pero algunos los hemos señalado. Pero la pregunta es, ¿por qué fue ocultado todo de forma deliberada? ¿Por qué eliminar cualquier vestigio de ocupación en los alrededores del santuario?
- - Bueno, los fosos se pueden amortizar cuando es necesario expandir el poblado. A lo mejor por un aumento de la población.
- - Si. Esa sería una buena explicación, pero no hay restos de viviendas o de otras construcciones fuera del primer foso.
- - Se pudo trasladar la población a otro lugar y es más difícil de encontrar.
- - Vuelves a tener razón, pero desde los relatos más antiguos tenemos noticia de haber buscado esa población y nunca se ha encontrado. Además, si se iban a trasladar, ¿para qué hacer un segundo foso e incluso un tercero?
- - No saber las respuestas no significa que no existan.
- - Ahora estamos en la misma línea. Creemos que hicieron los fosos con alguna intención que desconocemos. Debieron tardar muchas estaciones y los niños del tiempo del primer foso ya habían partido con los ancestros, muertos de viejos, mucho antes de cegar el tercer foso y partir de esta tierra. Un trabajo tremendo que después eliminaron o al menos mimetizaron.
Y al irse, decidieron no dejar rastro o al menos, dejar el menor posible de su paso.
Osi la miró fijamente. ¿Sería esa la verdadera razón de la visita? ¿Hablar de ellos?
- - Las que decidieron borrar sus huellas eran personas como nosotros. No existe ninguna diferencia en ese aspecto. Hay quién quiere ser recordado después de haberse ido y a quien eso no importa.
Los primeros suelen ser por motivos de poder control o riqueza. De esa forma intenta garantizar una posición a sus descendientes. Pero eso no ha sido siempre así y no en todas partes. - indicó Osi.
- - ¿Que parte de tu propia vida has cubierto sin dejar rastro?
- - ¿Has hablado con Mai?
- - No hace falta. En las noches, cuando contamos relatos, nunca tenéis recuerdos juntos de antes de vuestra unión. Todo parece indicar que llegaste a su pueblo y dejaste el tuyo.
- - Nos vimos en una gran reunión al oeste, en un lugar entre los dos grandes ríos.
- - ¿Habéis decidido qué camino tomar? Aquí sois bienvenidos y estamos encantados de contar con vosotros, pero algo me dice que volveréis a vuestra tierra.
- -Nuestra hija se quedó en el poblado y nuestro hijo, que vive donde termina el mundo podría volver y no encontrarnos.
- - De todas formas, el destino es desconocido, aunque algo me dice que Mai tiene un papel importante entre los suyos con todo lo que ha aprendido de la rara enfermedad que nos azota.
- - Ya veremos. Nuestra mayor barrera es volver a pisar el horror que significó Maui. No estamos preparados para enfrentarnos otra vez a esa situación.
- - No siempre el camino conocido es el único disponible. Buscaremos respuestas a ese tema cuando hayáis decidido sobre vuestra marcha.
Oray hizo una inclinación de cabeza y volvió hacia el cerro.
Mientras, Osi siguió con la vista los restos del primer foso y se puso a buscar los restos de cabañas que Oray había indicado.
No eran fáciles de detectar. En primer lugar, porque habían sido construcciones en blando, o sea, barro y materia vegetal, pero sobre todo debido al interés en hacer desaparecer cualquier huella de las mismas.
Así y todo, llamaba la atención la ausencia de hoyos, cubiertos o no, que servirían para sujeción de postes para el armazón de las paredes.
Tampoco había huellas de la distribución de su espacio interior ni de su acceso. Sin embargo, en uno de los restos si se veían lo que parecía un tosco suelo a modo de pavimento muy sutil y machacado a conciencia y tres pequeñas huellas, sin llegar a ser hoyos, que se alinean en el interior y donde debían apoyar parte del dispositivo que soportaba la techumbre.
Este tipo de alojamiento, más que una cabaña estable, se parecía a las estructuras existentes en los destacamentos que cuidaban el ganado o las tierras de cultivo en muchas zonas por donde habían pasado.
Solo que aquí se notaba el esfuerzo por hacerlo desaparecer.
Por un momento recordó la reunión de las tribus en la que conoció a Mai. Una vez hechas las despedidas del grupo familiar que le recogió cuando quedó abandonado de pequeño y que le habían cuidado como si de su hijo se tratará, cada tribu volvió a su territorio. A Mai le sorprendió todos los restos que quedaron en el terreno. Sangre, vísceras, restos de madera y muchos desperdicios de todo tipo.
Todo lo contrario de la gente que vivió aquí y de los que ahora habitan el cerro y los alrededores. Quizás siempre fue un santuario y lo cuidaban por ese motivo.
Buscó alguna aportación a esa idea y aunque tardó casi toda la tarde, encontró lo que buscaba.
..
El grupo esperaba expectante. Se encontraban en una zona muy cercana al cerro, pero en un rincón del valle poco utilizado
Oray y Osi esperaron a qué hubiera un silencio suficiente y la líder del poblado hizo un gesto a su invitado para que comenzará a contar lo que había visto en las piedras.
Osi comenzó señalando que se encontraban en un lugar donde seguramente se reunieron las tribus de los alrededores en las estaciones especiales tal y como ocurría en muchos otros lugares.
Apuntando hacia el suelo, les mostró lo que se adivinaba como los restos de una cabaña portátil sobre los restos de una segunda instalada bastante tiempo antes.
Que no eran cabañas de uso completo se veía en el soporte del techo que era vegetal y en algunos casos se encontraban restos de pellas de barro que, aunque desmenuzada, mostraban la impronta vegetal habitual.
Pero sobre todo en la ausencia de postes para fijar las paredes lo que obligaba a renovar unas instalaciones que sólo debían durar durante la celebración de la reunión.
- -Es muy probable que fueran desmontadas cada vez para evitar la acumulación de restos y así preservar un espacio que, al parecer siempre ha sido muy importante.
- - Sin embargo - continuó Soray, lo que nos muestra su importancia, es lo que hemos visto de los fosos rellenos que siempre tuvimos a la vista.
Mostró uno de los cuencos depositados en el cerro, junto al muro de la entrada.
- - Todos hemos visto este tipo de marcas y las hemos reproducido. Pues bien, resulta que nuestros queridos fosos son las mismas marcas que hay en los cuencos y en algunas piedras encontradas desde antiguo.
¡Lo que pasa es que hay que mirarlas! desde arriba!
Desde el cerro, en la parte donde asoma primero el sol, hay una piedra gastada por el tiempo. Desde allí se pueden ver los fosos y las marcas de su interior que creíamos cabañas.
El hombre se había esforzado en las semanas previas en buscar formas de viajar, con seguridad, en la vuelta a casa.
Osi sonrió porque si no fuera por lo bien que habían sido tratados desde que llegaron, parecería que dedicaban mucho esfuerzo para su marcha.
Pero llevan en el santuario un ciclo de estaciones completo y ante la llegada del nacimiento de la vida y del inicio de un nuevo ciclo, Mai y él han decidido volver a casa.
Tal y como Oray les prometió, se ha buscado una forma de volver por otro camino distinto que no les obligue a regresar a Maui, el poblado donde dejaron morir, abandonados, a los que sufrieron la misteriosa plaza.
- - Uno de nuestros habitantes más longevos, que llegó siendo niño y quiere terminar sus días en las tierras que le vieron nacer nos ha contado una forma de que volváis a vuestra tierra por un camino distinto.
A fin cuenta el camino que lleva a tu tierra y desde allí hacia el oeste del gran río del norte.
Un hombre pequeño, con bastante edad, pero al que se le notaba estar en buena forma física, se levantó y se colocó junto a Oray.
- - Me llamo Ufin y soy de un pueblo situado al norte de este santuario. Aunque llegué de niño a este lugar, siempre he guardado en la memoria mi lugar de origen y cómo llegar.
Al oeste de nuestro santuario, se abren las aguas hacia el norte en un río que en esa zona es muy abundante pero que donde nace sólo es un pequeño arroyó.
La crecida de su cauce se debe a la gran cantidad de pequeños arroyos que se encuentra en su camino y que le aporta su agua.
En nuestra tierra, se le conoce como el río que atraviesa los matorrales pues casi todo el recorrido está cubierto de jara, un matorral con una bonita planta se color blanco que se da en esta época.
- - Toda esa información ¿la tienes de cuándo niño?, preguntó Osi.
- - No. De mis recuerdos hay poca cosa. Pero por este lugar viene gente de todas partes y siempre ha preguntado por el camino de vuelta, aunque siempre creí que me quedaría aquí para siempre.
- - Tu destino está donde te lleve el corazón, dijo Oray
- - Bueno, quizás sea así, pero la verdad es que no teníamos ni idea de que se fuera a producir esta oportunidad.
- - Las oportunidades nacen, como las personas.
- - En cualquier caso, cuando lleguemos cerca del nacimiento del río que atraviesa la jara, podéis decidir si ir hacia el este para viajar desde el principio en una de las redes de tránsito que existen desde antiguo o ir hacia el oeste y esperar en algún de los muchos asentamientos que hay en ese camino a la llegada de algún grupo.
Al darse cuenta de que viajarían con Ufin durante gran parte del camino Osi frunció el ceño.
Pero el anciano, al darse cuenta soltó una carcajada.
- - Ni te preocupes porque te pueda retrasar en el camino. Soy, desde hace años el responsable de las ovejas y cabras y estoy acostumbrado a caminatas intensas en cualquier condición del tiempo.
Osi se ruborizó al ser pillado. Le había asaltado la duda si caminar con una persona con edad tan avanzada retrasaría el camino más de la cuenta.
Con un gesto asintió al hombre y no dijo nada más.
- - Bueno, esta noche, durante la cena, haremos las despedidas para nuestros viajeros y así podrán dedicar sus últimas horas a organizarse
Esa noche la habitual reunión estaba llena de expectación. El inicio del viaje de Mai, Osi y Uffin; el conocimiento del pasado del santuario, la nueva utilización de elementos decorativos en la cerámica que han llegado desde tiempos antiguos con los fosos cubiertos adrede para dejar patente un patrón de dibujo y todas las demás cosas que han aprendido en los últimos meses.
Los grupos cuchichean comentando en corrillos todas estas cosas. Incluso Oray está tensa, aunque piensa que no existe motivo alguno.
Mientras los grupos terminan los alimentos preparados, desde un lado, junto al borde del cerro desde donde se ve el valle, se oye un ligero susurro. El tenue sonido se va imponiendo y las conversaciones languidecen hasta que sólo se oye el tono humano junto a la ligera brisa.
Sentada junto a la niña que suele estar en los grupos de piezas de arcilla está Eartr.
Juntas, son las que murmuran ese sonido parecido a un susurro.
Frente a ellas, se encuentran unas grandes vasijas donde se suele hacer el engobe que recubre algunas piezas. Es un barro oscuro y de mucha suavidad ya que está sucesivamente decantado.
Lentamente, Eatr se levanta mientras su manto se desliza y queda en el suelo.
Completamente desnuda, comienza a impregnar el englobe por su cuerpo, sin dejar ningún espacio libre.
Desde detrás, la niña hace lo propio ayudando en los lugares donde Eatr no puede llegar.
En ese momento una enorme luna llena emerge justo detrás de la muchacha y Osi observa que a Oray le tiembla el labio inferior. Parece abrumada con la cantidad de señales continuas que se están dando esa noche.
También Mai respira agitadamente y su mano busca la de Osi. Cree que va a pasar algo.
Las manos de la muchacha comienzan a trazar, desde atrás y sin mirar una serie de líneas en la arcilla que, al ser retirada, deja ver la blancura del cuerpo de Eatr. Después rellena el espacio entre líneas con motivos geométricos.
Se oye una exclamación más: ¡Está decorando el cuerpo como si de una vasija se tratara! Los miembros del santuario identifican, claramente los diseños que se realizan en la arcilla, pero también algunos, ya en desuso, que encuentran en …
Así ven como, de las manos de la niña aparecen rayas a partir de un punto como las que se ven en las piezas más antiguas y que a Osi le recuerdan la decoración de piezas encontradas junto a la costa en el poblado donde creció.
La niña continúa realizando complicados trazos en el cuerpo
Algunos dibujos recuerdan la decoración que se realizará clavando la punta de un pequeño cuchillo y sacando la arcilla o usando varios dedos de la mano, como una especie de peine trazando dibujos ondulados.
La tensión es máxima. La niña está haciendo todo esto desde detrás de Eatr, como si ella misma la guiara.
Cuando la luna está en todo su esplendor, justo detrás de las muchachas, muy agrandado por la cercanía con el horizonte y con un intenso color rojizo, se produjo el caos.
Salvo las jóvenes, todos inclinaron la cabeza en señal de respeto. ¡la luna estaba siendo devorada por la oscuridad! Casi todos sabían que era algo que ocurría cada cierto tiempo, pero los eclipses creaban una sensación de magia que se asociaba con el mundo sobrenatural. Piensan que una energía capaz de tapar la luna debe impregnarlos a ellos mismos y después de cada episodio de ese tipo, las gentes de cada poblado se sienten beneficiadas por la Madre Tierra.
Después, poco a poco llega la calma. Muchos eligen el sitio donde están para pasar la noche. Otros buscan un lugar junto a las piedras.
Mai y Osi se acercan a ver como se encuentra Eatr y la ven profundamente dormida. Se acuestan junto a ella y así pasan la noche, cuidando de la joven mientras sus manos están entrelazadas.
El sol le pilló a Osi en el mismo lugar donde cayó dormido. Ni Mai ni Eatr están alli. Pero tras mirar alrededor las ve junto al límite del cerro, en el lugar por donde asomó la luna llena. Parece que están hablando así que decide no acercarse e ir a donde tienen sus cosas para seguir preparando la marcha.
Sentadas en el suelo, las tres mujeres están mirando todo el paisaje que se muestra desde la altura.
Todavía no se oye el sonido habitual de la puesta en marcha del santuario. Las hogueras están en brasas que renacer con la preparación del desayuno o, a esa hora, ya casi la comida.
- - Vaya noche, dice Mai
- - Si. Ha estado llena de presagios y señales, añade Oray.
- - Pues yo casi no me acuerdo de nada.
- -¡Pero si fuiste la pieza principal! Y así tal cual. ¿De dónde crees que salió el barro que te queda por el cuerpo?
- - Sé que sentía la necesidad de buscar la sintonía entre la arcilla y el cuerpo, pero no tengo muy claro el porqué.
- - Creo que ayer se manifestaron varias señales de cambio. La luna como alas de mariposa, la creación de una vasija desde algo tan corriente como es el barro en tu propio cuerpo y para rematar el eclipse
Además de vuestra marcha, creo que los acontecimientos de ayer marcaron también la mía - intervino Oray.
- - ¿Volverás con tu pueblo?
- - No. Mi pueblo es este. Mi viaje será para mi espíritu no para mi cuerpo. Pero tenemos tiempo de preparar a esta jovencita para sustituirme.
- - Pero ¿por qué? ¿Estás enferma?
- - No estoy enferma, pero llevo muchos años esperando lo que pasó anoche.
- - Pero yo no quiero relevarte, no estoy preparada para eso - dijo Eatr.
- - Pero yo te ayudaré. Hay tiempo. No será mañana, pero será. La influencia de la luna ha hablado.
- - Me pone nerviosa esta conversación, vayamos al río a bañarnos y a relajarnos. Hoy todo el mundo se lo va a tomar con calma -dijo Eatr.
- - Ese si es una buena propuesta. Vamos. He hecho un jabón nuevo con espliego. A ver como huele.
Las tres bajaron el sendero que llevaba al río. El resto del santuario seguía en calma.
…
Todavía demoraron la partida. Mai y Osi se sentían como cuando partieron de su propio pueblo. Habían sido felices allí durante el tiempo pasado en el cerro. Habían amado ese lugar y habían aprendido formas diferentes de gobernar a la gente con la que convivía. Sin embargo, cuando llegaran a su destino, renunciarán a todo ello si fuese necesario para evitar más encontronazos con Arlo o su familia. Aceptarían vivir como los demás para envejecer tranquilamente juntos.
Cuando salieron de la choza que había sido su hogar durante todo ese tiempo se sorprendieron de ver a la mayoría de la gente en la explanada que llevaba al santuario. En primera fila, Oray y Eatr, junto a ellas el resto de los responsables del santuario y detrás las personas que habían sido su tribu durante todo ese tiempo.
Las lágrimas brotaron en muchos ojos y Mai era abrazada y besada por todos aquellos que se ponían a su alcance.
Osi sonreía agradecido, pero, a la vez pensaba que iban a retrasar la salida y caminarán con todo el calor. Miro a Ufin y este se encogió de hombros. No tenía dudas de que la despedida sería larga.
Cuando por fin salieron al camino, mucha gente los acompañó un trecho y otros muchos los miraban desde el cerro.
Poco a poco la gente fue volviendo al santuario y al comenzar a subir la altura desde la que divisaron por primera vez el cerro, ya se habían quedado los tres solos.
Esa primera fase del camino fue rápida porque apenas querían parar al estar cada uno de ellos perdidos en sus pensamientos.
Sólo volvieron a la realidad cuando Ufin les indicó que se acercaban al lugar donde al gran río se unía el arroyó que atravesaba los arbustos.
Mai había llegado a un acuerdo con Oray sobre la posibilidad de enviar mediante las rutas de intercambio, hojas de jara secas, un arbusto que casi no se da en el entorno del santuario pero que con la poca recogida habían visto que funcionaba muy bien con los ancianos, en las lesiones donde se producían inflamación de articulaciones y acortaba la sensación de estar enfermo en las personas las que cogían frío.
Habían gastado todas sus reservas en los que habían llegado con la misteriosa enfermedad y habían tardado menos en reponerse.
Si volvía a repetirse, una vez más, un brote de la enfermedad, querían tener abundantes reservas para atacarlo.
Había tanta jara en el camino que no necesitaba retrasar la marcha para recoger las flores. Bastaba con hacer acopio en los descansos.
La bolsa de piel que transportaba Mai se llenó enseguida y rápidamente comenzó la asignada a Ufin que se la llevaría a su tribu.
Un tercer saco, que guardaba Osi sería para llevar hasta su propio pueblo.
Ahora, lo importante sería dar con algún grupo que viajara hacia el santuario.
Pero los días pasaban y no se encontraban con nadie. Ufin estaba seguro de que estaban en el camino correcto y la importancia del río, la abundancia de Jara a ambos lados del cauce y la orientación del mismo así lo indicaba. Pero al anciano ke habían asegurado que los asentamientos se habían multiplicado en esa zona y en el tiempo que llevab…
Por eso seguían avanzando según lo previsto.
Unos días después vieron otro poblado destruido. Aquí había signos de lucha y un montón de huellas que se alejaban hacia el Este.
Sobre todo, llama la atención de unas líneas paralelas marcadas en el suelo y huellas de animales entre ellas.
Son huellas menos irregulares que las provocadas por las parihuelas que ellos usan para transportar sus enseres y parecen buscar los terrenos blandos.
En cuanto a las huellas de animales, parece de caballos o mulos, pero ni Mai ni Osi pueden imaginar el motivo de estar entre las marcas continuas del suelo.
Continúan la marcha, pero deciden que Ufin y Osi se alternarán en caminar un poco adelantados para evitar sorpresas. También piensan que, en los cambios de rasante, pararán a mirar antes de cruzarlos.
Sin embargo, siguen su camino sin encontrar a nadie.
Por fin, varios días después de camino lento por las precauciones tomadas, desde lo alto de una pequeña loma observan una aldea habitada. Del techo de paja de las cabañas sale humo y en las cercanías están trabajando el campo.
No hay síntomas de peligro así que se acercan Ufin y Osi mientras Mai espera tras la loma.
Su llegada despierta cierta curiosidad, pero aunque un par de personas se dirigen hacia ellos para esperarles en la entrada del poblado, el resto sigue con sus quehaceres.
- - Raro es, en estos tiempos recibir visitas desde el sur
Ufin se adelantó unos pasos y contestó a las palabras del lugareño.
- - Caminamos desde el santuario del gran río del sur siguiendo el cauce de éste que atraviesa los matorrales de jara hacia el otro gran río del norte.
- - He oído hablar de ese santuario. Dicen que lo guía una mujer mágica.
- - Bueno, mágica es mucho decir. Pero el lugar si lo es.
- - Si es así, ¿por qué lo habéis abandonado?
- - Surgió la oportunidad de volver a la Tierra que me vio nacer y aproveché el momento.
- - pues no se si es buen momento para volver hacia el Este. Hay grupos de Yamnaya por esta zona y algunos son muy violentos.
- - ¿Yamnaya? Hemos visto restos de poblados destruidos en el camino y muy poca gente. ¿Tiene algo que ver con esos Yamnaya?
- - Si. Algunos de ellos se dedican al pillaje además de matar a los hombres y quedarse con las mujeres. Como en todos los grupos, hay gente pacífica entre ellos y gente que no acepta la convivencia con otros grupos. En este poblado hay cuatros hombres Yamnaya. Nos han ayudado, enseñándonos a defendernos y además tienen armas mejores y lo que llaman carros para transportar rápidamente todos sus bienes de un punto a otro.
- - ¿podemos conocerlos? Estoy interesado en eso que llamas carros. Pero antes debo avisarte que viajamos con una mujer, mi pareja, que nos espera en esa pequeña loma.
- - No es bueno que una mujer ande sola por los alrededores. Llámala antes de que pueda ser vista por algún rastreador Yamnaya.
Osi se acercó a la loma y emitió un sólido que simulaba el canto de un pájaro.
En seguida Mai se levantó de la posición desde la que observaba la conversación y se acercó al pequeño grupo.
- -Esta es Mai, como te he dicho estamos emparejados. A Ufin ya le conoces y yo soy Osi.
- - Yo soy Esu y soy la autoridad no guerrera del poblado. Para cuestiones de armas hemos nombrado a Nge, uno de los Yamnaya que se unieron a nosotros. Venid, os presentaremos.
Siguieron a Esu hacia el interior de las primeras cabañas que se localizaban sobre una loma muy ligera en el margen derecho de un arroyo que desemboca en el río que venían siguiendo, dominando su vega y la de éste pues el cauce del arroyo discurre en paralelo hasta su confluencia un poco más arriba.
Asombrados, Mai y Osi descubren que lo que parecía ser el comienzo del poblado se halla en la cara abierta del cráter de un viejo volcán.
El agua recogida por la olla que formaban las paredes se recogía en una rápida corriente a cuyos lados se desplegarán las distintas huertas donde trabajaban hombres y mujeres plantando, recogiendo o abonando la tierra.
Curiosamente después de las huertas, estaban construyendo un foso de varias lanzas de ancho cuyo trayecto irregular se perdía hacia el Oeste en una fase iniciada, pero a la que todavía le faltaba mucho trabajo. El trabajo realizado hacía el Este, mucho más avanzado, mostraba un trayecto igualmente irregular, pero de paredes rectas, totalmente verticales por haber realizado el vaciado de forma completa.
A Osi le sorprendió lo ingenioso que había sido permitir el paso del agua sin inundar el foso mediante unas compuertas y un sistema de lavaderos.
Pero su guía dejó de lado esa parte de cabañas y siguió avanzando hacia el centro del cráter
Delante de ellos se levantaba una pequeña muela en cuya cima se veían más cabañas. Al llegar a este punto, Mai y Osi observaron que estaban excavadas en la roca blanquecina que había por todas partes.
En ese lugar predominante, se encontraba también la cabaña del jefe del poblado.
El poblado en sí resultaba similar a los que Mai había conocido desde su nacimiento. Y es que, tanto en la forma de organizar el trabajo, como de controlar la producción y el mantenimiento de cierto control de una pequeña élite, que casi habían olvidado durante su estancia en el santuario, volvía a imponer su realidad. En este lugar la élite vivía en la parte alta, tras una gran roca salina.
- - Mirad la vista - dijo el jefe del poblado con un amplio gesto de la mano - desde aquí se puede contemplar todo el valle que se abre a los pies de nuestro poblado y las huertas que nos proporcionan alimentos frescos
Habían llegado hasta la gran roca de sal que vieron desde abajo. Tiene forma de hongo. En la parte superior han excavado el suelo formando una especie de terraza.
Mientras se encontraban admirando la visión del valle, un hombre alto y muy musculoso, con los brazos y pecho tatuados con dibujos geométricos que recordaban a los de la cerámica decorada, se acercó al grupo
Tras las presentaciones, descubren que han llegado a un sistema de poder donde al control ejercido por el jefe de la población se suma, e incluso en algunas cosas estaba por encima el de los cuatro Yamnaya que se han establecido allí.
Su forma de actuar no sería tan brusca como las del resto de partidas de guerreros de los que hablaban, pero su autoridad era incuestionable.
Nge, su líder muestra el foso que se está construyendo y a Osi le extraña la cantidad de espacio existente entre la línea del foso y las primeras cabañas.
- - Unir la seguridad que da un gran foso a las paredes del cráter para proteger el lugar donde irán los nuevos silos para acumular la sal. De esa forma estarán doblemente protegidas.
- - ¿Sal? ¿Trabajan la sal en esa zona? - pregunta Osi.
- - Claro. Aunque una parte de la población atiende las necesidades en cuanto al cultivo de la tierra y algo de ganadería, la mayoría prefiere trabajar produciendo sal. Es un trabajo muy duro y muchos enferman, pero los que están dos ciclos seguidos reciben una buena recompensa cuando lo dejan y suelen irse a fundar alguna pequeña aldea de las que surgen en este territorio.
- - ¿por qué enferman? - pregunta a su vez Mai que todavía tiembla cuando recuerda Maui y la extraña enfermedad.
- - por lo visto la sal afecta a las manos y pies y también a la forma de respirar.
- - donde están las personas que producen la sal?
- - Hay un destacamento junto al yacimiento donde viven. Está a sólo una mañana de distancia. No sé puede visitar a solas pues ahí está gran parte de la riqueza de esta población, pero puedo asignados uno de mis hombres para que os acompañe.
- - gracias. Me gustaría saber si puedo hacer algo por ellos. - contesto la mujer.
- - Si eso fuese así, aquí tendrías un sitio importante, - sonrió Nge. Podrías quedarte y fundar un hogar
Mai se ruborizó, mientras de reojo, observa a Osi que ha fruncido el ceño.
Éste ya ha observado la impresión que el físico del guerrero ha causado en Mai. Su fuerte musculatura, su brillante piel y su fortaleza no han pasado desapercibida a la mujer y su pareja siente cierto desasosiego, así como inseguridad frente a un individuo como ese.
De vuelta a la zona de cabañas, Nge se sitúa entre la pareja y acapara en atenciones hacia Mai.
Casi todos los días, cuando se levantan Nge está esperando a Mai para visitar algún lugar del poblado, a algunas personas especialmente afectadas por el trabajo en las salinas o algún enclave especialmente maravilloso de ese lugar creado en el interior de un volcán.
Los días van pasando en la misma tónica del principio. Nge está presente en todo momento en el que aparece Mai y Osi no sabe cómo reaccionar, pero se da cuenta de que queda desplazado. En principio, se encoje de hombros, pero la duda crece en su interior.
Intenta llenar su tiempo observando y aprendiendo por lo que cuando los ve se dirige hacia un grupo de ancianos que, según parece, va a partir de viaje. Ufin está con ellos, charlando.
- - Un tiempo un poco raro para viajar, en plena época de siembra - saluda el hombre al acercarse.
- - hemos cumplido nuestros dos ciclos de trabajo en el salinar y esperamos a que nos den nuestra parte.
- - Nos han dicho que cuando terminan, suelen fundar alguna aldea, pero ¿no son demasiado mayores para eso?
- - Seguramente sea más joven que tú, pero ese lugar hace envejecer rápido. En cuanto pase un tiempo alejado de la salina y no respire ese aire podrido, mejoraré como tantos han hecho antes y la vida mejorará.
Osi le mira horrorizado. La espalda inclinada, costas de sal impregnan sus manos y brazos y de su pecho sale un sonido peor que el que recuerda de su propio cuerpo cuando cayó enfermo.
- - Mi compañera es sanadora y puede ayudarle para que se cuide ese pecho.
- - Ya hemos visto a la muchacha. Y le aviso. Estos Yamnaya suelen estar muy interesados en nuestras mujeres. No sé fie de los cuatro que están aquí. Son todos iguales.
- - De todas maneras – intervino otro del grupo - en cuanto nos den la sal nos iremos rápido de aquí. Suerte para ti. La vas a necesitar para poder salir de este lugar sin perder lo que más quieres.
Osi se dirige rápidamente a la cabaña que les han asignado.
Mai no está así que vuelve a salir y se encamina hacia la cabaña del jefe del poblado.
Cuando está saludando para entrar en la cabaña ve, al otro lado del espacio vacío que separa unas casas de otras a Mai sentada frente a Nge que parece estar contando alguna anécdota de caza o de guerra por los movimientos que hace. Mai tiene un aspecto relajado y se ríe con la historia y Osi vuelve a sentir esas náuseas en el estómago. No parece que tenga prisa en continuar el camino. Casi no se ven más que cuando tras la última comida, vuelven a la cabaña que Osi solicitó en la zona de huerta, junto al foso. Tras un vistazo a su pareja, entra en la cabaña del jefe del poblado.
- - Bienvenido. ¿Puedo ayudarte en algo? - le saluda el hombre.
- - Sólo venía a charlar. Es la primera vez que veo la representación del poder de una tribu repartida entre dos personas y sentía curiosidad. ¿No surgen roces en el día a día?
- - intentamos evitar esos roces, a veces verdaderas disputas
De todas maneras, no seas ingenuo. Tienen mejores armas, preparación para la lucha y nada que perder. Podrían habernos matados a todos, como han hecho en otros lugares, y haberse quedado con las migajas que nos han dejado. Pero fíjate, mi pueblo se ha salvado.
- - Trabajan hasta la extenuación en la salina.
- - Siempre hemos trabajado en esas condiciones y siempre lo hemos elegido nosotros. No estamos obligados. Los que desean trabajar la tierra o cuidar el ganado hacen sus jornadas en esos destacamentos. Los que quedan relegados de esos trabajos van al destacamento que construye el foso. En realidad, el trabajo duro se la mina se debe al trabajo en los pozos de extracción de la sal, pero según tu compañera lo peor son los braseros y secaderos donde se procede a su cocción y en el llenado de crisoles para su conversión.
Ha hecho un buen trabajo tu compañera en dos días que lleva aquí. Ha convencido a Nge de que los que trabajen en esos lugares usen pieles en boca y nariz para evitar, en lo posible, respirar el aire de las cocciones. La gente dice que rápidamente se ha sentido menos mareada y si eso se mantiene, su situación será mejor a partir de ahora.
Eso me hace pensar que la presión de Nge para que se quede va a ir a más. Y si pare ello tú debes desaparecer....
Osi se quedó con la boca abierta según comprendía lo que ese hombre quería decir. El yamnaya podía querer emparejarse a Mai o simplemente tenerla a su disposición por sus artes curativas. Si además comprendiera sus habilidades con la arcilla, como decía el jefe del poblado, su principal inconveniente sería la presencia de Osi cuando no su mera existencia.
La importancia en la elaboración de piezas de arcilla parecía, allí, tan importante como en otros lugares, aunque con una significación diferente. La presencia de piezas bellamente decoradas que esas gentes introducida de forma ceremonial en el interior de pozos, a modos de ofrendas como compensación por los frutos arrancados y la riqueza que ello representaba, indica que las piezas de Mai serían altamente apreciadas.
De pronto a Osi le llega un recuerdo bañado por la bruma del pasado. Por primera vez ve las imágenes de cestillos en los que se secaba la sal concentrada por cocción de mueras junto a los acantilados donde una mujer lo llama a gritos para ocultarlo y protegerlo ante un episodio de violencia por parte de alguna partida empecinada en saquear la zona.
Es la primera vez que tiene una imagen en la mente de su infancia y sólo el peligro existente ante las luchas por el control de la sal le ha permitido a su cabeza hacerle llegar esa imagen.
Está en shock. Debe hablar con Mai y comentar lo que ha averiguado. Casi sin despedirse, con un gesto distraído, se despide del jefe del poblado.
Uno de los días, cuando el trabajo termina y se reúnen en la terraza, junto a las hogueras, la gente está contando anécdotas del día a día. Nge habla de su infancia en un pueblo del norte.
Mi tribu llegó a un valle donde había caballos salvajes, pastos y mujeres.
¿sólo había mujeres? ¿No había hombres en esa zona? - Preguntó uno de los presentes
La lucha fue muy dura. La gente resistía a nuestra presencia y había que hacer un escarmiento. De ahí parte la leyenda de que matamos a los hombres y nos quedamos con las mujeres. En gran parte es falso, como podéis ver. Pero quisieron dar un escarmiento para evitar tener que guerrear de forma continua. ¡Y funcionó!
Leyenda no será si admites que masacrasteis a todos los hombres como represalia. – Intervino Osi
- Quiero decir que eso no ocurre siempre ni en todos los sitios donde nuestra gente se intenta instalar. Piensa que sois muy pocos y la llegada de un grupo tan numeroso puede asustar lo que hace que la gente invente cosas.
¿Desde dónde viene tu tribu? – Preguntó otro
Los más viejos llegaron de tierras muy lejanas recorriendo muchas estaciones y luchando por instalarse. Pero yo nací en esta tierra. Cuando por fin sofocaron la revuelta de los que estaban aquí antes que nosotros, mi padre cubrió a todas las hembras y de una de ellas nací yo.
¿Cubrió? Hablas de mujeres como si de ganado se tratara. – Mai no estaba dispuesta a tolerar un lenguaje así. Pero Nge soltó una risotada.
Tienes razón, pero sólo era una forma de hablar. Todas las mujeres en edad de concebir quedaron preñadas. Ahora, una comarca que sólo tenía un centenar de habitantes, está poblada por varios miles de guerreros que cada cierto tiempo se agrupan en nuevas partidas y salen a buscar otros territorios donde asentarse.
Mai mueve lentamente la cabeza haciendo un gesto negativo. Le molesta la forma de hablar de ese hombre que desde el principio se había mostrado tan interesado en agradar. Ahora parece que estaba fingiendo y la mujer no sabe quien es el verdadero Yamnaya.
Casi ha pasado una luna desde la llegada de los tres viajeros al poblado de las pozas y aunque la admiración de Mai por el guerrero parece haberse enfriado, todavía no da señas de querer marchar.
Osi duda si está pensando en quedarse definitivamente en este lugar. Puede tener lógica pues resulta muy útil como sanadora, sus cerámicas serían tan apreciadas como siempre y además se siente admirada. Intentará hablar con ella. Nunca pensó que podrían terminar sus vidas separados, pero no es la primera vez que ve algo así. Cuando dos personas no tienen nada en común, pueden acordar vivir por separado. Osi no tiene la intención de quedarse allí viendo a Mai con otro hombre y si ella decide buscar un hueco en esa tribu, él continuará camino.
La mujer nota un aire distante en su pareja, pero no sabe a qué achacarlo. Parece que la presencia de Nge le molesta, pero ignora el motivo. A pesar de su lenguaje brusco en ocasiones, sobre todo cuando bebe y hay testigos como si tuviera de marcar el territorio, el Yamnaya no ha hecho ningún gesto ofensivo hacia Osi. Y por su parte, ella se siente halagada. No duda de su sintonía con Osi, pero por primera vez, puede valorar su relación con otras posibilidades. Y le gusta poder hacerlo.
Así y todo, los choques de opinión entre Nge y Mai son frecuentes. El guerrero otorga muy poca importancia a la vida de las personas y habla de quitarla como si se tratara de algo natural. Mai está acostumbrada a tratar la vida, a cuidarla y no sólo el cuerpo, también la paz interior de las personas.
Un día observa desde la terraza de sal que Osi entra en la cabaña del jefe del poblado. Lleva un buen rato intentando convencer a Nge de que las personas que trabajan en la salina deben tener unas condiciones mejores. El Yamnaya lo admite, pero sólo porque así trabajarán más y rendirán mejor.
La discusión sube de tono y parece que hoy el jefe de los guerreros no está para atemperar su genio o, simplemente cree que el camino elegido no es el adecuado. Al fin y al cabo, está acostumbrado a imponer su visión de las cosas y ordenar más que pedir.
Osi, al salir ve a Nge y Mai enfrascados en una violenta discusión. Corriendo se acerca hasta su pareja y se interpone entre ambos.
A pesar de que casi lo le llega hasta el pecho Mai parece decidida a atacar al guerrero que está asombrado del arrojo de esa mujer, aunque su rostro pasa enseguida al furor. No sólo no está acostumbrado a que se cuestione su opinión, sino que menos aún por parte de una mujer. La llegada de Osi añade fuego a la cuestión pues, ahora hay testigos de lo ocurrido.
Por un momento levanta la mano para abofetear a la mujer, pero no puede ignorar la presencia de su compañero y cree que, quizás no es el mejor momento. Para dar la última palabra, contesta con un ya veremos y se da la vuelta hacia su cabaña.
Osi coge la mano de Mai y se dirigen hacia la suya propia. Quizás es el momento oportuno de plantear sus dudas y la información recibida. Si había algo de atracción en los sentimientos de Mai, en estos momentos parece haberse disuelto.
Nada más entrar en la cabaña se queda de pie observando a su mujer. Ésta se da la vuelta y le dice sin necesidad de preguntar el motivo de la disputa.
- - Quiere aprovechar la mejora en la salud de la gente que trabaja en la salina para que estén más tiempo produciendo. Así, lo que mejorarían con las nuevas condiciones lo perderían en la mayor duración del tiempo de trabajo. Y cuando le he dicho que eso perjudicaría seriamente sus posibilidades de supervivencia, ha contestado que son fáciles de reemplazar. ¡Sólo le interesa cómo exprimir más a la gente! Que después puedan recuperar una vida más o menos normal le trae sin cuidado. En realidad, es la misma forma de actuar que sus congéneres, salvo que los demás matan y reemplazan a los hombres de estas tierras y éstos sacan rendimiento de sus fuerzas hasta la muerte.
- - No es lo único - respondió Osi. - Tus habilidades como sanadora y con el trabajo de la arcilla le hace muy interesante tu presencia definitiva aquí y para ello, lo único que sobra soy yo.
- - Pero nosotros sólo estamos de paso. Y yo no voy a reemplazarte por ningún hombre. No sólo eres mi pareja, eres parte de mi vida. Siento si por su aspecto has tenido alguna duda de mis sentimientos, pero para mí no existe ninguna duda. Es más, Cuando nos juntamos yo era un poco más que una cría que, aunque acertó en su decisión, no había tenido la oportunidad de contrastar mis sentimientos hacia ti con los que podía sentir por otra persona. Este viaje me está permitiendo conocerme a mí misma. La estancia en el santuario y hablar con Oray y Eatr también me ayudaron en lo mismo y desde luego conocer la ambición de gentes que sólo miran el beneficio sin importar el dolor que ocasionan me reafirma en haber elegido al compañero de vida idóneo.
- - Pues debemos buscar el modo de irnos - contesta Osi. No podemos hacerlo sin más, pero esta noche durante la cena, avanzaremos la salida para lo antes posible. Y no hables con nadie de piezas de arcilla no sea que nos dificulte la marcha.
Se funden en un fuerte abrazo y Osi respira tranquilo por primera vez en mucho tiempo. Sigue teniendo que afrontar su posible muerte, pero al menos ahora sabe que tiene detrás, como siempre, el apoyo de Mai.
Esa noche, junto a las hogueras donde se preparaba la comida comunal, sacaron un odre de piel con bebida alcohólica y una bonita colección de vasos, cuencos y cazuelas decoradas con mucho cuidado.
Osi y Mai se miraron y con un leve movimiento de cabeza decidieron ignorar la curiosidad de la mujer por todo aquello que significaba el trabajo de la arcilla. Mientras comían en silencio, observaron que los hombres de Nge bebían mucho y que pronto estaban bastante alterados. Muchos de los allí reunidos, sabiendo que esa actitud solía terminar en bronca, comieron rápidamente y se retiraron a sus cabañas.
La pareja decidió imitarlos y cuando se iban a levantar uno de los guerreros yamnaya se puso con dificultad en pie y se acercó a Osi, mientras su jefe le observaba riendo estrepitosamente.
Sabiendo que la cosa no iba a ir con ellos, muchos de los aldeanos se quedaron en sus sitios para ver el desenlace de lo que estaba por ocurrir, pero los más temerosos salieron atropelladamente de sus lugares de cena y enfilaron hacia las penumbras.
Ernad, como se llamaba este hombre poniéndose frente a Osi sacó su espada y la clavó entre las piernas de éste mientras le decía que cogiera el arma y luchara contra él por el favor de la mujer que caminaba a su lado.
Nge, que no se esperaba ese reto frunció el ceño pues aquello sólo podía ir en contra de sus planes para que la muchacha acabara quedándose en el poblado. Y no creia que la muerte de su actual pareja fuera una ayuda, pero podía ocurrir que Osi rechazara el combate y no pasara nada.
Mai se agarró al brazo de Osi y le murmuró que salieran de allí inmediatamente, pero el guerrero se echó a reir y a gritar que si Osi no quería luchar podría hacerlo su mujer.
Osi se levantó despacio y mostrando que iba desarmado dijo que él no era un guerrero y que no había luchado nunca contra otro hombre.
- - Por eso te dejo mi espada. Yo lucharé con este pequeño cuchillo frente a ti. No hace falta matar a nadie, en cuanto te haga un corte, puedes darte por vencido y yo me quedo el premio.
- - Mai no es un premio que se pueda apostar en un juego y mucho menos puede significar el motivo de la muerte de cualquier hombre - contestó Osi
- - Si no luchas me doy por vencedor, dijo Ernad acercándose a la mujer. Osi cayó en la trampa y cogiendo la espada se puso delante de Mai, aunque el arma estaba apuntando al suelo.
El guerrero comenzó a moverse frente a la pareja mientras hacía un ligero balanceo con el arma. Se acercaba y simulaba un ataque para que Osi levantara la espada, pero éste que ya había visto el error de coger la espada no la movió ni un pulgar.
Ante la pasividad del hombre que tenía delante, Ernad se valentonó todavía más y empujo a Osi que cayo despaldas y la espada resbaló de su mano, alejándose de él.
Perdido todo el control sobre sí mismo, Ernad se lanzó contra el hombre tumbado para clavarle el cuchillo cuando una enorme espada le paró en seco al atravesarle el pecho desde detrás. Nge de pié y con rostro furioso se acercó hasta su hombre y de un tirón soltó su arma mientras que gruñiendo mascullaba:
- - Cuando un yamnaya saca un arma el combate tiene que tener un desenlace de sangre. Pero en un combate, no en un simple crimen.
Con un inesperado giro, le cortó la cabeza a quien, hasta ese momento, había sido uno de sus hombres que ya estaba moribundo.
Con un gesto ordenó que retiraran el cadáver y que lo prepararan para el viaje al más allá.
- - Tu negativa a quedarte acaba de costar una vida, la primera. Esperemos que sea la última - dijo mientras miraba a Mai. Además, acabas de dejarme en una situación más débil al perder uno de mis apoyos en esta tierra. Mañana partiré a las tierras de mi tribu para traer algunos refuerzos. Tienes hasta ese momento para cambiar de idea o atenerte a las consecuencias.
- - Yo no puedo soportar la crueldad y la muerte sin sentido, murmuró la Mujer.
Nge miró significativamente a Osi mientras mascullaba un - ¡Piénsalo!
Todo el mundo abandonó el recinto y se dirigieron a sus cabañas. Para casi todos la tragedia no había terminado.
..
Mai y Osi decidieron que debían salir de ese lugar cuanto antes.
- - Si. Pero debemos partir sólo con lo que podamos cargar sobre nosotros mismos. O dejamos las parihuelas aquí para que piensen que estamos en las cercanías o las escondemos cuando estemos fuera.
- - hay cosas que necesito que sigan con nosotros - indicó Mai.
- - dejaremos un ajuar completo de piezas decoradas para el jefe del poblado. Quizás nos ayude a despistar a los Yamnaya.
- - vale, dejamos mis piezas, pero llevamos las del santuario.
- - Tenemos que buscar la manera de cruzar el foso. No es como el de nuestro poblado, que estaba hecho como límite del espacio habitado y era más una cuestión de prestigio que de defensa.
- - Pues cruzar la zona donde están los silos me parece muy complicada porque estará más guardada - Mai tenía su mente a toda marcha buscando soluciones. - quizás sea mejor cruzar en esta zona. El foso es muy profundo, pero no demasiado ancho. Usaremos las parihuelas para cruzar.
A Osi la idea le parece estupenda y enseguida desarrolla el pensamiento de Mai.
- - Cuando crucemos, iremos directamente hacia el oeste en lugar de seguir con la ruta del arroyo hacia el norte. Escondernos lo que no podamos cargar y avanzaremos campo a través. Si nos buscan en la dirección equivocada tendremos más tiempo de ventaja.
- - ¿y Ufin? Hay que avisarle.
- - Yo voy - dijo Osi - mientras, tú prepara los que quieres llevar y aparte lo que vayamos a esconder. Si quieres lleva al jefe del poblado el ajuar que ofrecemos para la ofrenda.
Cada uno se puso a acometer lo decidido. Por su parte Osi se acercó a una cabaña cercana donde Ufin se había alojado con una mujer que perdió a su pareja en un enfrentamiento con los Yamnaya.
- - Bienvenido le dijo la mujer al entrar.
- - agradecido, contestó Osi. Quería hablar con Ufin.
- - Está fuera en la parte de atrás de la cabaña. Suele quedarse mucho rato allí mirando el cielo. Parece que intenta contar las lucecitas del manto del sol.
- - gracias. Espero que no esté dormido.
- - duerme muy poco tiempo. Es el último en acostarse y el primero en estar despierto. Muchas veces cuando yo me levanto, ya está el fuego encendido y tengo preparada una infusión sabrosa.
Osi volvió a salir y dio la vuelta a la cabaña. Allí se encontró con el anciano que, como le habían anunciado, miraba hacia el cielo.
- - No van a bajar por mucho que las mires, - comentó a modo de saludo.
- - Esta vez mi pensamiento no está en las luces del cielo. Estaba pensando en este viaje.
- - De eso vengo a hablarte. Nos vamos de aquí lo antes posible. En cuanto salga Nge hacia las tierras de su tribu, nosotros queremos partir.
- - ¿si seguís el camino planeado os darán caza enseguida.
- - creemos que podemos despistarse lo suficiente para cogerles cierta ventaja y que desustan de buscarnos.
- - No es mala idea. Yo puedo hacer lo mismo. Pero en lugar de seguir camino hacia mi poblado, volveré al santuario. No esperarán que vuelva sobre mis pasos.
- - ¿ya no quieres ver el poblado donde naciste?
- - Casi no tengo recuerdos del mismo y por lo que hemos conocido, forma parte del territorio dominado por los grupos Yamnaya. Lo mismo ha sido destruido como algunos de los que vimos en el camino.
- - Si. Ir hacia el Este parece mucho más arriesgado.
- - Además, echo de menos el santuario y su forma de vivir. Me dejé llevar por la aventura, pero la verdad es que no he conocido otra forma de vivir más que aquella.
- - puedes cruzar el foso con nosotros y después caminar hacia el sur.
- - No. Quiero ver si la mujer de wsta cabaña, que está sola quiere venir conmigo. Como yo casi no tengo bultos que cargar, parecerá que salimos a buscar algo por los alrededores. Me llevaré el saco de flores y plantas que Mai recogió para el santuario y lo llevaré en persona.
- - Bien. Buena suerte entonces.
Mientras Mai se acerca a la cabaña del jefe del poblado. Lleva una bolsa de piel con uno de los pocos ajuares decorados que le quedan. Al verla, el hombre sale enseguida a su encuentro.
- - Bienvenida, Mai. Lamento lo ocurrido anoche en la reunión. Siempre hemos cuidado de que la hospitalidad hacia las personas que nos visitan fuera una seña de las formas de este poblado, pero las cosas están muy alteradas desde hace ya demasiado tiempo. Ayer temí por Osi y cuando hemos hablado le he planteado que sería conveniente vuestra salida del poblado. Salvo que hayas decidido quedarte, claro
- - vengo, en parte por eso. Yo también temo por él y hemos decidido que, en cuanto sea posible volveremos a ponernos en marcha. Incluso le pedimos nos disculpe de la tradicional comida ceremonial y acepte estas piezas como ofrenda en nuestro nombre.
El jefe del poblado miró con asombro las piezas que se le entregaban. Se trataba de un juego completo de piezas decoradas con mucha habilidad, pero lo que más llamaba la atención era la perfecta cocción realizada. No existía ni un solo punto de reoxidación en toda la superficie y el color de todas las superficies era de un negro brillante que dejaba sin habla.
- - Es un regalo difícil de aceptar por las consecuencias que contiene. Si Nge ve estas piezas removerá cielo y tierra para hacerse con el autor.... o la autora.
- - En todos los lugares por donde hemos pasado, las élites que controlan los excedentes de producción han dispuesto de elementos de distinción. Aquí nos habéis enseñado que estos elementos se pueden usar como ofrendas a la madre tierra como ofrendas. Puedes aceptar estas piezas como tal o entregarlas a quien lidere tu pueblo. Tu decides. Pero a veces, mantener las viejas costumbres y honrar a nuestros ancestros es un acto de rebeldía e independencia sobre las fuerzas que en un momento nos dominan.
- - Hablas bien y con respeto a las tradiciones. Mañana Nge partirá hacia el Este para traer de la tribu de sus padres algunos hombres más. Aún a caballo, le llevará al menos tres días de ida y dos más para volver a galope hasta aquí. Ese es tiempo que que disponemos ambos para volver por un suspiro a nuestras raíces o encaminarnos hacia ellas.
- - Esperemos que el tiempo nos sea propicio.
- - Pero, en recuerdo a las viejas tradiciones, no estoy de acuerdo en renunciar a un acto de comensabilidad ritual e intercambio de presentes.
Volviéndose hacia un espacio donde había guardadas algunas viandas secas de las que se usan en los viajes o cuando se va a pasar una temporada, cogió una pila de tortas elaboradas con harina de castañas aromatizadas y partiendo una por la mitad, entregó una a Mai y se llevó a la boca su otra mitad.
Después con solemnidad, se quitó del cuello un colgante con dos cuentas de marfil y sacando uno del cordón lo puso en otro similar y tras anudarlo se lo pasó por el cuello a Mai.
- - En el camino al Oeste también yo tengo amigos y familia. Si te encuentras en necesidad de hospitalidad, muestra el colgante. Sobrante cuentas con nuestra amistad.
Mai agradeció con lágrimas en los ojos el presente e inclinó la cabeza en señal de respeto.
- - Anda, llévate estas tortas para Osi y para ti durante el viaje y que vuestro camino esté libre de pesar.
Mai salió de la cabaña y tras tomar aire profundamente, se acerca a reunirse con Osi. Juntos preparan los bultos y esperan a la noche para partir.
Tras comer con los demás junto a la hoguera, Mai, Osi, Ufin y Nan, como se llama la mujer en cuya cabaña ha vivido el anciano esos días se reúnen en el espacio que hay entre las cabañas y la sección del foso que no está terminada.
En este lugar el foso tiene unos tres lanzas de ancho y una profundidad de casi 8. Pero solo ha sido excavada la profundidad deseada en el centro por lo que en lugar de dos paredes verticales a cada lado, lo que encuentran los cuatro amigos son dos fuertes pendientes inclinadas hasta los bordes interior y exterior del foso.
Primero baja Mai agarrándose al palo de la parihuela que le tiende Osi. Cuando llega al final del palo se sienta sobre el terraplén y de desliza arrastrándose hasta llegar abajo.
Después le toca a Nan que imita a Mai y consigue deslizarse.
También Ufin realiza los mismos pasos y recoge la pértiga que deja deslizar Osi. Éste tiene que deslizarse desde el mismo borde lo que hará más ruido y la posibilidad de hacerse daño son mayores.
Cuando los cuatro están abajo llega lo más difícil, subir
Mientras Ufin coloca una de las pértigas apoyada en la rampa que van a subir, Osi se agarra con las dos manos a la pértiga y comienza a escalar mientras el anciano sujeta, fuertemente para evitar que se incline y se caiga. Cuando ha llegado al final, todavía queda un trecho de unos cuatro metros hasta el borde. Con dificultad y escarbando con las manos construye un entrante donde colocar los pies y tras afianzarse en él, coge el extremo de la segunda pértiga para ayudar a Ufin a subir. éste ya ha demostrado antes lo ágil que es, pero verle trepar con tanta ligereza demuestra, una vez más que nunca ha sido una carga, más bien todo lo contrario, sin él las cosas serán más difíciles.
Cuando Ufin llega al entrante hecho por Osi, colocan la segunda pértiga justo sobre la otra y Osi la aferra con toda su fuerza. Ahora es más peligroso pues la base de apoyo es de sólo un par de dedos de ancha. Con la misma agilidad Ufin llega al borde. Aunque ha llevado una liana elaborada a partir de restos de lana sin desbastar, no existe ningún lugar donde atarla por lo que es un trasto inútil y la deja a un lado. Osi se hace con la pértiga que ha usado Ufin y la desliza, con cuidado hacia las dos mujeres que atan en un extremo todos los bultos que pueden. Una vez atados, Osi recupera, poco a poco la pértiga y empujándola sobre su cabeza la voltea para hacerla llegar a su compañero que se encuentra arriba. Después repiten la operación hasta tener todo el material arriba.
Mientras los dos hombres se afanaban con los bultos, ambas mujeres han escarbado escalones de la rampa muy separados unos de otros para evitar que la tierra de desmorone. Hacer escalones hasta arriba sería muy difícil y trabajoso y amanecería antes de terminar, pero al menos, con los construidos y la ayuda de la pértiga que sujeta Osi, pueden adelantar varios metros de subida. Cuando la vara está a la altura de las mujeres, Nan se sujeta al extremo y Osi, a pulso va tirando de ellas hacia el entrante. Después tras tomar aliento, Nan hace lo mismo con la pértiga de la que ahora tira Ufin.
Cuando van a repetir la operación con Mai, el entrante donde se asienta Osi cede y éste resbala hasta el fondo. Entumecido, inicia de nuevo el ascenso, volviendo a fabricarse otro entrante y haciendo subir después a Mai.
Cuando todos están arriba, se tiran al suelo a recuperar las fuerzas. Han empleado en cruzar el foso una buena parte de la noche y todavía tienen que esconder lo que no vayan a usar, incluyendo las pértigas. Además, Ufin y Nan tienen que circunvalar parte del foso por el exterior para llegar al sur y lo tienen que hacer por donde sus huellas sean más difíciles de encontrar.
Tras el leve descanso, Todos se ponen en pie y las dos parejas se abrazan y se desean mucha suerte. Tienen un nudo en la garganta y los dos hombres se miran fijamente deseándose un feliz retorno a sus destinos.
Rápidamente, Mai y Osi se trasladan hacia los límites de un pequeño bosquecillo de matorral que se distingue a alguna distancia donde esperan encontrar un lugar donde esconder todo lo innecesario. Esta vez la suerte está de su lado y encuentran las huellas de un oso que seguramente tendrá su cueva cerca. Siguen las huellas intentando tapar las suyas propias y después de un rato ven una serie de huecos en la tierra donde pueden meter todo lo que van a dejar. Con tierra del mismo lugar, tapan lo mejor posible los restos y ajustándose las bolsas que van a llevar consigo inician el camino hacia el Oeste.
Planearon que tenían escasamente dos días antes de que Nge y los suyos iniciaran la persecución. Por ello, esos dos primeros días el ritmo de marcha fue brutal. A la dificultad del terreno había que añadir la tensión por sentirse piezas en una batida de caza y la inquietud por la suerte de Ufin y Nan.
Al caer la noche, aprovechando el buen tiempo, dormían sin fuego.
Desde el tercer día dieron por supuesto que la persecución había comenzado y cuando cruzaban espacios abiertos lo hacían a la carrera tras buscar señales de los Yamnaya como polvo levantado por sus caballos o el humo de alguna hoguera.
Mientras en el poblado de la sal...
- - ¡como que se han marchado! - gritaba Nge a un extrañamente tranquilo jefe de poblado.
Éste sabía que podía se asesinado allí mismo y no tanto por la fuga de los cuatro sino como excusa por ello.
- - Nadie podía pensar que se fueran a ir esa misma noche. De hecho, debieron salir hacia el norte cuando tú todavía estabas aquí.
- - ¿qué te hace pensar que iban al norte, pedazo de manso? Ellos iban al Este hacia el pueblo del viejo o al Oeste hacia celebrar pueblo de ellos.
- - Si, pero desde la zona del gran río del norte. No pueden viajar cuatro personas campo a través y menos si dos de ellas son ancianas. Te digo que deben estar en el camino del arroyo al norte de aquí.
- - Bueno. Para asegurarnos dividiré a mis hombres por parejas. Dos por los caminos al Norte, Este y Oeste. Y dos través de la Campiña hacia el Oeste. De haberlo sabido habría traído más hombres.
- - Ordena las mujeres que preparen comida para el camino.
- - Me pongo a ello
...
Mai y Osi estaban desfallecidos. La fuerte marcha de los últimos días les estaba pasando factura y decidieron buscar un lugar donde hacer un alto y descansar.
Además, no habían visto a los Yamnaya y comenzaban a tener la esperanza de que los hubieran despistado o que no creyeran que valía la pena buscarlos con tanto ahínco. Pero aun así no se fijaban y tomaban todas las precauciones posibles. Eso les salvó.
Tras subir una pequeña loma, vieron la entrada un estrecho cañón. No era un pasillo único, sino que parecía que varias calles entraban en un desfiladero como si del delta de un río de piedra se tratara.
La mayoría de las paredes presentaban oquedades que podrían utilizar como refugio. Bastaría con encontrar una lo suficientemente profunda.
El riesgo es grande. El desfiladero es muy fácil de controlar desde arriba y basta con apostar un vigilante en las alturas para ver a cualquiera que pase por debajo.
Pero la alternativa es una vuelta muy grande hacia el norte y acercarse al camino principal que también puede resultar fácil de vigilar y cualquier grupo que forme parte de las redes de intercambio podría informar sobre su presencia en esa ruta.
Deciden descansar y después tomar la decisión que más les convenga.
Los jinetes llegaron hasta la entrada del cañón y detuvieron sus monturas. Podían entrar en la estrecha garganta y recorrerla rápidamente o subir al borde y desde alli vigilar la entrada y salida del mismo.
Son veteranos de muchas luchas y encuentros con clanes rivales por lo que no se sienten nada tranquilos estando en un sitio tan estrecho y donde pueden ser atacados desde las alturas.
Así que dando la vuelta buscan el camino de ascenso. Tienen la certeza de que el grupo al que buscan no ha podido llegar hasta allí caminando campo a través y por tanto sólo tienen que esperar a que aparezcan para caer sobre ellos.
Mai y Osi cruzan el espacio que separa las lomas de la serie de pasillos de entrada a la garganta deprisa. A plena luz del día pueden ser avispados desde mucha distancia y tienen miedo de ser vistos tanto desde las lomas que acaban de abandonar como desde las alturas del acantilado. Pero esperar a la noche es peor opción. Cualquiera que se acerque a esas posiciones puede descubrirlos muy fácilmente y aunque no fueran los guerreros Yamnaya cualquier otra persona podría informar de su presencia en esa zona.
Para ser vistos en las cuevas, sus perseguidores tienen que pasar por el mismo tramo de la garganta o estar justamente encima de ellos en el borde.
- - Mira qué suerte hemos tenido. - dice uno de los guerreros cuando divisa un movimiento bajo ellos a poca distancia.
- - por fin - contesta su compañero espoleado su caballo y preparando la lanza.
Ambos jinetes se lanzan ladera abajo y con sus armas abaten su objetivo.
Osi levanta la cabeza cuando oye el galopar de los caballos y el grito de guerra de los Yamnaya.
- - ¡corre! Le dice a Mai que aprieta la carrera hacia la entrada del desfiladero.
No ven de donde procede el ruido, pero indudablemente está cerca y saben quién y qué lo ha producido. Osi coge la espada en su mano derecha y se coloca delante de la abertura donde se han refugiado esperando el ataque.
Con grandes carcajadas los guerreros festejan su victoria. El corzo que acaban de abatir está agonizando y uno de ellos con su espada atraviesa su corazón.
- - te toca limpiarlo. Yo lo he cazado.
- - bueno, pero hoy comeremos bien
La tensión se dispara en la pareja. Saben que los guerreros están cerca pero no los han descubierto o ya habría corrido la sangre.
Osi decide que cuando anochezca intentará ver donde están acampados y que opciones tienen de poder seguir la marcha.
No tienen muy claro como de larga es la garganta y si podrán cruzarla en un solo día o necesitarán más tiempo.
- - primero vamos a saber dónde están acampados y que opciones tenemos. Si eso que hemos oído es un ataque a las redes de intercambio, estarán disfrutando del botín y quizás estén incapacitados por unas horas.
La propuesta de Osi no es agradable para su pareja, pero ésta sabe que no pueden continuar a ciegas.
Tomarán todas las precauciones, pero en esa pequeña cueva no pueden estar más que unas horas.
Cuando la luz del sol se ha extinguido, Osi sale de debajo del refugio y pegado a las paredes de la garganta se acerca a la entrada.
No le hace falta caminar mucho para oír grandes risotadas de gente festejando. Cuando consigue asomarse en el límite de uno de los muros ve que, en lo alto, cerca del borde, se refleja la luz de una hoguera, aunque no se distingue si son los guerreros ni cuantos son.
Desde luego no cree que con la presencia de los Yamnaya cerca, el resto de la gente esté por festejar. Desde el lugar donde se encuentran los guerreros, no se puede divisar el refugio de Mai y Osi ni el camino por el desfiladero. Claro que en cuanto se asomen al borde la situación puede cambiar por momentos.
Osi decide internarse un poco en la garganta para ver si pueden ocultarse tras alguna curva, si hay cuevas en el mismo o por el contrario es recto y pueden ser vistos desde donde tienen montado el campamento.
Si hay que correr un poco de riesgo que sea ahora, piensa inquieto. Después el riesgo será para los dos. Según avanza por el desfiladero, el camino toma una ligera curva hacia el norte lo que bloque la visión directa, pero al menos desde allí, no se atisba cueva, terraza o refugio alguno.
Cualquiera que se asome desde el borde, puede verlos al momento y Osi no se hace ilusiones. La distancia a caballo sería muy fácil de recorrer. Aun así, no tienen muchas opciones y deben arriesgarse. Piensa en una solución que sabe a Mai no le va a gustar, pero tiene que convencerla. Con cuidado, vuelve sobre sus pasos y regresa junto a su pareja que mira inquieta hacia el lugar donde ha desaparecido.
- - Muy cerca de aquí, el desfiladero hace una curva que evita la visión desde el campamento. Si se han quedado en la entrada es porque no creen que hayamos llegado hasta aquí y esperan sorprendernos cuando estemos frente a la garganta.
- - Entonces podemos ponernos en marcha y avanzar toda la noche. ¿Has visto el final? ¿está muy lejos?
- - En la noche no se ve nada, pero si en la salida debía haber algo de claridad, desde luego no se distinguía. Debemos pensar que es largo y actuar como tal.
- - Desde el momento en que nos pongamos en marcha, estaremos a la vista de cualquiera que recorra el borde desde arriba. Si no lo hacen por seguridad, pueden patrullar por puro aburrimiento.
- - Si. Pero sabes que no tenemos mucho donde elegir. Verás, he pensado que tú vas a iniciar la marcha hacia la salida. Yo esperaré aquí al menos dos horas antes de seguirte. Si nos descubren, intentaré retenerlos de alguna forma.
- - ¡Tú estás loco! ¿qué vas a retener tú si no sabes manejar la espada y ellos tienen armas mejores y experiencia de guerra.
- - Ya lo sé´. pero no hay otra forma. Si no nos descubren y el desfiladero es corto, nos veremos a la salida en cualquier punto que encuentres a cubierto
Mai mueve la cabeza negando, pero sabe que no hay muchas más posibilidades. Claro que prefiere afrontar juntos el peligro, pero sabe que Osi sólo puede intentar resistir mientras que con ella se dejará matar si con eso salva su vida.
- - Pues vamos a ello, pero recuerda, como esto sale mal si no te matan los Yamnaya lo hago yo.
Osi sonríe. Mai está buscando poner buena cara a su desesperación para que él no se preocupe, aunque ambos saben que a ella la quieren viva y él sólo es un estorbo.
Cargando todos los bultos que puede, la mujer se pone en camino. Quedan varias horas de oscuridad y hay que aprovecharlas.
Mientras Osi mueve algunas piedras sueltas que encuentra para poner impedimentos a los caballos. Sabe que seguramente no servirá de nada, pero así tiene algo que hacer durante la espera. Cada momento que le da a Mai, ésta tiene más posibilidades de llegar hasta el final de la garganta.
Uno de los guerreros se levanta para orinar. Se acerca al borde y se alivia mirando como cae el líquido hacia la oscuridad. Está tan cerca de la hoguera que casi no llegar a ver más allá de la distancia de una lanza. De no ser así y girando un poco la cabeza, podría divisar una silueta oscura que se aleja por el desfiladero.
El Yamnaya mira hacia atrás y ve a su compañero dando un largo trago al pellejo donde llevan la cerveza que se han procurado durante el camino hacia el Este. Con una maldición se lanza a quitarle de la boca la bebida antes de que acabe con ella. Se ponen a pelear revolcándose en la tierra, pero ambos están tan saciados de carne y borrachos que casi de inmediato se quedan dormidos allí mismo.
Osi calcula el tiempo que ha pasado desde que Mai inicia la marcha y se dispone a seguirla. El ruido del borde ha aumentado durante un rato, pero después, casi de repente, se ha silenciado. Si los guerreros están dormidos será perfecto, pero como a alguno se le ocurra montar guardia o hacer una ronda Osi estará perdido.
Con rapidez, camina hasta que la curva de deja fuera de la visión directa, pero a partir de que deja de observar la claridad en lo alto del borde, echa a correr con todas sus fuerzas. Los bultos que Mai no ha podido llevar le golpean en el pecho, la espalda y los muslos, pero ya se quejará después si consigue salir.
En seguida se resiente del esfuerzo. Desde que lo cogió la misteriosa enfermedad su pecho comienza a sonar como un tubo de música en cuanto se pone a prueba. Mai no ha conseguido devolverle del todo la salud y la mujer piensa que tendrá que tener cuidado toda su vida. Ahora le hace gracias que pueda morir por un lanzazo de los Yamnaya o de su propio pecho.
Baja un poco la intensidad de la carrera o no llegará mucho más lejos. No se ve ningún indicio de que el final esté cerca. Incluso de noche, debería verse cierta claridad al salir de las altas paredes.
Espera que no haga tanto ruido como para despertar a sus perseguidores, pero no puede saber cuál es la amplitud del sonido ni si están en condiciones de escuchar nada.
De golpe se encuentra corriendo contra una corriente de aire que necesariamente viene de la entrada. Eso le da ánimos para forzar un poco. Todavía tiene que encontrar a Mai y al mirar atrás, observa que el cielo comienza a clarear.
Una vez fuera del desfiladero, Osi busca con la mirada a Mai y la encuentra muy cerca de la boca del mismo esperando. En seguida se da cuenta de porqué está allí. No hay refugio alguno en el entorno de la salida. A lo lejos, se distingue el inicio de un bosque que puede servir de refugio, pero está lejos y Mai no se ha atrevido a ir hasta allí sin saber de Osi.
No se paran a discutir sobre la oportunidad de la espera. Al menos Mai ha descansado y se pueden poner en marcha de inmediato.
Pero el amanecer avanza muy rápido una vez que el sol ha superado la altura del borde del desfiladero. Ahora son un objetivo claramente visible y aunque son conscientes de ello, Osi casi no puede más a ese ritmo y tienen que bajarlo hasta casi sólo caminar.
Una patada en el costado hace que los Yamnaya se despierten de golpe. El sol está alto y al que tienen delante es la Nge que furioso les sigue pateando hasta que consigue que se pongan en pie.
- - ¿eso es una forma de vigilar? - grita
- - Llegamos ayer, establecimos las guardias y cazamos nuestra comida. Hacía tres días que sólo comíamos esas asquerosas galletas. En todo ese tiempo no ha pasado nadie por el desfiladero.
- - Como ves, nos hemos colocado en la entrada y junto al borde. Nadie puede pasar sin ser vistos. - comenta el segundo de los guerreros
- - Idiota puerco de mierda - grita Nge. ¿ves a alguno de mis guerreros abajo?
- - Abajo no hay nadie Nge.
El jefe de la partida lanza un silbido y de detrás de dos paredes distintas surgen dos jinetes que están observando los distintos pasos hacia la garganta. Uno de ellos lanza un grito y señala el camino adelante.
Nge lanza una patada en el bajo vientre al guerrero que pilla más cerca y le grita - ¡Como que no ha pasado nadie!
Monta en su caballo y junto a sus hombres cabalga por el borde del acantilado siguiendo la dirección que le ha señalado su rastreador. Éste, por su parte galopa por la garganta a la par que sus compañeros lo hacen por arriba.
En poco tiempo llegan a la salida y Nge observa dos sombras a lo lejos. Están cerca de un bosque donde, sin duda, pretenden esconderse. Lanza un grito al guerrero que está abajo que lanza con fuerza a su caballo en persecución de los fugados. Mientras Nge ve que en esa zona no hay salida para los caballos y que tiene que volver hasta la entrada y dar la vuelta. Lanzando un juramento, ordenas que le sigan sus hombres mientras vuelve sobre sus pasos y toma la entrada a toda la velocidad que le permite su montura.
El rastreador ya tiene a la vista a la pareja que huye. Están muy lejos todavía, pero cree que los podrá alcanzar antes de entrar en el bosque. Y si entran no importa. El aprendió a montar en un lugar donde los árboles son altos como montañas y no será impedimento que intenten ocultarse allí.
Osí ha oído a Nge y le grita a Mai que corra hacia los árboles. Cuando lleguen espera que los hombres del Yamnaya le sigan a él y eso le permita a Mai buscar refugio. Pero sabe que en el mejor de los casos eso sólo será un respiro.
Con pavor observa que un jinete está mucho más cerca. Seguramente no se encontraba junto a su jefe en las alturas del desfiladero y ha tenido más tiempo para acercarse.
Se encuentran ya muy cerca del bosque, pero no sabe si será suficiente. Mai y él se separan, como estaba decidido y cada uno entra en el bosque, por un lado.
El jinete sabe que el objetivo a matar es el hombre y que después será fácil capturar a la mujer. Gira el caballo en la dirección adecuada y tomando una espada en su mano grita su temible proclama de guerra. Osi tiene el poco consuelo de que al menos, Mai tendrá un poco más de tiempo para esconderse.
Tras los primeros árboles, Osi se vuelve hacia el guerrero que está a muy pocas lanzas de distancia y coge su espada. No cree que tenga muchas posibilidades, pero no se va a dejar matar como una oveja.
El guerrero alza su espada cuando una piedra lanzada con una fuerza tremenda impacta en su cabeza haciéndole caer del caballo despaldas y rompiéndose el cuello en la caída. Osi se vuelve hacia el lugar donde ha salido la piedra y observa a un tirador de honda que junto a otros cuatro o cinco se ríen de la forma de caer del guerrero Yamnaya.
Osi grita que vienen más pero no sabe si le entienden. Éstos, por su parte le hacen señas de que venga hacia ellos, pero Osi quiere ir hacia donde está Mai. Los hombres le hacen señas de que no vaya a allá y que les siga y él cree entender que tienen a Mai con ellos. No sabe sus intenciones, pero sin duda acaban de salvarle la vida. No puede ser peor.
A los pocos minutos, Osi y Mai se encuentran. Hay decenas de guerreros con honda y algunas mujeres que también van armadas. Un pequeño grupo del ayuda a caminar por una senda casi invisible hacia el interior del bosque mientras los guerreros se disponen a resistir el ataque Yamnaya.
Nag observa el caballo de su explorador y su cuerpo caído. No tiene dudas de que ha sido abatido y ordena frenar el avance. Cuando llega a la altura del jinete, mira la herida de la cabeza y sabe que ha sido una piedra lanzada lo que lo ha derribado. Osi, en ningún momento ha mostrado ninguna destreza con arma alguna así que Nge cree que ha recibido ayuda.
Durante la dominación del territorio, los Yamnaya han encontrado poca resistencia por parte de los aislados poblados que se encontraban, pero se sabe de que en algunos lugares, la población se ha reunido en alturas fáciles de defender y que cuentan con recursos para resistir y desde allí han lanzado ataque rápidos contra los guerreros que pillaban desprevenidos.
Aquí debe haber algún lugar así. Tiene que tomar una decisión. Si pierde mucho tiempo aquí por esa mujer, puede llegar a estropear todo lo conseguido y que el poblado que ahora domina caiga en manos de otro grupo de su tribu y tenga que volver con su familia con las manos vacías. Pero tampoco puede dar por perdida la captura de la pareja o su reputación sufrirá tanto como la otra opción.
Ordena a dos de sus hombres que avance despacio con las lanzas prepararas mientras el resto le sigue a una distancia prudente que les permita escapar de un primer ataque y poder responder rápidamente.
En seguida surgen dos hombres que lanzan sus piedras contra los guerreros impactando en uno de ellos que cae herido, pero el otro ha atravesado a su agresor con la lanza y cuando se vuelve ufano para exhibir un gesto triunfal, dos hombres más, con sus hondas acaban con su vida. Nge y uno de los dos hombres que le quedan avanzan despacio para recoger al herido al que llevan hasta sus caballos.
Con una mirada ordena al que despertó a patadas y que decía que la pareja no había pasado a que avance a recoger al muerto para honrarle como debía por caer en combate.
- - Ahora tienes la oportunidad de borrar la deshonra en la que te has cubierto por no cumplir con tus obligaciones. O traes a tu compañero o mueres en el intento.
El guerrero sabe que no puede negarse. Ni siquiera se plantea huir. No tendría donde esconderse de la caza a la que sería sometido y sin aliados caería en cuestión de horas. Con la lanza por delante, camina despacio hacia su compañero caído. No cometerá su mismo error. Recogerá su cuerpo y saldrá de allí vivo.
Los hombres del bosque observan que sólo va a recoger el cuerpo. Siempre y cuando no les ofenda, serán magnánimos y le permitirán retirarse.
Cuando el guerrero vuelve al lado de Nge y los caballos, cargan los muertos y heridos y con un grito de furia, Nge ordena volver.
Es una derrota, pero a manos de guerreros enemigos. Después adornará la batalla para ponerla más a su favor, pero ahora hay que hacer olvidar que todo eso comenzó por empeñarse en querer retener a una mujer.
El problema es que trajo refuerzos para tener más hombres en el poblado y al final va a tener menos que antes. Pero, al menos de momento, no puede ir a buscar más hombres o tendría que dar muchas explicaciones.
El grupo de hombres y mujeres armados que los habían salvado procedían de numerosos poblados atacados y arrasados por los Yamnaya.
Se habían refugiado en el Bosque porque los guerreros evitaban las zonas arboladas donde podían caer en emboscadas en las que sus caballos les eran del todo inútiles.
No tenían un líder específico al que seguir. Sólo aquel hombre o aquella mujer capaz de organizar un ataque contra los feroces Yamnaya y tenía éxito lideraba el grupo hasta su muerte. Como liderar significaba ser el primero en atacar y el último en retirarse, la jefatura del grupo cambiaba a menudo.
- - Soy Ari. En estos momentos paso por ser el responsable de esta banda.
Un montón de risas acogieron sus palabras.
- - Más que nada porque ya hemos organizado tres encuentros contra los Yamnaya y seguimos aquí.
Otro coro de risas le secundada. - cuatro si contamos lo de hoy - dijo uno que se encontraba un poco alejado.
- - Bueno, lo de hoy no estaba organizado, pero tumbar a dos de esos guerreros nunca es poca cosa.
- - Y hacerlos retroceder, que se han ido corriendo. - grito otro.
- - Os estamos muy agradecidos. Sin vuestra ayuda ahora estaríamos muertos. Al menos yo.
- - Si. La mujer tendría más posibilidades de sobrevivir.
- - Bueno, contarnos. ¿Qué habéis hecho para merecer ser perseguidos por los temibles guerreros Yamnaya?
- - En realidad nada. El líder de esos guerreros en la población que controla el intercambio de la sal se encaprichó de Mai y tuvimos que escapar. Las cosas se pusieron muy peligrosas y nos pusimos en camino de vuelta a casa aprovechando que su líder viajó a su tribu por refuerzos.
- - Bueno. Hasta ahora no han intentado cruzar el bosque y rodearlo no compensa porque también hay grupos que se les oponen en las montañas del norte y bastante al sur, hay un poblado de nuestra gente bastante grande que tiene fosos y muros de piedra para defenderse.
Con el tiempo pasarán, pero mientras resistimos.
Osi quería continuar el camino cuanto antes. No quería volver a caer en los mismos problemas que ya habían pasado, pero Mai preguntó por la misteriosa enfermedad pasada y las necesidades que tenían.
- - Sabemos de su existencia, pero nuestro sanador nos dijo que las personas que llegarán nuevas al bosque se quedarán en una zona delimitada y que si en una luna no estaban enfermas podían integrarse entre nuestra gente. Solo hubo un caso y ni siquiera fue grave.
Lo más trabajoso fue conseguir la cantidad de hierbas y plantas que nos pidió. Casi 10 lanzas de lado tuvimos que limpiar de bosque para organizar un huerto con espacio necesario.
- - ¿Sigue aquí ese sanador? Tenemos algunas hierbas que seguramente querrá tener a nano - preguntó Mai.
- - Si. Está en la parte sur del bosque cuidando a los heridos de ka lucha contra los Yamnaya. Hizo construir un grupo de cabañas aparte del poblado para tener a todos los heridos juntos y no perder tiempo desplazándose por el bosque.
- - ¿Se le puede visitar? Me gustaría ver lo que habéis conseguido aquí para los cuidados de los heridos.
- - ¡claro! Mañana si quieres te acompaño.
- - Agradecida.
- - Además tengo una petición que haceros. Se la proponemos a todos los visitantes. Esta noche, en la comida os lo cuento.
- - Hemos tenido que dejar en el camino gran parte de nuestros enseres, incluyendo las piezas de intercambio para las comidas ceremoniales, pero podemos encontrar o hacer algo que sea digno si nos dais unos días.
- - Aquí no se llevan esas cosas. Si tenemos que huir ¿se las íbamos a dejar al enemigo?
- - Aun así, me gustaría tener algún presente con vuestro pueblo. Ya pensaré algo
- - Ya te he dicho que esta noche os haremos una petición. No estáis obligados a aceptar, pero sería de mucha utilidad que lo hicierais.
- - Pues esta noche nos lo cuentas.
Pasaron el resto de la jornada preparando su alojamiento. Y después pasearon por el bosque. Mai buscaba algunas plantas que brotan entre los árboles y que pueden ser buenos para cuidar de las personas de mayor edad. Uno de ellos es el ginkgo.
Mai le conoció en el santuario, aunque allí las reservas eran muy limitadas por llegar solo de las rutas de intercambio del norte.
Es un árbol cuya hoja se abre como una mano, pero no es el único remedio que se puede coger. Con muchas bayas silvestres se pueden elaborar remedios naturales para diferentes dolencias. El problema, como siempre es la cantidad a coger y el transporte.
A pesar de todo lo que dejaron, van muy cargados con los enseres de sus bolsas de piel y Osi es muy reacio a cargar más.
Pero siempre que se encuentra alguna planta especial, hace un hueco en su bolsa.
Ari llegó para encontrarse con ellos.
- - ¿Quieres conocer a nuestro sanador? Está cerca de aquí
- - claro, respondió ella. Me encantará.
- - pues hay que atravesar este trecho de Bosque y salimos a una pequeña senda. No está muy marcada para que no la distingan nadie ajeno a nuestra gente.
- - pero ¿y nosotros?
- - jajaja. Los enemigos de nuestros enemigos son nuestros amigos. Además ¿sabrías orientarte sola otra vez por este bosque? Mira que es muy confuso. De hecho, cuando os he visto, habíais pasado dos veces por el mismo sitio. Dabais vueltas al mismo lugar
Osi y Mai se echaron a reír. - No dábamos más que un pequeño paseo sin un destino determinado, pero desde luego, no sabíamos que lo hacíamos en torno al mismo lugar.
Atravesaron un grupo de árboles y encontraron el sendero. El primer tramo estaba camuflado con pasto segado y esparcido para ello.
- - Cuidamos mucho de los nuestros, especialmente aquellos que pasan por una situación de mala salud o han sido heridos. En caso de ser atacados no podemos sacarlos rápidamente de aquí, pero hay un grupo de voluntarios cuya misión es atraer los ataques hacia ellos, aunque eso los ponga en un peligro mayor.
- - Pero eso es salvar a uno a costa del peligro de otros - comenta Osi.
- - En realidad no. Es que los que tienen una oportunidad se luchar o incluso huir, le brindan una a los que no pueden y que, en el caso de los heridos, ya han dado su salud antes en algún combate. Les debemos el cuidado que necesitan.
Mai tiene lágrimas en los ojos. Desde que salieron expulsados de su pueblo ha visto gente que abandonaba a los suyos estando enfermos para disfrutar de una supuesta libertad; había visto como se cuidaba a las personas para sacar más aprovechamiento de sus vidas y aportar más riqueza a un grupo minoritario y ahora, por fin veía a gente que cuidaba de los suyos aún a riesgo de si propia vida incluyendo la acogida de cualquier viajero que se encontrara en apuros.
- - Sois maravillosos. En lo que esté en nuestras manos podéis contar con nosotros para lo que nos queréis proponer esta noche.
- - Debes esperar a saber que es. No podemos crear ilusiones que después no podamos cumplir. Y ya ves que digo "podamos" porque no siempre es posible, aunque queramos hacerlo.
- - Sea - admite Mai, aunque está convencidas poder decir sí a personas tan buenas y generosas.
El sol esta6declinando bajo las copas de los árboles más altos cuando llegan a una edificación singular.
Es como un grupo de cabañas conectadas entre sí con un murete que las une y las protege.
Fuera, están dispuestas piedras, troncos de árbol cortados y una especie de banco hecho con ramas gruesas.
Casi todos los espacios están ocupados por personas heridas o enfermos. Disfrutan de la tibia temperatura y de los últimos rayos de sol.
Un hombre muy alto vestido con una especie de piel que le cubre por delante y se ata a la espalda, se mueve entre ellos mientras les da alguna fruta, algo de comida preparada o un poco de infusión.
- - Rom, dijo Ari - quiero que conozcas a estos dos viajeros
El hombre miró con curiosidad a la pareja w hizo un saludo inclinando la cabeza.
- - Bienvenidos. Si de dais un momento, en seguida os atiendo.
- - Si quieres podemos ayudar.
- - Estupendo, entrega fruta a ese grupo de ahí y si tú quieres, te encargas de la comida caliente. A ti, Ari te encomiendo repartir esta infusión entre los que están sentados en la bancada.
Todos se pusieron a cumplir con lo pedido y en muy poco tiempo habían terminado.
Después se sentaron en un rincón de la cabaña agrupada a tomar el resto de la infusión.
- - Aquí cuidamos de los enfermos y de los heridos. Especialmente buscamos el bienestar de los que no van a salir adelante, para que tengan un final lo más tranquilo posible.
Quizás no podamos curar a esa persona, pero podemos sanar su forma de pensar y que el dolor sea soportable. Así hará frente, de mejor manera, a la muerte irremediable. Lo que intentamos es que al dolor por saber que se va a morir, no se sume el dolor de la enfermedad o las heridas.
- - Para conseguir eso ¿qué planta usas? - pregunta Mai muy interesada.
- - Bueno, la verdad es que lo hacemos con unos hongos. Los conocí en el pueblo donde me hice adulto, aunque allí los usaba el chamán para comunicarse con los espíritus. Yo me había lesionado y tras consumir aquello, el dolor casi desapareció. Durante casi un día el chamán me pareció realmente un gran hechicero pues me había curado, pero a la mañana siguiente el dolor volvió y comprendí que la lesión no se había curado.
- -En nuestro pueblo, usaron la rússula en las comidas ceremoniales en las que participa la élite del poblado.
- - Si. Es el mismo hongo y aquí se llama igual. Pues bien, es capaz de cambiar el estado de ánimo y cambiar la sensación de dolor y de placer. Además, ni crean la necesidad de tener que consumirlas ni son tóxicas.
- - Como en lo referente a la cerámica decorada, aquí no se guarda nada para una élite que en realidad no existe - añadió Ari, todos los recursos son para todos según las necesidades de cada uno. La única autoridad es nuestro sanador que nos dice si algo es bueno o por el contrario puede resultar dañino.
Siguieron hablando hasta que Rom le preguntó a Ari si les habían hecho la propuesta que se hacía a todos los visitantes que llegaban.
- - No y eso me recuerda que debemos ponernos en marcha. Tened paciencia. En un rato hablaremos de ello junto a toda nuestra gente.
Se pusieron en pie y deshicieron el camino que los había llevado hasta allí.
A pesar del enfrentamiento de la mañana, el ambiente era festivo. O quizás, precisamente porque nunca se sabía cuándo un enfrentamiento podía salir mal y perder la vida se vivía como si fuera el último día.
Muchos acompañaban la comida con sonidos creados con pequeñas ramas ahuecadas que soplarán o grandes troncos golpeados que emitían un bronco sonido.
Ari, poniéndose en pie decidió que ya era el momento de ponerse serio y tratar la llegada de los visitantes, el homenaje al guerrero muerto esa misma mañana y lo que la comunidad del bosque deseaba de los llegados.
- - Hoy, uno de los nuestros ha partido para vivir con los ancestros y que su cuerpo devuelva al bosque una parte de lo que el bosque nos da.
- - Ubuntu, somos bosque, exclamación los presentes.
- - Hik ha dado su vida para salvar a dos personas sin distinción porque fueran desconocidas igual que el bosque da alimento y sombra a todos sin distinción.
- - Ubuntu. Somos bosque, repiten los asistentes.
- - Sed bienvenidos y que vuestro corazón recuerde a nuestro compañero pues laten gracias a que el suyo ha dejado de hacerlo.
Todos volvieron la vista hacia la pareja como esperando algo.
Ambos se miraron y exclamaron: - Ubuntu, somos bosque.
Una gran sonrisa de satisfacción se dibujó en la gente que les rodeaba y muchos inclinaron la cabeza en señal de reconocimiento.
- - Como veis un bosque se mantiene con árboles nuevos y el viento puede llevar las semillas hasta distancias difíciles de calcular. Y eso es lo que os pedimos, que llevéis las semillas del bosque hacia vuestra tierra. Que hagáis bosque allí donde estéis establecidos.
- - ¿Como haremos eso? - pregunto Osi.
- - Algunos de los niños más mayores, que quedaron huérfanos necesitan salir del Bosque y tener una oportunidad de una vida mejor. Sus padres y madres, como ocurrió esta mañana dieron su vida por nuestro pueblo. Es nuestra obligación que sus hijos reciban la recompensa que ellos no tuvieron.
- - ¿queréis que los niños vengan con nosotros? Pero eso ¿no es cruel? ¿No están aquí sus seres queridos, sus amigos?
- - Aquí son demasiado mayores para cuidar de ellos y demasiado niños para que puedan atender ellos a sus propias necesidades. Son niños y niñas y necesitan libertad, jugar, ver el sol, aprender a vivir con normas. Una vida lo más normal posible. Por eso queríamos proponerlo así, en nuestra comunidad, para poder contestar a todas vuestras dudas.
- - Si ellos están de acuerdo, yo no tengo dudas. Irán con nosotros a nuestro poblado e irán como si fueran nuestros hijos.
- - Muchos hijos vas a tener de golpe dice riendo Ari.
Alzando la voz llamó a su presencia a los niños que estaban en una cabaña próxima.
- - Had, Illo, Ayet, Suss, Osh y Erla. Venid
Seis chicos y chicas de diversas edades salieron de la cabaña y se pusieron frente a Mai y Osi. Éstos estaban perplejos. ¡No tendrían que elegir!
Miraron a Ari que sonriendo les indicó que podían hablar con ellos.
La pareja se miraba confusa. ¿Cómo iban a decir a unos chicos que se vendrían con ellos y a otros no?
Ari esperaba pacientemente. Había ocurrido otras veces, muchas en realidad, que los visitantes no esperaban lo que se necesitaba de ellos y a pesar de querer ayudar, rehusaban atender la petición.
Pero esta vez estaba convencido de que esos extraños sentirían que podían ayudar a alguno de los chavales.
Los chicos se daban cuenta de que algo pasaba. Ni Mai ni Osi les dirigían la palabra y Ari Francia el ceño.
Por fin ambos, puestos de acuerdo con sólo mirarse, se dirigieron al jefe de la comunidad.
- - Nos gustaría darte la respuesta mañana por la mañana. Antes tenemos que hablar entre nosotros pues es una decisión muy grave que debe ser meditada.
Ari soltó un suspiro y otro tanto ocurrió con los muchachos. Pensaban que la pareja se negaría a un compromiso tan importante. Tenían una segunda oportunidad a la mañana siguiente
Cuando Mai y Osi estaban junto a su cabaña, sentados en el suelo, Ari se aproximó a charlar.
Tenía en mente responder a todas las cuestiones que les planteará esas dos personas que, estaba seguro, intentarían el bien de los niños como fuera.
- - Creo que os hemos asustado hoy. - dijo a modo de saludo.
- - La verdad es que era imposible adivinar lo que ibais a pedir.
- - Es lógico que tengáis dudas. Es mucha responsabilidad.
- - No tenemos dudas sobre los chicos. Si ellos quieren venir con nosotros, formarán parte de nuestra casa hasta que sean adultos.
- - ¿quieren? ¿Pensáis llevar a más de uno?
- - ¡Claro! ¡Como íbamos a elegir! Nuestras dudas se basan en cómo hacer el viaje.
- - Son bastantes mayores y están preparados. ¿Cuántos pensáis llevar con vosotros?
- - ¿cuántos? ¡los seis! - contestó Mai. No podemos rechazar a ninguno de ellos, pero por favor, ¡no aumentes más el número!
- - Nuestro debate consistía en cómo hacer ver a Arlo, el jefe de nuestro poblado, de la buena medida que es aumentar la población con gente joven. Que no solo no serán una carga, sino que les enseñaremos todo lo que sabemos hacer y, así lo quieren, seguirán nuestros pasos.
- - Vamos a intentar hacer cómo vosotros en el tratamiento de los ancianos y heridos, aunque allí no ha habido combates en mucho tiempo. Creemos que Had sería perfecta para ayudarme a sacar adelante un lugar así. Los chicos pueden ayudar a Osi en los trabajos colectivos y las demás aprender a trabajar la arcilla como vimos en el santuario.
- - Veremos que dice Arlo, pero hemos aprendido en el poblado de la sal, que si no tienes un lugar donde te acojan, puedes crear uno propio.
Ari estaba conmocionado. Iban a mejorar la vida de todos los huérfanos mayores y lo iban a conseguir con todos a la vez.
- -Ubuntu. Somos bosque y vosotros sois como la Madre
Los preparativos demoraron varios días la partida. No porque los muchachos tuvieran mucho que preparar, sino porque la comunidad del bosque decidió esforzarse en buscar aquellos elementos que, aún rechazados en su territorio, podían ser de utilidad para la presentación de los seis niños en su nuevo poblado.
Se rebuscaron piezas de arcilla, elementos de cobre, viejos adornos, productos elaborados y todo aquello que, sin que supusiera una carga para los jóvenes, pudiera ser de utilidad.
También planificación el viaje. Serían escoltados por un grupo armado hasta el límite norte del Bosque y desde allí hasta el nacimiento del gran río donde la escolta dará la vuelta. El motivo principal es que, a partir de ahí el viaje, aunque durará unas tres lunas más es bastante fácil y es muy posible encontrar grupos de intercambio que la recorran hasta las cercanías de las tierras de Mai y Osi
Las expectativas del viaje tienen alterados a todo el mundo. Los niños no hacen más que preguntar sobre el lugar donde van a vivir, como es una población fuera del Bosque.
Mai y Osi también sufren los efectos del nerviosismo. Ahora que ven el tramo final del viaje, ¿como reaccionará Arlo y sus aliados ante la vuelta de los expulsados? En realidad, no tienen prohibido volver, pero ¿cuenta alguien con que lo hagan?
Ya tenían decidido que se someterán a las normas sin discutirlas y trabajarán para vivir en paz con los principales del poblado, pero ¿qué pensarán de la llegada de seis niños al poblado? ¿Podrán quedarse todos allí? ¿Tendrán que fundar un nuevo hogar? Son tantos las incertidumbres que están muy agobiados.
Pero también está próximo el reencuentro con Iría y con los amigos que dejaron atrás.
Llegaron a un pequeño claro en el bosque donde se habían construido varias cabañas.
Obviamente no era un asentamiento grande. Quizás ni siquiera un destacamento de trabajo ya que, en el bosque, no parecía que se realizará industria alguna.
Cuando se aproximaban a la entrada poco más que un poste con marcas situado en una abertura entre dos cabañas, salió a su encuentro una mujer muy mayor.
Vestía prendas de piel de elaboración muy antigua. Como se hacía antes de comenzar a tejer la lana.
Le daban un aspecto de haber salido del tiempo de los antiguos.
Sus adornos, que en casi todas partes serían elementos para mostrar su posición social, se basaban en brazaletes pétreos de pizarra y piedras calcáreas, anillos y colgantes de hueso y lo más asombroso en esas tierras, adornos elaborados sobre conchas fluviales.
La mujer hizo un saludo de bienvenida, pero sin decir una palabra y, con un gesto les invitó a entrar en una de las cabañas que se encontraba en mejor estado.
Osi y los niños recelaban de aquella mujer que no contestaba a sus saludos y que, sin embargo, si participaba de las costumbres de hospitalidad, pero Mai casi desde el primer momento, sintió un gran respeto y se mostró muy afectiva hacia ella como si hubieran conectado de alguna manera.
En la cabaña había una lumbre y junto a ella un recipiente de madera que humeaba lo que parecía una infusión.
Junto al fuego, piedras puestas a calentar para hacer hervir el agua. Parecía como si estuvieran viendo la forma de vida de los antiguos.
Mai hizo un gesto como pidiendo permiso para que los jóvenes pudieran salir y dejar a los adultos hablar. Y la anciana accedió con un gesto de cabeza sin despegar los labios.
Osi no sabe el porqué, pero a pesar de no haber emitido ni un sólo sonido, la mujer se hace entender perfectamente como si estuvieran vinculados por un lenguaje especial. Pero lo más asombroso es que Mai no sólo parece entenderlo, sino que participa de ese lenguaje que la une a esa mujer como si de un vínculo afectivo se tratara.
Cuando los niños han salido la mujer sirve la infusión en unos cuencos de madera que han sido labrados mediante el vaciado de su interior. Osi mira al rededor y se da cuenta de que no hay pieza cerámica alguna en la cabaña. Todo está hecho de piedra, madera y hueso.
Mientras él está distraído mirando la cabaña y tomando la bebida, Mai y ka anciana siguen conectadas como si de una conversación, sin sonidos, sin grandes gestos, pero muy intensa se cruzara entre ellas.
Sugirió a Mai que pidiera permiso para pasar la noche allí y la mujer le contestó que no sólo tenían permiso, sino que ya tenían destinada una cabaña, la que estaba junto a la que estaban para ellos y los niños.
- - Pero como sabía.... ¿quién ha preparado...
Osi está confuso. Por lo visto les esperaban, aunque ellos no sabían de la existencia de ese poblado ni de la mujer.
Además, se da cuenta que los guerreros que los acompañan no han entrado y con un gesto hacia la anciana, sale a ver si están instalándose para pernoctar.
Al salir de la cabaña los ve preparando el vivac.
- - Podemos alojarnos en el poblado - les dice
- - nosotros preferimos acampar aquí. No queremos perturbar con ruidos innecesarios la paz de la mujer del Bosque.
- - ¿ya conocíais este lugar?
- - Que yo sepa, ninguno de nosotros hemos estado nunca tan al norte de nuestro punto del bosque.
- - y ¿por qué la llamas la mujer del Bosque? ¿Es como si fuera la jefa del poblado o algo así?
- - Bueno, toda la zona arbolada está habitada de personas que cuidan del Bosque y de los que por él caminan. Suelen ser muy mayores, con costumbres muy antiguas y según algunos, tienen poderes extraños. La mayoría respeta su presencia, pero a nosotros no nos gusta estar tan cerca de ella. En cuanto estéis preparados, continuaremos la marcha. Hasta entonces nosotros acampados aquí.
Buscó a los chicos y se sorprendió de hallarlos en la cabaña asignada. Cuando entró estaban tomando una cena preparada que, por la forma de devorarla, debía estar sabrosa. También había un gran recipiente, como todos los demás de madera, con leche, aunque por allí no se oía la presencia de animal alguno. Quizás se encontrará en otro punto del bosque.
- - ¿nos podemos quedar las piedras? - pregunto Had
- - ¿qué piedras?
La muchacha mostró unos adornos para colgar basados en la colocación en una tira fina de piel, de cuentas de pizarra esquisto que terminaban en una gruesa aguja de piedra de color verde.
- - ¿de dónde lo habéis sacado? ¿Habéis trasteado en las cabañas? - Osi estaba enfadándose al pensar si habían cogido algo ajeno pero Had contestó
- - había un adorno encima de cada uno de los lechos y tenemos uno para cada uno de nosotros. Son todos iguales, y hemos pensado si son un regalo.
- - preguntaré. Por si acaso dejarlos a un lado y mañana sabremos si lo son.
Osi sale y cambia de vuelta hacia donde están las mujeres dándole vueltas a cómo podía estar preparada una visita que nadie tenía prevista y con un escalofrío recuerda las palabras del guerrero sobre extraños poderes.
Al entrar ambas mujeres continúan en silencio, pero unidas de las manos. Parecen en trance.
En algunas ocasiones es Mai ha participado de ese tipo de ritos tanto en su poblado como, más recientemente, en el santuario y Osi suele mantenerse apartado.
Al observar de cerca a la anciana, Osi se da cuenta de la multitud de abalorios que lleva consigo y de que muchos de ellos serían considerados antiguos.
Es el caso de los anillos de hueso, conchas y cuentas de piedras de pizarra negras, tradicionales de una época en la que este tipo de adornos personales eran muy comunes, pues se hacían con elementos que estaban al alcance de cualquiera. Representaban los colores blanco y negro.
Mucho más moderno es el uso de cuentas de piedra verde que según le enseñó Mai es una piedra que ella llama variscita.
La mujer parece una especie de recordatorio vivo de las costumbres, símbolos y elementos utilizados por hombres y mujeres desde tiempos muy remotos.
Osi dio un respingo cuando observó que la anciana tenía los ojos abiertos y le miraba fijamente.
Aún sin mover los labios, las dudas del hombre sobre lo que estaba sucediendo se disiparon. Bajo el influjo de esa mirada su cabeza se llenó de información sobre porqué era completamente normal lo que estaba ocurriendo.
El pequeño reflejo de voluntad propia que se negaba a entregarse a la influencia de esa mujer, le hizo retroceder con mucho esfuerzo y conseguir salir de ka cabaña.
Dentro de la cabaña, Mai sujetaba un ancho hueso que contenía ocre y cinabrio, mientras la anciana marcaba una línea tras otra partiendo del blanco y negro, después el rojo, el verde, el amarillo y finalmente una gruesa línea azul.
Después de decorar el brazo de la mujer con los colores, colocó un brazalete de cobre junto a la franja azul que representaba el color amarillo y el futuro.
La joya, de muchísimo valor, ajustaba perfectamente al brazo de Mai que recibía toda esta información sin que la anciana hubiera emitido ningún sonido de su boca.
Así, Mai comprendió que la presencia de la mujer estaba motivada por el recuerdo de las personas que habían pasado o se habían establecido en esa parte del Bosque desde los tiempos más antiguos. Entre su gente, que nunca se dejaba ver a los extraños, siendo la anciana el único nexo de unión con las demás tribus, existían distintos grados de memoria según la edad de las portadoras. Así, desde niñas que guardaban pequeños hechos hasta mujeres adultas que ya constituían depósitos de memoria colectiva de muchas generaciones y que podían "recordar" el simbolismo o los códigos éticos de pueblos de los que ya casi nadie más tenía en la memoria.
Una serie de imágenes de cuerpos en un sepulcro megalítico que no había sido utilizado para enterramientos posteriores y por tanto, los restos de los antiguos que allí reposaba estaban intactos, poseían entre los mismos, cuentas de minerales de color verde, adornos de hueso, algunos tenían cuentas de lignito o de conchas fluviales. Además, todos ellos tenían bandas de cinabrio en la cabeza y en los brazos.
Muchos otros cuerpos, no tenían adorno alguno sino que junto a ellos reposaba piezas de cerámica, útiles de sílex, algunas letras de cobre como la que Osi hizo para ella y que usa en la decoración de la arcilla y una especie de ídolos con forma de espátula como las usadas para rascar las piezas antes de su decoración.
Después las imágenes pasaron por una etapa posterior en las que había más piezas de arcilla decorada, elementos metálicos y cada vez menos adornos porque los de hueso o piedra se despreciaba y en lugar de seguir honrando a la Madre se buscaban piezas que salían del fuego.
Los hombres imponían su visión, organizaban el trabajo y controlaban la producción mientras las mujeres eran marginadas de las tomas de decisión y su ámbito se reducía a la cabaña.
Todavía le llegaron imágenes de una mayor implantación patriarcal en la que las mujeres no podían decidir en absoluto sobre su propia vida, bajo una sociedad guerrera y elitista que, en su mente, se representa en lujosos enterramientos individuales y en los, ante tanta violencia, eran enterrados personajes cada vez más jóvenes apartados de sus madres, que tenían que sobrellevar si dolor en un entorno cerrado y oculto.
Pero también le llegaban imágenes de mujeres resistiendo a esa presión, que cuando eran apartadas creaban su propio mundo en el que aprendían, construían y cuidaban unas de otras aún cuando muchas veces eso les ocasionaba persecución y muerte.
En otro grupo de imágenes, que ya ni siquiera podía reconocer, se veían mujeres extrañamente ataviadas, enviadas al fuego o atormentadas y que, sin embargo, a pesar del dolor, seguían resistiendo y proclamando su forma de actuar.
Mai estaba desfallecida. Cortó la comunicación con la anciana que también parecía respirar de forma entrecortada.
Con un gran cansancio se encaminó a la cabaña de los niños y tras un rápido vistazo de que todo estaba en orden se dirigió a la, suya donde Osi esperaba despierto. Se acurrucó entre sus brazos y cayó en un profundo sueño, ya sin imágenes.
Al amanecer Osi despertó y se encontraba sólo en la cabaña. Con un gesto de fastidio se estaba vistiendo pensando en que permanecerán otro día allí mientras Mai y la anciana seguirían haciendo aquello de estar sentadas sin hablar, pero comunicándose igualmente.
Al salir al exterior se sorprendió de ver a Mai, totalmente relajada preparando la marcha con Had y repartiendo el peso de los bultos de los más pequeños entre los mayores y los adultos.
Junto a ella se encontraba el jefe de los guerreros que los escoltaba.
- - Dice Abl que estamos a menos de u a luna del borde del Bosque.
- - Si, - confirmó el aludido, - según vayamos siguiendo hacia el norte el bosque se hará menos espeso y la senda que llevamos se hará más ancha y más fácil de caminar. Eso hará que adelantemos mucho tramo sin demasiado esfuerzo.
- - Bien, contestó Osi mientras miraba hacia todos lados.
- - No la encontrarás. El motivo de su visita se ha cumplido. Ahora ha vuelto a su verdadero hogar para terminar su papel de guardiana.
- - ¿y tú? ¿Estás bien?
- - Perfectamente. Con ganas de caminar. Sólo hemos estado una noche aquí y tengo sensación de llevar años.
- - Pues ¡en marcha! Si nuestros amigos están preparados.
Tal y cómo habían sido informados, según se acercaban al límite del Bosque los espacios eran más amplios y las copas de los árboles permitían una entrada mayor de luz solar directa.
Cerca del punto donde Mai, Osi y los niños se separarían de los guerreros que los escoltaban, encontraron un pequeño poblado que estaba a punto de ser abandonado.
Sus gentes, estaban terminando de desmantelar las cabañas cuyo adobe ya había sido molido y esparcido por el espacio.
Los maderos más importantes, estaban siendo preparados para ser llevados a otra ubicación algo bastante habitual teniendo en cuenta que fuera del Bosque no sería fácil encontrar madera de esa calidad.
Los habitantes que ya habían terminado con los preparativos de marcha, ayudaban a los más rezagados o a preparar el material común a todos ellos.
Otros se preparaban para el rito de destrucción del hábitat que había sido su hogar y que ahora trasladaban a otro lugar.
Cuando una comunidad abandonaba ordenadamente un enclave, los fosos usados como silos o los mismos fondos de las cabañas, incluyendo los agujeros de los postes de sujeción se colmatan con todo tipo de elementos ordinarios, como piezas de arcilla rotas o muy pesadas y difíciles de trasladar, restos de animales, y el barro que se utiliza en la impermeabilización de la cabaña.
Después, como parte del rito de abandono, se cubre con una mezcla orgánica y cenizas de los hogares, dejando una marca oscura que facilitará a la Madre, volver a tomar posesión del espacio cedido a la tribu.
El grupo viajero observó desde un punto medianamente alejado para dejar intimidad a la comunidad que se despedía de su antiguo hogar y cuando los ritos hubieron terminado, ambos grupos se acercaron.
- - Vamos a trasladarnos a un poblado mayor que se está ampliando en la ruta del gran río- informó el que hasta ahora había sido el líder del poblado. Intentaremos llevarnos las semillas de la vid que hemos trabajado desde antiguo.
Mai mira con atención esas pequeñas y alargadas semillas, que cuando crecen se convierten en plantas trepadoras, pero que como necesitan de mucha luz, los pobladores de esa zona crean altos zarcillos para que puedan trepar.
- - Mira. Se dan en las proximidades de los bosques de hoja caduca, especialmente en las riberas de los ríos. Por eso nos llevamos toda la cosecha. Esperamos que, al llegar, encontremos un espacio donde fundar un nuevo poblado.
- - Toma, guárdalas y si tienes suerte podrás producir vino.
- - ¿Vino? Mai ha oído hablar de ese producto, pero nunca lo ha probado.
- - Esta noche, en la cena sacaremos un pellejo.
- - Nosotros también vamos hasta la ruta del río y después iremos hacia el Oeste por esa ruta
- - Nuestros acompañantes se pueden volver a sus hogares y si lo permitís haremos este último tramo de bosque juntos.
- - Será un placer estar acompañados estos últimos días y así por las noches nos podéis contar vuestro viaje junto a la hoguera.
Mai, Osi y los niños se despidieron de los hombres que les habían guiado hasta allí con pena. Habían sido unos acompañantes y unos amigos entrañables.
Incluso los guerreros tuvieron que hacer esfuerzos para no soltar alguna lágrima. Pero finalmente, tras los abrazos, cada grupo siguió su camino.
La salida del bosque les pilló de sorpresa, tras los últimos árboles, se extendía ante ellos una amplia campiña enmarcada por las distintas sierras que forman esa red de corredores que las personas que se dedican al intercambio de bienes y productos utilizan en sus rutas.
Ahora el paisaje se parecía más a lo que ellos conocían. Todavía faltaban un par de lunas para llegar a casa, pero esa zona era tan igual a la que usaron para cruzar el gran río en el inicio de su camino que su hogar podría estar detrás de cualquiera de las lomas que se veían.
El grupo con el que viajaban les explicó que avanzando a través de una serie de pasillos existentes en toda la cuenca del gran Río, se podía llegar, en dirección Oeste, hasta la tierra de sus antepasados; mientras que en dirección Este llegarían a un gran poblado donde se reunían las gentes que iban a viajar en grupo aprovechando las rutas de intercambio e incluso haciendo varios tramos en canoa por el río.
Mai no estaba segura de querer subirse a una de esas canoas y Osi parecía tener prisa por llegar así que allí mismo se despidieron deseándose suerte en el viaje y cada grupo inició la marcha en un sentido.
Pero la pareja no contaba con un problema. Los niños, acostumbrados a la medio penumbra del bosque no podían soportar la crudeza del sol y enfermaron uno tras otro. El grupo se refugió en una pequeña arboleda y planificaron de nuevo el viaje.
Tendremos que viajar temprano y poco antes de ponerse el sol.
¡Pero así tardaremos más! Osi se impacientaba, pero en el fondo sabía que no podrían hacer otra cosa que la planteada por Mai.
Según se vayan acostumbrando a la luz diurna, podremos caminar durante trechos más largos. ¡Míralos! Tienen los ojos irritados de tanto llorar. Voy a hacer una infusión de manzanilla y a curarles. Tú prepara un vivac. En cuanto baje el sol continuamos la marcha.
Con un suspiro, Osi busca un lugar entre los árboles y prepara la cubierta y un fuego para hacer la comida. Un grupo camina a pie por la cercana vía y se acerca a preguntar por el camino.
Salud, ¿Son habituales de esta ruta hacia el este?
Nosotros no, pero nuestro guía ha hecho este camino varias veces de ida y vuelta.
¿Me permitirían hablar con él? Necesito saber qué me voy a encontrar en el camino al Este.
Bueno eso que se está asando huele muy bien y podemos descansar un poco mientras almorzamos, que es una costumbre de esta zona que nos gusta mucho.
Sois bienvenidos y podemos compartir nuestra comida con vosotros.
El grupo abandonó la senda y acercándose hacia la hoguera sacaron algunas cosas de sus bolsas para acompañar la comida y contribuir en algo. Pusieron castañas cerca del fuego para asarlas y que estuvieran más blandas, una especie de masa blanquecina compacta que llamaron queso y que se hacía en poblaciones venidas a las tierras del este, donde no sólo pastoreaban el ganado, sino que, cuando había que matar algún animal. Aprovechaban piel y carne como siempre pero también algunas partes que ellos, hasta entonces nunca habían usado. Una de esas cosas era la leche, que dejada fermentar de una forma determinada podía dar un producto cuajado muy bueno y con más tiempo curando en un lugar fresco como una cueva, podía dar quesos como los que iban a probar ahora.
Mientras comían el guía, como respuesta a las preguntas de Osi contaba que la ruta desde el lejano Este y el gran mar, hasta el lejano oeste que también estaba limitado por otro gran mar, estaba atravesado por una serie de pasillos o corredores que hacías de vías de comunicación desde antiguo. Si no fuera por ellos, la amplia meseta donde se encontraba y que sólo era visible cuando se descendía de ella, no podría ser habitada por carecer las poblaciones de elementos necesarios para la vida y otros que se utilizan como elementos de superioridad hacia las gentes de los poblados.
Todo el interior está conformado por una serie de pasos que permiten una comunicación natural y que algunos hemos recorrido tanto de norte a sur como de este a oeste.
Entonces ¿se puede ir sin mucha dificultad hacia el este siguiendo la ruta del gran río? ¿Y por qué lado del mismo, el norte o el sur?
Es la única forma de viajar. Yo te recomendaría que te mantuvieses en esta parte del río. Aquellas montañas que ves pueden hacer que te desplaces mucho más al norte y des un rodeo no deseado.
Así lo haremos. Te estamos muy agradecidos.
Tras la ligera comida, los miembros de la caravana se pusieron en marcha, mientras Osi, Mai y los niños esperaban a que el sol bajara para hacer lo propio.
El grupo se interna en el sendero que rodea una gran nava natural que recibe agua incluso de tres arroyuelos cercanos. En la zona se han formado pequeños bosquecillos y orlas de ribera que se alternan con grupos forestales de ciprés. Mai comienza a ver los tradicionales Acebos, Madroños cuyos frutos invita a los niños a comer, Quejigos y Chopos.
El terreno se eleva suavemente y nunca volverá a llegar a las alturas de las sierras que se distinguen al norte. Desde la pequeña loma en la que se vuelven a mirar, las vistas sobre el agua encerrada es maravillosa y con el dedo, la mujer señala la población de aves que la habitan. Un Somormujo lavanco revolotea sobre ellos como si de una despedida se tratara.
Antes de ponerse en marcha, han recogido cangrejos que esa misma noche preparará para comer. Mai suspira. Ya están en terreno conocido. Aunque no haya estado antes en esta zona, sabe que el camino es muy parecido al terreno donde se sitúa su pueblo.
…
La llegada a la población causo un tremendo impacto en todos. Para los que los recibían, nunca esperaron volver a ver a la pareja y menos acompañados de tanta gente menuda. Para Mai, cuando los ojos se quedaban sin lágrimas, reconocer a las personas que le saludaban, poder abrazarse a ellas y ver las cabañas de su infancia le estaba resultando una buena dosis de tranquilidad. Pero Osi cuando el poblado estuvo a la vista, lo primero que vio es que el número de casas había crecido. El poblado estaba más habitado. Además, a cierta distancia cerca del clausurado túmulo, se había preparado un terreno que, claramente estaba dispuestos para enterramientos múltiples, algo bastante antiguo en una época donde todos querían tener un lugar donde partir con los ancestros en solitario o sólo acompañados de los familiares.
También se podía ver que las obras del foso se habían detenido, más que nada porque había casas fuera del recinto y no tenía mucho sentido tener un foso en el medio de las cabañas.
Un grupo de mujeres esperaba su llegada, lo que tampoco era normal. Se supone que Arlo enviaría a algunos hombres de confianza que serían los que evitarían su entrada en el poblado o los que les llevarían hasta el jefe del mismo.
Mai no podía creer lo que veía. Entre el grupo de mujeres estaba Iria y ambas corrieron a abrazarse y besarse. Habían pasado casi tres ciclos completos sin verse y todas las noches pensaban la una en la otra.
Cuando los dos grupos se juntaron, las mujeres les dieron la bienvenida a casa y Osi se relajó un poco. O había pasado algo en el pueblo para que Arlo y sus hombres no estuvieran allí o querían rebajar la vuelta con un recibimiento mucho menos pomposo que la partida.
Mai hizo las presentaciones de los niños y le dijo a Iria que formarían parte de su hogar hasta que pudieran valerse por sí mismos.
¿Crees que Arlo pondrá dificultades? Antes de crear un problema, podemos instalarnos en alguna tierra cercana y fundar un nuevo hogar.
Ahora estaréis cansados del viaje. Esta tarde os visitaré en la cabaña donde os vamos a alojar hasta que todo esté pensado para integraros. – Comentó Iria y Mai la miró a los ojos con sorpresa. Parecia dar órdenes con mucha naturalidad.
Para sacaros de dudas, os adelantaré que Arlo ya no está con nosotros. La enfermedad que azotó estas tierras se lo llevó con los ancestros. Pero su coraje está con nosotros pues salvó a muchas personas de sucumbir a la enfermedad y usó de todo su poder, sus bienes y la producción del poblado para ello.
¿Arlo muerto? - murmuró Mai. No esperaban ese cariz de la situación - ¿Y quien ostenta ahora la jefatura del poblado?
Jefatura como tal no hay. Trabajamos con el modelo de los ancestros de que a cada situación elegimos una persona que poner al frente y las decisiones del día a día las tomamos un grupo de mujeres a las cuales yo encabezo. - A Iria se le notaba lo orgullos a que estaba de su posición.
¡Cuántos cambios ha traído esa nefasta enfermedad! Dijo Mai
¿Y la mujer que lidera el poblado no puede dar un abrazo al viejo que la tuvo en brazos cuando era un bebé? – Dijo Osi mirando a su hija.
Ohhhh, perdona papá. No sabes cuanto os he añorado este tiempo, dijo mientras se lanzaba a un abrazo que la hizo levantar mientras su padre le daba vueltas como de pequeña.
Todo el mundo se echó a reír e Iria se dio cuenta de los ridícula de su situación en brazos del hombre que la había dado su vida y poniéndose sería mientras un ligero rubor asomaba a sus mejillas, indicó a una de las mujeres que los acompañara a su cabaña mientras ella organizaba la fiesta para esa misma noche.
…
A media tarde, mientras Osi enseñaba a los niños su nuevo hogar, Iria entró en la cabaña donde Mai terminaba de guardar las cosas que habían traído.
¿Te dejo un poco más de tiempo para arreglar todo esto? – preguntó desde la puerta
No quiero estar ni un minuto más sin tenerte cerca, dijo la madre antes de acercarse a abrazarla.
Tengo algunas cosas que contarte sin la presencia de nadie más.
¿Y tiene algo que ver con ese aire de responsabilidad que te rodea?, le dijo con la mirada seria.
En parte, sí. Cuando os fuisteis de aquí, yo sabía que eráis obligados por Arlo y su familia y le detestaba tanto que me metí en varios problemas por no poder callarme. Pero tras muchas disputas, en las que él argumentaba que o estabas viva fuera de aquí o muerta en este poblado, me di cuenta que al expulsarte te estaba protegiendo.
Sí, es cierto. También podría haber sido más valiente y hacer valer su jefatura, pero cualquiera de su clan podría haber acabado con Osi o conmigo con mucha facilidad.
El caso es que yo creo que te amaba y como no podía tenerte consigo, empezó a amarme a mí.
Mai dio un respingo.
¿Te uniste a Arlo?
Si. Pasamos todo el tiempo de la enfermedad trabajando juntos. Yo hacía los tratamientos y él mandaba a su gente a buscar las plantas, hierbas o cortezas que necesitábamos. Al final nos dimos cuenta que queríamos estar juntos. Aunque por su parte yo creo que había algo más.
Si conseguiste hacer que se preocupara por su gente, lo convertiste en un dirigente mejor que la mayoría de los que hemos conocido en este tiempo.
Yo creo que pensó en emparejarse conmigo formalmente cuando vio que estaba enfermo también. Aunque sus síntomas eran muy leves, debía tener algún problema oculto que se activó con la enfermedad. Podía trabajar y vivir con cierta normalidad, pero cada ved tenía que descansar antes y por más tiempo.
¿Y su familia? ¿Aceptaron sin más?
Bueno, al principio estaban muy ocupados en poner en orden el poblado y no se fijaron en lo nuestro. Después, la mayoría de su familia sucumbió a la enfermedad y como vieron que yo les cuidaba como a los demás, se acostumbraron a que estuviera cerca de Arlo. Cuando decidimos emparejarnos, su familia ya no tenía fuerza suficiente para impedirlo y todos estábamos muy ocupados con buscar lo que funcionaba contra esa maldición como para ocuparnos de problemas domésticos.
¿Qué hicisteis? ¿Qué medidas se tomaron aquí?
Vimos que separar a los afectados evitaba que otros se contagiaran, pero había que cuidarlos para evitar que el mal se quedara entre nosotros de forma indefinida. Creamos nuevas cabañas fuera del foso pero que eran atendidas por un grupo muy reducido de personas que las cuidaban y les daban de comer. Arlo y yo, formábamos parte de ese grupo. Él tenia la autoridad para obligar al cuidado de las personas afectadas y tu me habías enseñado muchas cosas sobre las hierbas que podían ayudar a respirar a enfermos. Perdimos a mucha gente, pero salvamos a muchas más.
Mai le contó lo visto en Maui y en cómo abandonaron a la población enferma y cuando éstos quisieron volver a sus casas como fueron masacrados por familiares y amigos para mantener los privilegios sobre bebida y comida que les habían otorgado para tenerlos de su parte. Iria miraba horrorizada a su madre al conocer que había gente dispuesta a matar a sus propios familiares por tener bebidas y privilegios.
Cuando ya llevábamos cuatro o cinco asaltos de la enfermedad, Arlo se contagió. Al principio no notamos nada especial. Como muchos, un poco de fiebre, pero es que ¡teníamos fiebre hasta de la falta de descanso y sueño! Si él notó algo más se lo cayó para evitar que le aislara y siguiera yo sola. En mi caso no me he contagiado en ninguna ocasión. No sé por qué. He estado tan expuesta a los enfermos como Arlo, pero parece que la enfermedad no me quiere.
Parece que hay personas que no pueden enfermar de esta cosa misteriosa. Tu padre y yo sí caímos enfermos. Tu padre tuvo fuerzas suficientes para ayudarme cuando yo no podía, pero a cambio, cuando el ya no tuvo fuerzas y yo mejoraba la enfermedad estaba muy avanzada y aunque curó, nunca ha sido el mismo. Se cansa con facilidad, cada vez le cuesta más reponerse y su humor ha empeorado. Al ver sus limitaciones se enfada y se fuerza más con el consiguiente agravante.
Pues es uno de los síntomas que más se repiten. Hay que cuidar que no enferme porque su cuerpo puede ser más vulnerable que el de los demás.
Ya. Pero por raro que parezca, lo que más me preocupa es su cabeza. Pasa de un estado de euforia a otro de cansancio de forma rápida y sin pausa. Sólo parece estar mejor cuando tiene una ocupación que hacer.
Bueno. Pues le tendremos ocupado. Al fin y al cabo, eso no es nuevo y aquí hay mucho que trabajar. Tengo una pregunta que hacerte.
Creo que se lo que quieres preguntar. No. No tenemos intención de cambiar nada aquí. No lo teníamos antes cuando pensábamos que Arlo debía aprobar nuestra estancia y no lo tenemos ahora que eres tú y el resto de las mujeres las que deben aprobarlo.
¡No hay nada que aprobar! ¡Soy de nuestra tribu y estáis de vuelta!
Pero sí hay una cosa que queremos plantear.
Mai le contó el espacio de aprendizaje y cuidados del bosque y cómo les gustaría disponer de un espacio así.
Nos situaríamos fuerza de la zona del antiguo foso de tal forma que la entrada esté mirando al poblado, pero tenga salidas al Ara y al bosquecillo donde intentaremos conseguir vino con unas semillas que nos dieron en el camino.
Va a resultar un poco raro, como un poblado dentro del poblado. Pero cosas más raras hemos visto en estos tiempos. Y si es un sitio para sanar, es normar que esté un poco separado. Lo hablaremos en el Consejo de Mujeres y decidiremos, Pero yo creo que no va a haber ningún problema. Las personas que puedan dar su tiempo libre en ayudaros en la construcción de las cabañas y el murete tendrán alguna asignación menor en las tareas.
Te estoy muy agradecida. Cuando esté en marcha, se aprenderá el uso de plantas y hierbas para sanar, el trabajo de la arcilla para las piezas, la cocción para que sean esplendidas y muchas cosas más. Y, además tendrá ocupado a tu padre.
Osi se encuentra en el lugar donde se han practicado los enterramientos colectivos. Debido a la alta mortandad, no había sido posible el enterramiento individual con los ajuares que acompañan al cuerpo, que estaban siendo habituales antes de su marcha.
En lugar de ello, se habían realizado fosas de gran dimensión para inhumar en ellas grupos familiares. En algunos casos se enterraron los cuerpos a la vez, pero en otros, se mantuvo una especie de cierre temporal, con ramas y postes, que después se ha eliminado o se ha mantenido dentro de la sepultura.
Todas las tumbas de nueva factura para acoger a las víctimas de la enfermedad, tienen como es habitual, el cierre definitivo con acumulaciones de piedras a modo de pequeño túmulo señalizador. Solamente las que están a la espera de clausurarse, tienen una cubierta vegetal que desaparecerá cuando se cierre definitivamente.
Sin quererlo ha llegado hasta la sepultura de Arlo. Ante la rápida pérdida de sus familiares, ordenó hacer una sepultura de varias lanzas de tamaño y lo suficientemente profunda para poder inhumar a toda su familia según fueran falleciendo. Como medida previsora, si él enfermase, se dispondría de un espacio reservado para ello.
Como esa hay siete u ocho tumbas colectivas en este espacio – Informó un individuo al que Osi no recordaba de antes de su partida.
¿Cuánta gente ha muerto por la enfermedad?
¿Cuántos? Cualquiera que sea la cifra son demasiados. Pero los suficientes como para que este poblado haya cambiado mucho. ¿Has notado que Arlo ha sido sustituido por una mujer?
Si, aunque todavía no se cuantos cambios más ha habido. Tu ¿eras de este poblado?
No. Yo estaba en el destacamento de reducción del cobre. Llegué justo antes de la enfermedad y allí se sintieron los primeros enfermos. Después Arlo y su pareja, cuando había tantos enfermos, obligaron a clausurar los destacamentos e hicieron venir aquí a toda la población. Se crearon grupos de cabañas separadas y otro más fuera del foso.
Por eso no te reconozco. ¿Qué haces aquí?
Estoy castigado por las mujeres. Por culpa de la tumba de Arlo, precisamente
¿Castigado? Entonces ¿se ha restablecido el orden? ¿Iria encarna el poder aquí?
Desde el principio. Cuando se unió a Arlo, éste dejaba que tomara las decisiones necesarias para atajar la enfermedad. A mí me encargaron la inhumación de los cuerpos de la familia de Arlo. Como había mucho trabajo y temía contagiarme, intentaba echar los cuerpos lo más rápidamente posible.
Pero eso no parece motivo para castigar a alguien. El miedo es irracional.
Eso dije yo, pero Iria me pilló cuando arrastraba el cuerpo de un niño muerto cogido de los brazos justo en el momento de volcarlo en la fosa. Se puso a gritar que esa no era la forma de atender a los que iban a reunirse con los ancestros y que la familia del jefe del poblado tenía el derecho a que sus cuerpos se tratasen con la misma deferencia que cuando estaban vivos.
Es una cuestión de respeto, pero quizás había sido mejor para ti pedir ayuda si tu sólo no podías.
No había ayuda posible. Cada una de las sepulturas colectivas tenía asignado un hombre para el trabajo y no te puedes imaginar esos días, había muertos a cada instante.
El caso es que tirabas los cuerpos en la fosa en lugar de bajar a la misma a colocarlos deferentemente como se debe hacer con todos los que parten.
¡Pero si la habían hecho la vida imposible! ¡Cómo podía pensar nadie que trataría con tantos miramientos a la familia que había expulsado a sus padres!
Para Iria el respeto no es sólo hacia quien le es grato. El respeto debe ser mayor hacia quienes nos han ofendido, si no, es venganza.
El caso es que tuve que colocar los cuerpos anteriores de forma más ordenada y a los que vinieron después, también. Cuando Arlo enfermó, se decidió que se mantendría la tumba abierta hasta su fallecimiento y que después él sería inhumado junto a sus familiares. Aunque exigió que no se hiciera acompañar de ningún ajuar, Iria colocó junto a su cuerpo un vaso que había sido de su madre.
Y ¿en eso consistió el castigo? ¿en obligarte a hacer bien lo que te habían encomendado?
¿Te parece poco? Y también en cuidar ese espacio. Ahora hay pocos muertos por la enfermedad. Parece que ya se sabe como hacer para que no sea tan mortal pero cuando se dan las circunstancia de que una tumba está esperando por algún enfermo grave, mi trabajo consiste en inhumar después el cuerpo en ese lugar y sellar después la tumba.
Además, tú ¿Quién eres que haces tantas preguntas? ¿eres un viajero?
No. Soy el padre de iría que, como ves, no fui desterrado sino enviado a un viaje para llevar un objeto a un santuario.
¿Su padre? ¿Y la hechicera? ¿Ha venido contigo?
¿Hechicera?
¡La madre! Hay quien dice que al ser expulsada lanzó una maldición sobre Arlo y el poblado.
¿Mai? ¿Iba a tener tanto poder como para enfermar a tanta gente? Debes saber que la enfermedad no sólo ha ocurrido aquí. Muchas zonas se han visto afectadas y dependiendo del trato dado a los enfermos, han sobrevivido más o menos personas.
Si tú eres su padre, tendrás que tener el poder de este poblado, deberías ser el jefe y controlar la producción.
Yo no tengo ese poder, ni lo deseo. Este lugar ha funcionado muy bien durante esta prueba tan dura e incluso ahora que las cosas se tranquilizan y vuelve la normalidad parece muy bien dirigido. Estoy muy orgulloso de Iria y de las mujeres con las que dirige esto. Y te recuerdo que poner en duda la jefatura de un poblado puede acarrear la muerte o la expulsión.
El hombre bajó la cabeza y se puso a pensar en la conversación por si podía acarrearle problemas algo de lo dicho. Mientras, Osi retornó hasta el centro del poblado.
Comprende el enojo de Iria. Desde el tiempo de los antiguos, el traslado de los cuerpos hasta la tumba es una de las señas de identidad de la tribu, al igual que otras muchas de las cercanías.
Los cadáveres son trasladados sujetando con ambas manos el envoltorio que ayuda a mantener la posición en la que deben ser inhumados para los que se usan unos ligamentos que permiten mantener la contracción de piernas y brazos.
Después, la colocación en la fosa de perfil y con las piezas de ajuar cercanas al cuerpo, obligaba a la persona que hacía de enterrador a bajar al fondo del espacio consignado. Muchas veces, esta actividad la hacían familiares del muerto y es bastante habitual el uso de manojos de hierba que sustentan la cabeza a modo de apoyo para dormir y para proteger las piezas del ajuar.
Casi siempre se coloca el cuerpo mirando hacia el interior de la tumba, no contra la pared como suelen hacer otras tribus. Todos esos preparativos no se pueden hacer sin que la persona encargada baje a la fosa y trabaje con cuidado y respeto. ¡Desde luego no se consigue tirando el cuerpo desde el borde de la tumba!
También se establecen pautas para la disposición del ajuar. Las armas, cuando el muerto las tiene, se colocan en las manos y las placas de los que manejan el arco en el brazo como si estuvieran usando esa arma. Los cuerpos son vestidos con sus prendas incluso si estas tienen los admirados botones perforados y los adornos se prenden de los cabellos o se colocan las pulseras y anillos.
A las figuras más importantes del poblado les era permitido ser rociadas con cinabrio sobre el cuerpo, el ajuar y en algunos casos, dado la dificultad para conseguirlo, en el lecho donde se deposita el cuerpo.
¡Y ese energúmeno tiraba los cuerpos desde el borde para esforzarse menos! Lo raro es que siguiera vivo.
El principal cambio parece estar en que no se hacen comidas ceremoniales en las tumbas. Lo normal es acompañar el rito de inhumación con algún alimento hecho con carne y en algunas zonas como el lugar donde Osi se crió, con pescado. Y siempre, siempre con el acompañamiento del alcohol. Estamos en un tiempo en el que los ajuares son más sencillos y hasta que se restablezca la normalidad tras la enfermedad el alimento es para los vivos.
Tiene que hablar con Mai para saber si les van a permitir quedarse y construir su idea del sanatorio y lugar de enseñanza, aunque antes quiere ver el lugar del que hablaban durante el viaje como sitio ideal para instalarse.
…
La reunión del Consejo donde se tenía que decidir si se aceptaba la idea de Mai y Osi para la construcción del espacio destinado a la sanación y el aprendizaje duró bastante tiempo.
El mayor escollo se centró en el control de las actividades que allí se iban a realizar. Quien organizaría el trabajo común, quien estaría dispuesto a enseñar y a cuidar y cosas así.
El dos ocasiones, Mai fue llamada para acudir a la reunión para solventar dudas. En ambas, se le ofreció permanecer en el Consejo y en ambas declinó la oferta.
- - Creo que no es bueno que pueda decidir sobre algo que presento yo misma. - se excusaba.
- - Pero es que para mejorar la organización del sitio es fundamental que formes parte de este Consejo - le debatían
- - Si esa premisa es motivo de negativa del Consejo no se llevará adelante. Estaré, en todo momento subordinada al Consejo, pero sin pertenecer a él.
Todas las presentes se habían curtido en la lucha contra la despiadada enfermedad y sabían que esta idea ayudaría en el futuro cuando volvieran nuevas embestidas. Por ello la decisión final fue la de permitir su creación, que Mai fuera quien informara al Consejo, aunque no formara parte del mismo y que ella organizaría el trabajo común, junto con Osi de ese lugar.
- - ¿sabéis ya el emplazamiento adecuado? - pregunto Iría
- - Hay un espacio abierto al bosque, junto al Ara, que está a la distancia adecuada del agua, del resto del poblado y que puede aportar todo lo necesario tanto para la construcción como para el mantenimiento una vez terminado. Además, está muy cerca de la veta de donde extraigo la arcilla y lo suficientemente separado para mantener la distancia en caso de que vuelva la enfermedad.
- - Pues en ese caso, adelante. Dispondrás de un grupo de hombres y mujeres liberados de los trabajos comunales para ayudaros hasta que podáis seguir con vuestras propias fuerzas.
Osi mientras tanto, estudiaba la ubicación de cada espacio según la distancia a las materias primas necesarias. Así, la cabaña dedicada al trabajo con la arcilla se encontraría más cerca del río y de la veta que Mai utilizaba. Tampoco estaba lejos del lugar donde se proveían de las inclusiones que se realizan en la pasta, en su mayoría arenas silíceas y cuarzo. A esa cabaña ella se uniría una más pequeña para guardar la arcilla recogida y los materiales que no se usan al momento.
Cuando Mai se le unió en el claro, terminaron de tomar las decisiones sobre el espacio y decidieron comenzar en ese mismo momento.
Lo primero es despejar un trozo de terreno para construir un refugio de las cosas que hemos traído y que nos sirva para pasar las noches – comenzó Mai
Bueno, yo he pensado hacer una choza rápida para instalarlos y un pequeño techo de madera y paja para nuestras cosas. He pensado en ese rincón donde están acumuladas esas piedras. Las colocamos a modo de murete, clavamos varios postes de sujeción y con cañas fuertes del río hacemos el techo.
Muy bien. En la zona que dices, a continuación, podemos hacer la cabaña para trabajar la arcilla. Por ahí vienen Had y los chicos. Les pediremos que te ayuden a mover esas piedras.
Mientras el grupo se afanaba en preparar el terreno, varias personas del poblado llegaron cargados con pequeñas azadas de piedra pulimentada, hojas de siega y otras herramientas para ayudar. Mai pensó que era la ayuda prometida por iría pero se sorprendió cuando le dijeron que no habían hablado con ella. Les querían dar la bienvenida por la vuelta a casa y ayudarles para que se instalaran cuanto antes.
Las lágrimas acudieron a los ojos de Mai y les indicó lo que necesitaban. El grupo de aldeanos se repartieron en pequeños equipos en cada uno de los cuales estaban uno de los chicos del bosque. Had pensó que, de esa forma, mediante la imitación, se iniciaría el aprendizaje y el contacto más estrecho con la gente del poblado.
Mai sonrió satisfecha de la idea y cuando se dio la vuelta para ponerse a hacer su propio cometido, vio otro grupo que también venía a colaborar. Así que pasó gran parte de la mañana organizando a las personas que acudían a trabajar, preparar la comida, que los más pequeñas llevaran agua a los que tenían un trabajo más duro y demás cosas de importancia.
Cuando llegaron los primeros fríos., el Espacio, que era como llamaban a todo lo construido, ya estaba muy avanzado.
A la zona inicial donde albergaron los enseres que trajeron consigo y los que iban fabricando, una vez terminada la cabaña para trabajar la arcilla, la destinaron a preparar la zona de cocción, haciendo distintas estructuras y hogares para cocer las piezas.
Una de esas estructuras, la que más llamó la atención consistía en el habitual hoyo en el suelo pero al que habían limitado con pequeños bloques de adobe para proteger la llama. Cuando lo pusieron en marcha, se dieron cuenta de que las piezas se podían colocar encima del adobe para que se calentaran antes de introducirlas en la hornalla. En una ocasión incluso cubrieron las piezas con bosta entre el mismo adobe cuando las llamas ya habían desaparecido y mantener así el calor sin oxígeno. Era una variante de la forma de cocer de Mai cuando trabajaba en el destacamento antes del viaje.
Cuando se van a secar las piezas de arcilla, es necesario asegurarse que estén completamente secas. Una de las formas que Mai ha establecido es que justo antes de la cocción, si el tiempo lo permite, se sacan fuera de la cabaña y se ponen al sol. Esto permitirá que el barro esté algo más caliente cuando se inicie la cocción. Mai se dirige a los niños que están escuchando atentos.
Para poder utilizar las piezas deben estar bien cocidas y para conseguirlo ¿Qué debe pasar?
Que estén el tiempo suficiente en el fuego. – contestaron varios niños.
¿Qué ocurre si no están el tiempo necesario? – vuelve a preguntar
¡Que se romperán con mucha facilidad! – vuelven a responde esta vez como si fuera un coro.
Hay que tener cuidado cuando las piezas están cerca del calor necesario porque es cuando son más frágiles. ¿Cómo protegemos las piezas para que no se enfríen rápidamente y mantengan el calor por igual?
¡¡¡ Con caca!!! - Gritan los niños soltando una gran carcajada. Saben que Mai lo llama bosta, pero siempre hace como que se enfada cuando lo llaman caca. Finge estar seria, pero su mirada les da tranquilidad. Tiene que hacer verdaderos esfuerzos para no unirse a sus risas.
Se cubre con bosta que mantiene la temperatura y hace que el color sea uniforme en toda la pieza. Porque si no, ¿Qué pasa?
¿Que no sale de color negro!
A mí me gusta que salga de colorines. A veces junto al negro sale rojo y gris. – Dice una niña pequeña que, sin embargo, tiene unas manos prodigiosas para trabajar la arcilla. A Mai le recuerda a la niña del santuario.
Pero las piezas tienen que tener un color uniforme que nos permita cambiarlas por cosas que necesitamos y no tenemos aquí. A ver. Vamos a preparar una cocción en condiciones. ¿Quién me ayuda?
YOOOOOOOOOOO
Todos se levantaron rápidamente. Los más mayores, que ya sabían lo que había que hacer, prepararon los adobes que protegerían las piezas al facilitar el control del fuego manteniendo la temperatura alta y estable durante más tiempo.
En el interior de este hoyo protegido se preparó un lecho de ascuas de madera cogidos del hogar. Una a una, los demás daban una pieza a Mai que las coloca boca abajo separadas un poco unas de otras. Comenzando por las ramas más finas, sobre las piezas se coloca el resto de leñas que va a iniciar la cocción. Las brasas que sirven de cama, hacen que el resto arda de forma mesurada. Todos saben que la cocción va a durar toda la noche. Los más pequeños casados, se acercan a sus pieles de dormir y se acuestan tras comer algo ligero.
Los más mayores echan a suertes los turnos de guardia para vigilar el fuego. En la pared más alejada hay una pila de leña que Osi ha llevado esa misma mañana ya que sabía que tocaba cocer.
Mientras Mai prepara la arcilla que se va a utilizar al día siguiente. La cabaña para trabajar la arcilla, que casi siempre tenía algunos niños aprendiendo, tenía un espacio para el tratamiento de la tierra y que se convierta en un material mejor modelable. Consistía en una pequeña pila donde se echaba la arcilla para poder librarla de impurezas como raíces y hierbas. Cuando se convertía es una especie de limo, también era más fácil extraer los fragmentos de pequeñas piedras, costras o trozos de elementos no deseados. Esto de hacía de forma manual.
El resultado, se mete en viejos recipientes que ya no se usan por deterioro o en lienzos de piel o lana destinados a la absorción del excedente de agua hasta la consecución de una masa plástica susceptible de ser amasada.
En pequeñas maderas cortadas, se encuentras las piezas modeladas por los aprendices. Muchas de ellas se han hecho mediante rollos de arcilla dispuestas en el borde y cosidas al rollo anterior lo que permite elaborar piezas de cierta altura.
Los más pequeños realizan piezas mediante vaciado. Con la arcilla hacen una bola que puedan manejar con sus manos y a base de pellizcos, van ahuecándola hasta hacer un cuenco. Muchas de esas piezas son terminadas después por algún adulto que las adelgaza hasta hacerlas útiles y bellas.
Otras veces, esos cuencos son utilizados como molde para, a partir de ahí, mediante el añadido de rollos o placas de arcilla, presionándolas por dentro y por fuera de forma simultánea, se consigue hace los típicos vasos que después serán bellamente decorados.
En una cabaña situada junto a la que sirve para trabajar la arcilla, se trasladan las piezas para una primera fase de secado ya que es necesario que la arcilla pierda parte de su humedad para poder ser trabajada.
De vez en cuando Mai echa un vistazo a la cocción. Los más mayores cuentan historias junto al fuego para evitar dormirse. Muchas de estas historias tienen que ver con la forma de hacer las vasijas, de decorarlas o de cocerlas, ya que así retienen lo aprendido en su cabeza. Pero pueden adornarlas con la imaginación. Uno de los más mayores hable, en ese momento, de dos pájaros que hacen vasijas. Todos ríen. ¡Los pájaros no hacen piezas de arcilla!
Los de mi historia sí, dice mosqueado el narrador.
Shhhh. Si gritáis vais a despertar a los pequeños.
Es que una cosa es inventar y otras decir cosas tan raras.
Para eso es la imaginación. Cierra los ojos. Ahora imagina a un polluelo haciendo un cuenco con sus paras mientras lo decora con el pico. ¿Qué tal?
Que el cuenco quedaría marcado porque las patas de los pájaros no pueden modelar finamente la arcilla. – insiste la más reacio.
Pues ya veremos que historia cuentas tú después. Ahora escucha.
Cuando Mai considera que el color de las piezas permite acabar lentamente con la cocción, todos se acercan a por el estiércol para cubrir los restos de la hoguera. El enfriamiento de las piezas es una de las tareas más importantes pues los cambios bruscos de temperatura pueden romper las vasijas.
Al trabajar con la protección de los adobes, el enfriamiento se produce de forma más lento y la ayuda del estiércol, Mai sonríe cuando le asalta el pensamiento “caca”, hará que la cocción finalice con muchas posibilidades de éxito.
Esta capa de bosta permitirá que no entre aire en las piezas y que el resultado sea un color negro brillante de la superficie de las vasijas. Si la capa de estiércol se abre en algún lugar, el aire puede penetrar hasta alguna pieza y provocar que aparezcan tonos de color marrón claro.
No es que sea un problema muy grave. Muchas de las vasijas que Mai ha conocido elaboradas por otras personas tienen una variedad de colores entre el negro y el rojo de las piezas sin marcas de fuego. Pero desde siempre ella ha insistido en que hay que cuidar todo el proceso de cocción y sus piezas siempre tienen un perfecto tono negro brillante.
Por la mañana, Mai va despertando a los chicos mientras prepara un poco de cuajada con frutos secos a modo de desayuno.
Cuando todos están listos, comienzan a sacar las piezas de la hornalla. Primero comprueban que no se ha producido ninguna rotura en las vasijas. Después revisan el aspecto de cada una de las piezas. Como se ha controlado muy bien la cocción, no aparecen esos tonos entre marrón y rojizo de una exposición deficiente al fuego. Cada una de las piezas son lavadas en una cercana pileta y después los niños fabricarán una pasta blanca que se aplica a las decoraciones para revelar con más nitidez la belleza de éstas.
…
Had se encontraba en la otra cabaña, la más grande. Esta zona también ha sido terminada según lo aprendido en el bosque. La muchacha se ha adaptado a la vida en la población muy rápidamente e incluso, parece que va a emparejarse con un chico que siempre encuentra la forma de tener que pasar cerca para hacer sus obligaciones. Para Mai es muy joven, pero no quiere poner limitaciones a las decisiones de una joven que ha demostrado tener mucha cordura desde que se conocieron.
He hecho, es ella la que dirige y atiende la mayoría de las pequeñas enfermedades o molestias que tiene la gente de la aldea. Se ha ganado el cariño y el respeto por su propia cuenta por el cuidado que pone en sus tareas de sanadora.
También en este caso se ha dispuesto una cabaña, algo más pequeña, anexa a la que se usa para atender a los enfermos. Se trata de un lugar que Had ha adaptado para hacer más cómoda la estancia de las personas cuando ya están muy mayores. Aquí vienen a pasar el día las que aún pueden valerse por sí mismas, pero ya no pueden hacer ciertas tareas imprescindibles como es una comida sana. Pero también hay un espacio para las que ya no se desplazan a sus hogares familiares e incluso duermen en este sitio.
Iria también suele pasar bastante tiempo con estas personas. Hablas con ellas, les lleva niños para que escuchen sus historias y las memoricen a fin de que toda esa sabiduría no se pierda. Por un lado, los niños y niñas aprenden y por otro hacen compañía a personas que, si no fuera por ello, estarían solas mucho tiempo.
Osi por su parte, sigue ampliando los elementos del Espacio y Mai suele reír cuando le pregunta hasta donde van a extender la construcción. En este momento viven en el Espacio una docena de personas y aunque es totalmente autosuficiente, se nutre con los productos que suelen aportar las familias de las personas que por allí llegan o se deciden a quedarse.
Cuando Mai encontró las semillas de uva silvestre que le dieron al salir del bosque en una pequeña piel plegada, muchas de ellas se habían secado. Aún así intentó plantarlas y cuidarlas con mimo. No salió bien. Nunca se recuperaron. Otras estaban aún verdes e intentó lo mismo, pero ya le habían avisado que no se conocía la forma de convertir esas parras de uvas silvestres en plantas producidas de forma deliberada. Solamente una pequeña semilla, que había germinado en la misma piel parecía que tenía posibilidades, pero a pesar de haber estado toda la temporada en una pieza de cerámica a resguardo de los fríos nocturnos y de los fuertes calores de los días de verano, lo único que había conseguido es que no se secara y muriera. Pero el crecimiento se había limitado al grosor de una uña.
Osi, dijo que si creaban un espacio donde pudiera crecer, quizás la planta buscaría las ganas de crecer para habitarlo, y desmontando un viejo techado de los primeros días, ha construido un espacio para tomar vino. Es la única pizca de optimismo que Mai ha visto en Osi desde que volvieron del viaje. Cuando tiene alguna tarea que acometer o un reto para sacar adelante algo que no sabe hacer, su estado se ánimo se parece un poco al del hombre al que se unió, pero esos ratos duran poco y cada vez más, Osi se encierra en sí mismo y se pasa muchas horas pensativo y serio, caso triste.
Mai ha intentado darle a tomar infusiones que levantan el ánimo, pero parece que el se resiste a poner de su parte. Según van terminando de hacer el Espacio y cuando se supone que deberían disfrutar de lo conseguido, el hombre se siente más y más perdido, mientras que ella se desespera al no saber cómo ayudarle.
También Iria ve a su padre cada vez más distinto. Siempre tiene una sonrisa para ella, pero esa sonrisa ya no es tan alegre como antes. Junto a Mai ha intentado buscar algo que pudiera animarle. Incluso le ha propuesto que haga algo similar al trabajo del sílex como Mai hace con la arcilla, pero no mostró ningún interés. Se agota en seguida, ve cómo sus fuerzas se van y no sabe cómo reaccionar.
Lo único bueno de esta situación es que ha unido más, si cabe a ambas. Osi se alegra de que aquellos enfrentamientos por cuestiones sin importancia hayan desaparecido. Sabe que Mai está protegida y siente que ya nada más puede hacer por ella.
Cuando acaba la tarde suele sentarse junto a río a dejar pasar las últimas horas del día. Es un buen momento, nadie que le incomode, que le hable para cualquier tontería o que necesite de su ayuda. Incluso a esa hora Mai está terminando de recoger las piezas que hayan elaborado los niños y niñas que acuden a aprender la intrincada decoración que su mujer les enseña. Tampoco Iria está presente con su permanente alarma en la mirada. La quiere muchísimo, pero con sus cuidados le recuerda siempre, ¡como si necesitase que se lo recordaran, que está perdiendo la capacidad de trabajar, de poner interés e incluso de pensar en algo constructivo. Sólo se siente a gusto con esta pena por sí mismo, como si hacerse daño fuera la única forma de mostrar algo de la entereza de antes.
Cada vez se pone menos a prueba. Ya sabe que no debe hacer esfuerzos que le dejen agotado en cuestión de minutos porque puede ser peligroso que se encuentre en una situación de riesgo sin ayuda cercana. Tampoco vale la pena mediar sus fuerzas cada vez más menguantes. Sabe que la enfermedad le dejó algo en su interior que marcaba un límite y le cuesta aceptarlo. Mai también enfermó, pero su fuerza vital es arrolladora y no iba a ser esa enfermedad la que le arrebatara las ganas de vivir. A Osi sí. Le ha arrebatado todo. Sólo ha podido aguantar hasta que Mai tiene un entorno seguro y ahora que lo ha conseguido, como si fuera llegar a una meta, no siente que tenga que hacer nada más.
Cerca de su posición están unos troncos que servirán como postes de una nueva cabaña. Una más. Una tarea que se ha inventado Mai para que no se quede pensando en cosas que le hacen daño. Para que no haga lo que está haciendo ahora mismo, lamentarse, encerrarse más, alejarse de sus seres queridos, de morir en vida.
Cansado se levanta y se acerca hasta los maderos. No hace tanto los podría haber trabajado y colocado para iniciar una nueva construcción en una mañana. Ahora tiene que descansar después de mover cada uno de ellos. No debería ni siquiera tratar de moverlos solos. Mai de enfadará.
A pesar de ello, agarra con fuerza uno, el primero. Quizás debería asegurarse que los demás están seguros antes de mover este. ¡Imagina que estuvieran apoyados unos en otros!
Tan pronto como ha movido el primer poste sabe que algo va mal. Sólo se ha desplazado un poco, pero al moverse, varios de ellos se han movido en la misma dirección. Siente como la presión sobre sus brazos se incrementa. Esta en un problema. Mientras intenta empujar al madero para volver a enderezarlo, su cabeza le dice que no podrá, que debe intentar saltar hacia un lado y evitar que los troncos le golpeen.
Si lo hace, es posible que sólo salga con alguna herida leve, pero Mai se pondrá hecha una furia y es capaz de no dejarle salir sólo. ¡Otra humillación tener que estar siendo cuidado somo si de un niño se tratara! Tiene que conseguir enderezar el grupo de maderos. Un nuevo empujón no sólo no consigue levantarlos, sino que otro madero más se suma a los que le empujan hacia atrás.
Por otra parte, una voz le dice que ahora es el momento. No dolerá. Será un fin con algo de dignidad. Pero Mai… ¡Eres una carga para Mai! ¡Y también para los demás! No tiene casi fuerzas para seguir aguantando. Puedes elegir el modo, puedes elegir el momento. Si sigues como hasta ahora, será más difícil y nunca va a mejorar la situación.
Está decidido. Elegirá cuando y cómo. Y será ahora mismo.
Cuando está a punto de soltar las manos y dejar que pase lo que sea, ve el rostro de Mai y la pena que le va a ocasionar. No puede hacerla tanto daño. Saltará a un lado y verá como consigue esquivar el alud de madera.
Cuando ya se ha decidido, suena un chasquido. Parece que toda la madera se le viene encima. Ha tardado tanto en reaccionar y tomar una decisión que ya es tarde.
En el cercano Espacio, oyen el tremendo crujido del derribo de los maderos y un corto quejido ahogado por el golpe de los troncos al chocar contra el suelo y entre sí.
Mai se levanta con un respingo. Mira a su alrededor buscando a su hombre y no lo ve a su alrededor, corriendo se dirige hacia donde se ha producido el derrumbe. Iria y otros se le unen en la carrera.
Cuando llegan al lugar pueden ver el desastre. El cuerpo de Osi sobresale de debajo de varios puntales de madera. Entre todos se ponen a retirar, lo más rápido posible, el peso que está sobre el hombre. Mientras Mai se acerca a Osi y se prepara para lo peor. No es posible sobrevivir a ese peso. Además, de su cabeza sale algo de sangre. Ha sido golpeado por uno de los maderos al hacer.
Iria grita histérica y se tira de los pelos, los hombres jadean por el esfuerzo, pero Mai parece que está intentando que Osi le explique que ha pasado. No se mueve. Esta junto al cuerpo, pero no responde. No llora con lágrimas, pero una profunda pena sube por su pecho. Su vida se ha partido en dos. Cuando queda liberado, comprueban lo que ya sabían. Ha muerto.
Con cuidado, entre varios hombres trasladan a Osi hasta el Espacio, al lugar que con sus manos construyó para atender a otros.
Casi toda la gente del poblado acudió a la inhumación en la tumba excavada en la roca, en una de las esquinas del Espacio. El cuerpo de Osi fue depositado tumbado de lado cerca del muro para dejar espacio para otra persona.
Antes de colocar el cuerpo, se espolvoreó cinabrio en el suelo a modo de cama.
Mai habría querido realizar a solas la despedida con la que había sido su pareja desde que era casi una niña, pero tan pronto como se conoció el suceso, la gente no ha dejado de acudir al Espacio. La mayoría trae un pequeño objeto a modo de ofrenda, los menos, algunas gotas de cobre que servirían como adornos o cuentas de collar. En la puerta, los niños de Mai y Osi, que llegaron con ellos desde el bosque se han cubierto el rostro y el pelo de ceniza. Los más pequeños no pueden sofocar el llanto, pero, aunque la pena es enorme, Los mayores aguantan el tipo.
Dentro de la tumba sólo se encuentra Mai. No llora. No lo necesita. Saber que la mitad de su vida se ha ido, pero cree que estará aguardando hasta que, de alguna manera, vuelvan a reencontrarse.
Recuerda todos los pensamientos que sin hablar le traspasó la anciana del bosque y tratará de usar esa forma para transmitir todo ese conocimiento antes de que su tiempo termine. Debe buscar a la persona adecuada y ver si es capaz de hacer lo mismo que hizo la mujer.
Con mimo, coloca un vaso de los últimos que ha elaborado. Es muy superior al que preparó para entregarle y que motivó la expulsión del poblado. La decoración, de motivos geométricos complejos repartidos de forma totalmente simétrica, se adapta a la forma de la pieza de tal forma que consiste en tres bandas horizontales sobre boca, cuerpo y base, formadas por líneas paralelas horizontales, rellenas de triángulos corridos que están rellenos, a su vez, de incisiones en el mismo sentido de los lados del triángulo. Las tres bandas están separadas por dos espacios sin decoración, y cada una de ellas está formada por cuatro pares de líneas rellenas con pequeñas incisiones paralelas verticales, y una zona central, más ancha, rellena por líneas paralelas horizontales en zigzag. Tal y como más le gustaba a Osi, no ha aplicado la pasta blanca a la decoración renunciando a resaltar la misma a cambio de ese tono negro intenso que tanto le gustaba.
El vaso está lleno de kaelia, la cerveza que se usa en los rituales mortuorios. Bebe un trago y vierte un poco sobre los labios de Osi. Después coloca el vaso entre sus manos. Es el único elemento de ajuar que le acompaña. Cuando sea el momento de cerrar la tumba, en superficie se colocarán todas las piezas que están trayendo la gente del poblado. Pero el interior es sólo para ellos.
Cuando sale de la tumba, los niños susurran su antiguo ritmo –“ Ubuntu – somos bosque … Ubuntu somos bosque …” Mai se une a ellos. Mientras la gente no entiende porqué usan una ceremonia tan extraña.
No se va a celebrar ninguna comida ceremonial, no se va a beber alcohol ni a usar hongos alucinógenos ni ninguna de esas tradiciones que ni Mai ni Osi desean. Iria ha aceptado eso a regañadientes. Sabe perfectamente que sus padres tienen una forma distinta de relacionarse con los ancestros y que ninguno necesita demostrar su posición a la que renunciaron tras su vuelta. Pero ahora tiene sus dudas. ¿Estará haciendo lo correcto para ayudar a su padre a llegar a su destino?. Nada puede hacer ya. Con un gesto, ordena a varios hombres que están preparados que coloquen la cubierta vegetal que permitirá acceder al interior a Mai y que sólo se cerrará, definitivamente tras la muerte de su madre.
Aunque no se celebre el banquete fúnebre en el interior de la tumba, la gente se sienta a digerir lo preparado en los alrededores. Iría no ha podido negarles eso y Mai tampoco ha puesto pegas. Al revés, eso facilita un tránsito menos triste a su nuevo estado.
Pocos días después un revuelo en el poblado hace que Mai y Had salgan del espacio para ver que pasaba. Asombrada Mai ve llegar a la anciana del bosque. Casi no puede caminar. Se apoya en varias mujeres del poblado que han salido a ayudarla a llegar hasta donde se encuentra ésta. Desde que llegó sólo ha pronunciado el nombre de la mujer, una vez y otra. Y sin embargo casi nadie sabe cómo suena su voz. Aunque no se han dado cuenta, ha usado ese poder que tiene de comunicarse sin despegar los labios.
Had coge en brazos a la anciana que apenas pesa y la lleva a la cabaña de los cuidados. Ella se resiste. No quiere atención para ellas, sino para la pequeña. Mientras la joven atiende a la anciana, Mai se hace cargo de la pequeña. Tiene unos cinco ciclos, resuena en su cabeza la voz de la anciana. Aunque es muy pequeña, vino a llenar un vacío mucho más grande. Mai no responde, sabe que no hace falta. De alguna manera, la anciana sabe que Osi ya no está y de la misma forma que apareció en el bosque cuando lo necesitó, ha tenido fuerzas para hacer tan largo camino para llegar hasta ellas ahora que lo necesitaba.
La niña mira intensamente a Mai y la voz de la anciana le llega con la confirmación de que entiende. Que puede expresarse de la misma forma que ambas y que es el deber de Mai transmitir, poco a poco a la pequeña todo lo que ella recibió.
No sé si voy a tener tiempo. Me encuentro muy cansada y triste.
No es el tiempo tuyo el que cuenta. Es el tiempo de todas las mujeres. El tiempo de esta niña, el tiempo de la Madre. Tienes TODO EL TIEMPO. – volvió a resonar en su cabeza.
¿y por qué yo?
Ya has mostrado cómo se cuida a las personas, cómo se alimenta la tierra para que la madre disponga de más fuerza para alimentar a la gente, ya has mostrado que los animales no son sólo carne, que la lana de los corderos es ideal para vestir, la leche para alimentar, Has hecho que tu gente y todos los que se han cruzado en tu camino tengan una nueva meta. Un destino.
Eso lo hemos hecho Osi y yo, y ahora estoy sola.
¿sola? ¿Y toda esta gente? Ahora sois más para mostrar. Cada uno de vosotros creará un camino nuevo. Y cuantos más caminos más gente llegará a su destino.
¿Me ayudarás?
Mi destino está cubierto. Tenía que encontrar el tiempo y las herramientas para ayudarte en el tuyo. Ahora todo está cumplido.
Es cruel que en pocos días tenga que sufrir dos pérdidas.
No pierdes nada. Conmigo no contabas y una vida amortigua el dolor por otra vida.
Ubuntu ¡Somos Bosque! - Exclamó de golpe Had. Cuando un árbol cae, deja sitio a otro árbol.
¿Entiendes a la anciana, mi niña?
Ella ha querido que entienda. No sé por qué, pues ya no la oigo.
He querido que fuera ella la que te lo explicara con palabras sonadas.
¿y ahora?
La Madre determina, nosotras seguimos sus deseos. – y por primera vez desde que la encontró en el bosque, escuchó su voz al pronunciar el rito natural: - Ubuntu, somos Bosque. Después con un suspiro de satisfacción su cuerpo se relajó y comenzó su nuevo viaje hasta la Madre y los ancestros.
…
El ajuar que acompaña a la anciana consta de dos piezas. Una pequeña vasija globular similar a las antiguas ollas encontradas en los espacios dedicados a los ancestros y un pequeño puñal de sílex que la anciana utilizaba para cortar trozos de plantas o flores en sus quehaceres.
Mai, coloca dentro de la pieza, un tallo de Euphorbia, una planta que la anciana llevaba consigo y que la mujer ha guardado para estudiar sus propiedades.
Mai ha elegido para la inhumación de la anciana una tumba donde, recientemente se enterró a una joven mujer junto a su propio ajuar consistente en un vaso de cerámica decorada elaborado por los jóvenes que acuden al Espacio de forma magistral y a cuyo lado existía un enterramiento más antiguo, de la época de las primeras muertes por la enfermedad cuyos restos, siguiendo el rito marcado, han sido trasladados al fondo de la sepultura. También en esta fosa, se han incluidos huesos muy antiguos encontrados por el derrumbe de una pequeña fosa junto al río y a los que se ha rendido respeto en su nueva ubicación.
Con la anciana, se ha decidido cerrar definitivamente la tumba por lo que se ha colmatado con tierra y piedras. En la parte delantera, la que servía de acceso, se ha colocado un pequeño túmulo de piedras cubiertas por un lecho de barro en el que ha sido embutido fragmentos de herramientas de las usadas en la recolección.
Cuando todos se han marchado, frente a la tumba sólo están Mai, Had y la niña, que mediante esa forma tan extraña que tenía la anciana de comunicarse, ha dicho que se llama Livi. Un poco más atrás, Iria observa como la niña se agarra de la mano de Mai y con la otra busca la de Had. Con una sonrisa, la jefa del poblado se retira en silencio. Sabe que la suerte envuelve a la niña que ha ido a llegar al lugar apropiado y para ser cuidada por las mejores personas posible.
Una vez Mai dijo que Arlo hablaba de casualidades y de causalidades. Quizás no ha sido la suerte la única en hacer que la niña llegue a este poblado. Al fin y al cabo, desde donde Mai conoció a la anciana hasta aquí, hay mucha distancia para un ser tan débil como ella y sin embargo, llegó para cumplir su misión. ¿Qué la suerte de la pequeña contagie a todo el poblado! Suspiró la joven.
…
Un hombre fuerte, con una gran barba que compensaba la pérdida de cabello en la frente, se quedó mirando a Mai mientras trabaja con Livi en las formas que tienen algunos pueblos de preparar de camino de sus fallecidos hacia el encuentro con los ancestros.
La mujer, tras notar la presencia de alguien a su alrededor, levanta la cabeza y se queda con la boca abierta. Detrás de la figura masculina, se oye a Iria reír a carcajadas.
¡Ermá! ¡has vuelto! Dice cuando el asombro le permite hablar. – Y se levanta con una vitalidad sorprendente para su edad para lanzarse en los brazos de su hijo.
¡Vaya! Me decía Iria que estabas mayor, pero yo no creo que pudiera levantarme del suelo con esa agilidad
Iria es una desvergonzada que se rie de su madre. ¡Pero ya llegará a mi edad! - Contesta Mai entre risas.
Pues tengo una sorpresa mayor, mamá. Este hombre dice que tú lo has criado y que somos algo así como hermanos. – Ermá se aparta y desde atrás se adelanta Illo. Hace unos años se emparejó con una joven de otro pueblo y marchó con ella al norte.
La casualidad ha hecho que se encontraran en una gran población que se está formando al oeste en un cruce de caminos. Hablando sobre el destino que llevaban cada uno de ellos, comprendieron que ambos se encaminaban hacia el mismo sitio y que su destino era la misma persona. Illo puso a Ermá en antecedentes sobre la muerte de Osi, así que la pena por su pérdida, quedó un tanto matizada con la sorpresa de que tenía cinco hermanos más, junto a Iria.
Bueno, cinco no. Contestó Mai. Suss cayó enferma y no pudimos hacer nada por ella. La enfermedad la atacó muy fuerte después de asistir a una gran celebración de primavera. Muchos de los asistentes murieron. Fue de las últimas andanadas que dio esa plaga.
Y de Osh no sabemos nada desde hace meses. Partió hacia el este con un grupo que intercambiaba abalorios por cobre. Ya tendría que haber vuelto, pero no sabemos que ha pasado. Ya sabes que en el este están los Yamnaya. Esperamos que no se haya encontrado con ellos. – Le contó por su lado Iria.
Aquí puede que no haya habido más muertes, pero en mi poblado sigue aumentando el número de enfermos por esa causa. De hecho, he venido hasta aquí desesperado. No conseguimos controlar el mal y pensé que podrías ayudar. Hasta que no te he visto, no he caído en la cuenta del tiempo pasado. No creo que puedas hacer un viaje tan largo.
No des tantas cosas por sentadas. Cuéntanos la situación y después miramos como podemos ayudar.
Mi mujer y mis hijos, junto a muchos niños más están enfermando. Casi sólo les afecta a ellos.
¿Hijos? ¿Tienes hijos?
Seis. Pero como te digo la enfermedad está atacando a los pequeños. Yo creo que mi mujer se ha contagiado mientras les cuidaba. Hicimos lo que aprendimos aquí, les aislamos, les hacíamos beber algunas infusiones que ayudan a respirar, pero hasta ahora casi nada ha servido de mucho. Los adultos casi no sienten la enfermedad, pero los menores la sufren de forma más intensa.
¿A cuanta distancia está tu poblado? Ahora que estamos aprendiendo a usar los animales para desplazarnos no es tan difícil llegar a lugares relativamente cercanos.
Vivo a unas dos semanas de marcha. Junto al gran río que hay al norte de este.
Bueno. Primero vamos a ver que material tenemos y preparamos lo necesario para salir cuanto antes. Ermá, ¿podrás venir con nosotros? Tienes más experiencia que cualquiera en esto de viajar y he visto que llevas con soltura un arma.
Por supuesto. Tardaré al menos tres lunas en reunirme con mi caravana y así me cuentas todo esto de tener tantos hermanos y, al parecer, otra más por lo que veo. - dijo Ermá señalando a Livi.
Cada uno se puso a preparar la parte del viaje que tenía asignada. La intención era salir con las primeras luces. Mai estaba en todas partes. Miraba, revisaba y corregía. De donde había sacado tanta energía no se sabía, pero era obvio que la llegada de Ermá e Illo y saber de la necesidad de ayuda de éste había cargado su ánimo de fuerza. Sólo tuvo un pequeño desmayo cuando pensó que no tenía a todos a su lado. Osi no estaría para este viaje.
Bueno, como siempre, mientras yo te recuerde estarás conmigo – habló consigo misma mientras restregaba una lágrima furtiva.
Como sólo tenían dos animales para el viaje, Mai y Livi iban sobre uno de ellos y los enseres que transportaban, en el otro. No había sido fácil convencerla de subir a ese caballo tan alto, pero le habían dejado claro que la alternativa sería que se quedaría en el poblado y llevarían a Iria con ellos.
El pequeño grupo estaba formado por Illo, Ermá, Livi y Mai. Iria se quedaba a cargo de sus obligaciones en el poblado y cuidaría del aprendizaje del trabajo de la arcilla de los pequeños. Had, por su parte, se hacía cargo de todo lo necesario para mantener sanos a la población y controlaría el Espacio y sus dependencias.
Sólo tardaron ocho días en llegar. La marcha con animales había sido determinante para acelerar el paso, pues la mujer y la niña no retrasaban la marcha y los dos hombres estaban en forma, habituados en marchar.
La situación era terrible. La enfermedad había hecho estragos en los pocos días que Illo había estado ausente.
A pesar de que las medidas que se había tomado eran las correctas, el resultado había sido igual de malo que cuando la enfermedad comenzó a atacar varios ciclos atrás. Mai se dirigió al jefe del poblado con el respeto debido, pero éste le dijo que agradecía la ayuda que podía prestar y que podían dejar el protocolo para tiempos mejores.
Comprendo que personas con nuestro prestigio tienen unas obligaciones sociales que son importantes. Pero una cosa que illo ha conseguido hacernos comprender desde que llegó aquí es que, antes de la posición social está el bien común de nuestro pueblo. Por eso agradezco su llegada y cuando tengamos algo de descanso beberemos a la salud de nuestros pueblos.
Mai miró orgullosa a Illo y asintiendo se puso a organizar las tareas.
En realidad, la presencia de Mai, en cuanto a las cosas que se preparaban era del todo innecesarias. Como había dicho Illo, las medidas adoptadas eran correctas, los enfermos estaban en distintas cabañas según la gravedad de su estado y se habían trasladado a los muertos hasta un túmulo cercanos donde se estaban efectuando las inhumaciones colectivas.
Mai quería que Livi conociera una estructura funeraria como esa y llevó a la pequeña hasta el túmulo.
Éste se había distribuido en cuatro de enterramiento. Por un lado, estaba la cámara central, encargada de albergar a la mayoría de los cuerpos y a su alrededor, se habían abierto tres nichos equidistantes entre sí. Mai quería que Livi aceptara la muerte de las personas como algo natural a los que estamos abocados todos.
Es duro que alcance a niños y niñas pequeños y nos gustaría que sólo los ancianos, tras la una larga y próspera vida, pudieran descansar ante el viaje con los ancestros. Pero la vida es dura y son muchos los infantes que no sobrepasan las primeras estaciones de vida. Hay que aprender que su viaje es tan importante como el de los adultos y que la lógica pena por la pérdida, no debe impedirnos seguir mirando hacía el futuro, intentando que sea mejor para todos.
Livi, cuando trataban un tema tan doloroso, contestaba mediante el pensamiento, pues articular palabras para describir una situación tan cruel le resultaba imposible. ¿Por qué ocurre?
La muerte no está relacionada con el bien ni con el mal. Es algo que nos pasará a todos. Es cruel que ocurra con tanto dolor a niños y niñas tan jóvenes, pero ocurre sin más. Quizás los hijos de nuestros hijos vivan en un mundo mejor y estas cosas no ocurran. Pero hasta entonces, debemos ayudar a que los que no continúan con nosotros, se presenten ante los ancestros como debe ser.
En la cámara central del túmulo, se habían dispuesto diez cuerpos de jóvenes y un bebé. Éste estaba acompañado de un hombre y una mujer. Ella había fallecido de la enfermedad, pero él se había quitado la vida ante la impotencia provocada por la pérdida. La mujer llevaba un collar de trivia arctica y varias cuentas prendidas de sus ropajes de variscita. En el cuello del bebé, se había colocado una cuenta de ámbar colgada de un cordón de piel. Un punzón de cobre, adornaba una prenda del hombre. El jefe del poblado colocó, junto a ellos un ajuar completo de arcilla decorada con las tradicionales bandas anchas de incisiones. Eran el hijo de su hogar, la pareja de él y el bebé que habían tenido dos lunas antes. Mai se quitó una de sus propias cuentas del collar y la colocó junto al hombre con un gesto de sentimiento profundo para una persona que no había sabido luchar contra el dolor. El jefe del poblado casi pierde la compostura ante el gesto y las lágrimas asoman a sus ojos. Pero aguanta el dolor el dominio sobre sí mismo. Mai apoya su mano en el brazo en un gesto de solidaridad. La gente del poblado acude con piezas cerámicas que depositan junto a las paredes de la tumba. Algunos traen punzones de cobre e incluso puntas de flecha.
Los ajuares no se asignan a ninguno de los cuerpos allí depositados, pues también se colocan en las cámaras restantes del túmulo donde, en un nicho están colocados dos niños fallecidos días antes. Sendos collares elaborados con hueso adornan sus cuerpos y también se colocan piezas de arcilla decorada. En el otro nicho, el cuerpo de una mujer y sus dos hijos que son las primeras víctimas de esta oleada de la enfermedad y que pudieron, sin saberlo, haber contagiado al resto pues volvieron con molestias de un puesto de intercambio que existe a poco más de un día al norte del poblado en el camino principal. En la zona frente a la mujer se colocó una cazuela con decoración incisa y dos cuencos lisos como otro entre las cabezas de los dos niños que una mujer muy anciana colocó un pequeño vaso sin decoración, cocido a toda prisa, ya que Mai ha recomendado el cierre del túmulo para atajar los contagios.
Después, todos los participantes se unen para sellar la tumba con grandes piedras traídas del río Tras lo cual, vuelven al poblado mientras las primeras sombras se hacen dueñas del paraje.
…
Ermá, Mai y Livi se encuentran fuera de la cabaña asignada hablando. Mai les pregunta si han visto una especie de tumba junto al túmulo que tiene un cierre curioso. Ermá dice que sí. Que ese tipo de inhumaciones son habituales en algunas zonas del oeste.
Se realiza la tumba con piedras calizas alrededor de los cuerpos y entre ellos a modo de separación. Cuando se ha completado la cubierta, se hace un especial ritual de clausura fundiendo la piedra hasta conseguir una costra de cal resultante de la acción del fuego sostenido durante el tiempo necesario para conseguirlo. Las gentes que realizan este tipo de inhumación tienen un gran conocimiento del control del fuego y tanto el cobre, como las piezas de arcilla son especialmente duras. Además, a través del mar, llega un tipo de metal nuevo que se puede mezclar con el cobre. Pero hasta ahora no han encontrado la forma de hacerlo. Estas gentes no entierran a todas las personas de la misma manera. Con ese ritual, sólo son inhumados ciertos elementos seleccionados por el estatus alcanzado en su modelo de convivencia ya sea por la acumulación de bienes de prestigio, control de la producción o por ser elegidos expresamente para esa acción.
Bueno, ¡como en otras partes! Las élites quieren diferenciarse y cuando no pueden hacerlo personalmente lo hacen mediante grupos familiares. No tenemos más que recordar a Arlo y su familia.
No puedo olvidarlo. Es el origen de vuestra desgracia y en definitiva de la enfermedad que fue socavando la vida de mi padre.
Osi podría haber enfermado en nuestro pueblo igualmente y tampoco considero tanta desgracia el viaje. Nos permitió tener a los chicos del bosque, conocer el santuario de Oray e incluso conocer el daño que gente como Ayus puede hacer en nombre de la libertad de cada uno. ¡Cómo si no estuviéramos todos conectado entre sí! Y recuerda, que al final Arlo murió salvando a su propio pueblo luchando contra la enfermedad junto a Iria.
La frescura de la noche comenzaba a incomodar a Mai por lo que se levantaron para ir a dormir. En uno o dos, comenzarían la vuelta a casa.
Illo, con permiso del jefe del poblado, hace de anfitrión. Les muestra a los suyos, la zona del poblado donde se trabaja el metal de cobre. El destacamento, como en otras partes, está separado del poblado principal para evitar el peligro de los incendios. Livi se queda admirada ante el fuerte color del metal fundido y ver como se vierte en moldes de piedra que han sido tallados con anterioridad. El chico que vierte el metal, al comprobar lo impresionada que está la muchacha, se esfuerza en intentar hacer el vertido sólo, lo que le cuesta una reprimenda del responsable y una zurra en la cabeza. Livi suelta una carcajada. Mientras el chaval, atolondrado tanto por el golpe como por la risa de la muchacha, intenta salir lo más airoso de la situación y de un hueco de su vestimenta, saca una pequeña perla que ofrece a Livi. Ahora le toca a ella sonrojarse. Pero Mai advierte al muchacho, que va a entregar una parte de lo obtenido de su trabajo, que volverán a casa en breve y que Livi no puede quedarse en este poblado. Aún así, el muchacho rechaza que Livi le devuelva el obsequio.
Illo también les muestra el río de donde la población saca el pescado con el que se alimenta. Mai se interesa mucho por una especie de salazón que permite llevar el pescado hasta casa sin que se estropee e intercambia unas pequeñas placas de ídolos oculados que siempre lleva encima por tres piezas que envuelven en unas hojas de árbol muy grandes.
Junto a la orilla, se encuentras un grupo de embarcaciones elaboradas a partir del vaciado de troncos. Le recuerdan a la mujer la llegada al gran Ara desde la salida del bosque y cómo se negó a viajar a lo largo del río para evitar nuevos males. Pero ahora no tiene tantos problemas en probar y le pide a Illo que hable con esos hombres para ver si puede hacer un pequeño recorrido en la piragua.
Los hombres, tras conocer su curiosidad, aceptan esa insólita petición. Están a costumbrados a llevar personas y mercancías por el río, pero nunca han subido a nadie para que conozca como se navega.
Antes de partir, el hombre que va a manejar la barca murmura unas palabras y vierte un líquido en el río. Claramente es una ofrenda y Mai se apresura a imitarle echando una pequeña plaquita.
Aunque el cauce es sereno, tan pronto como la piragua se separa de la orilla Mai siente que todo se mueve en torno suyo. No está acostumbrada a tanta inestabilidad y en seguida se marea. Pide que le acerquen de nuevo a la orilla y tras bajar es sacudida por un pensamiento raro. ¡Quizás los seres del rio no consideraron adecuado o suficiente su ofrenda!
Refunfuñando se aleja del embarcadero hacia el poblado mientras Illo, Livi y Ermá se contorsionan de las carcajadas. No es nada habitual ver a Mai perder de esa forma la compostura. Ellos se quedan, sin embargo, para probar las artes de la navegación, aunque Ermá reconoce que ya ha viajado en algunas embarcaciones más grandes de los ríos de mayor envergadura.
Mai llega a su cabaña con el pescado conseguido y busca en su bolsa algunas hierbas con las que cocinarlo.
El jefe del poblado puso a su disposición una pieza de cerámica muy similar a una cazuela de las que se usaban en su tierra que se apoyaba sobre tres patas. Era una pieza que había llegado desde el este por medio de un grupo de intercambio. La vasija se colocaba sobre las brasas y las patas evitaban que el calor se concentrara en un solo punto lo que facilitaba la cocción.
Mai se fijó en las formas para cuando llegara casa pudiera reproducirla en el Espacio, pero el jefe, ante su interés y recordando todavía el detalle de Mai con el cuerpo de su hijo en el túmulo, le ofreció la vasija como ofrenda de cortesía. Mai sólo aceptó cuando el jefe consintió en recibir una de las piezas de arcilla decorada que Mai siempre llevaba encima para agasajar a las personas con las que se encontraba, bien al visitar su población que era lo más habitual, bien cuando hacía pequeños desplazamientos a otros hábitats.
Al mismo tiempo, la mujer invitó al jefe del poblado a compartir esa misma noche los alimentos cocinados y así, cumplirían ambos con las normas de hospitalidad que se debían y que habían quedado aplazadas por la inhumación en el túmulo.
…
De vuelta en casa, Mai se prepara para un nuevo día de enseñanza. Hoy tiene que explicar a los más mayores, algunos de los rituales que se realizan en el acompañamiento de los miembros de la tribu hacia el lugar de los ancestros.
Aunque ni la mujer ni Osi creyeron nunca que ese tipo de ritos fueran necesarios, los jóvenes tienen que estar preparados para integrarse en otros pueblos cuando se hacen alianzas por medio de matrimonios, cuando deciden partir hacia otras tierras para fundar un nuevo asentamiento o cuando, de forma temporal o definitiva, tienen que convivir con personas de otras tribus que sí dan importancia a las formas en la relación entre vivos según su posición social y entre las demostraciones de prestigio que trasladan hacia las sepulturas, como demostración de un estatus que va más allá de la vida misma.
Uno de los aspectos que suelen olvidarse en el tratamiento de las personas que fallecen y sus familiares quieren hacer ostentación de su posición en la organización del poblado y los excedentes de producción es que, junto a las habituales piezas cerámicas y armas, solemos incluir algunas materias primas que, en sí mismas, marcan la posición de la persona inhumada. – Mai comenzaba sus clases aportando siempre alguna información que llamara la atención de los chicos y chicas que asistían.
¿Te refieres a los adornos que acompañan a las personas en el gran viaje? – pregunta una niña que, en pocos días se emparejará y dejará de asistir a las clases.
Si, pero no solo a piezas de uso decorativo. También a materiales que vienen de lejos o son difíciles de encontrar. Y en muchos casos, no debemos olvidar que hay objetos que incluimos en las inhumaciones como son los molinos de granito.
Pero eso sólo en las personas de menor categoría.
No hay personas de mayor o menor categoría. Hay personas con mayores responsabilidades o con un mayor control sobre la producción de ganado o cosechas en nuestro entorno o metales y sal en otros lugares no muy lejanos. – Mai siempre intenta que los niños comprendan que las personas son iguales, especialmente ante la muerte, pero sabe que en sus cabañas, suelen contradecir estas enseñanzas. De hecho, no sabe por qué les envían a sus hijos e hijas si no creen en lo que les enseñan. Parece, más bien que quieren una buena colección de piezas cerámica de buena calidad para su propio uso.
Pero mi madre dice …
Ya sé lo que dice tu madre. Te recuerdo que yo conocía a Arlo y él, al principio, pensaba igual que tu madre. Pero luego su forma de pensar cambió y sin embargo continuaba siendo jefe del poblado.
De un pliegue de su túnica, Mai saca un montón de cuentas verdes. Los ojos de los niños se abren con asombro.
Estas son cuentas de collar hecha hace unos días, pero disponer de elementos de adorno personal con este tipo de piedras de color verde es una costumbre que viene desde nuestros ancestros. Me gustaría que cada uno de vosotros tuviera una pieza y comenzara a componer un collar con piedras de distinta naturaleza y procedencia, de tal forma que con el tiempo, cada una de las piedras os recordará algún momento de vuestra vida. Esta primera piedra, espero que os recuerde siempre lo mucho que os quiero.
Los niños esperaron a recibir cada uno su cuenta de collar mientras, rápidamente trenzaban un pequeño cordón para colgarlas al cuello.
La mano de Mai vuelve a introducirse en otro pliegue y saca un puñado de pequeñas conchas que han sido trabajadas para ser, igualmente, colgadas del cuello.
Como veis, también conocemos adornos hechos con conchas marinas desde antiguo. Podéis incluir una de estas piezas en vuestro colgante. Así mismo, se pueden incluir adornos florales que se renuevan cada vez que se secan. De ese tipo no os he traído, pues nunca me gustó arrancar una flor y hacer que muera. Me gusta más disfrutar de ellas en el entorno.
Los niños miran la mano de Mai cuando vuelve a buscar algo entre sus ropas. La mujer les hace esperar para aumentar el suspense. Le encanta la expectación que crea cuando todos esos ojos siguen el movimiento de su mano.
Finalmente saca un montón de piezas parecidas a tallas de hueso. Algunos niños fruncen el ceño algo desilusionados. Adornos de hueso suelen hacerlos a menudo en las clases por ser un material fácil de encontrar y para sus pequeñas manos, fácil igualmente de trabajar.
Mai sonríe. Ahora llega la sorpresa.
Como podéis ver, estas piezas se pueden confundir con el hueso que trabajáis algunas veces, pero no son de hueso. Es marfil y se ha conseguido de los colmillos recuperados de una cercana terraza fluvial. ¿Alguno sabe de dónde se saca el marfil?
Un niño, cuyo padre estuvo en la recuperación y ha oído la historia del descubrimiento, levanta la mano y suelta:
Un Matut
Parecido, ríe Mai. Un Mamut, un gran animal del tamaño de cuatro o cinco cabañas que vivía junto a nuestros ancestros los Mamuthais.
Los niños tienen la boca abierta imaginando un animal tan grande. Mai hace un dibujo en el suelo mientras todos observan asombrados.
El Mamut tenía unos grandes colmillos aquí y aquí capaces de doblar cualquier árbol para procurarse alimentos o de ser usados como armas para defenderse de cazadores u otros animales.
Ante un gesto con la mano como si de un colmillo se tratara, los niños se echan hacía atrás para evitar el supuesto ataque. Ahora miran con mayor curiosidad los adornos de marfil. Ya no tienen la menor duda de que una pieza así en su colgante les dará más fuerza en sus pequeños músculos.
Mai se queda ensimismada mientras observa a los niños. Éstos creen que se ha dormido como ocurre a veces. Los más osados carraspean y Mai se sobresalta ligeramente. Su pensamiento se había ido. Por un momento le ha parecido ver a Osi en el fondo de la cabaña como si escuchara.
Intenta continuar con la charla. Tiene que darse prisa, pues llevan mucho rato en la cabaña y algunos, a pesar de lo emocionante del relato y de las ofrendas recibidas, comienzan a bostear.
Livi, está atendiendo a una mujer que se ha caído y se ha hecho daño en un brazo. De repente, siente un escalofrío y se queda quieta mirando su pensamiento atentamente. Sea lo que sea, ya ha pasado. Por un momento le ha parecido sentir una presencia desconocida para ella pero a la vez, muy intima y desde luego relacionada con Mai.
…
Mai vuelve a meter su mano en su ropa y saca otro montón de cuentas. El color sagrado amarillo, tantas veces usado desde la época de los ancestros brilla a la luz. Los niños miran el brillo del oro. Es muy habitual que cualquier adulto tenga pequeñas cuentas de este material ya que el metal se trabaja desde antiguo, pero no suele estar al alcance de los pequeños, ya que es una de los elementos de mayor prestigio que existen. Los responsables del poblado suelen lucir, en las ceremonias importantes, unas diademas doradas en la frente y ciertos ornatos de este material compuestos por cuentas y zarcillos que sujetan al pelo. La misma Mai, no muy dada a exhibir este tipo de adornos, lleva en sus cabellos unos zarcillos dorados, obtenidos por Osi….
Su pensamiento vuelve a quedarse bloqueado en su pareja. Osi le regaló esos adornos. Con sus propias manos los hizo y los prendió en su pelo. Desde entonces nunca se los ha quitado. Han pasado muchos años desde su partida, pero siempre que piensa en su hombre se lleva una mano a los adornos. Los chicos se impacientan, pero Mai no reacciona. Después de un rato, con gesto mecánico reparte las pequeñas cuentas entre los chicos y se despide de ellos sin casi atenderlos.
En el fondo de la cabaña está Osi. Está raro, pero no le cabe duda de que es él. No. No es él. Es su pensamiento. Los espíritus no vuelven del más allá.
…
Ahora Livi no duda de que algo ocurre. Cuando sale de la cabaña en dirección al lugar donde Mai está con los niños estos están saliendo. Livi les preguntan y los chavales contestan que Mai se duerme y les ha pedido que se marchen a sus cabañas. Iria también se acerca. A pesar de no tener la capacidad de Mai y de Livi para comunicarse con el pensamiento, ha sentido la necesidad de acercarse a ver a Mai.
Juntas se acercan a la entrada de la cabaña. Mai está sentada en el suelo y aunque allí no hay nadie está manteniendo una conversación con alguien. Iria mira hacia Livi y le pregunta con la mirada. No. No es con la muchacha con la que está hablando. Además, no está usando el pensamiento. Pueden escuchar sus palabras.
Livi vuelve a tener la misma sensación de presencia desconocida en la cabaña. ¡Pero allí no hay nadie! Sin embargo, Mai sí puede sentir la presencia y habla con él. Es un murmuro bajo. No se entienden sus palabras. Pero parecen que tienen algún sentido.
De pronto, la sensación desaparece. Mai se vuelve hacia las dos mujeres y sonríe. Les pide ayuda para levantarse se marcha hacia su propia cabaña. Las dos mujeres la siguen, pero Mai se vuelve hacia Livi y le pide con el pensamiento que se encargue de preparar una comida ceremonial de despedida para esa misma noche.
Después busca el brazo de Iria para apoyarse en él mientras madre e hija, juntas continúan su camino hacia la cabaña. Mai le da instrucciones a Iria mientras su hija tiene los ojos llenos de lágrimas. Siempre se han querido muchísimo, pero nunca se ha sentido tan cerca de su madre como en ese momento. Y sabe que sólo va a durar unos instantes.
Tienen el mismo carácter y eso les ha hecho enfrentarse muchas veces. Incluso por cuestiones sin ninguna importancia. La muerte de Osi les obligó a templar esos enfrentamientos paro las obligaciones de cada cual hacia que pasaran muchas horas sin coincidir.
Aún así, ante cualquier cuestión importante en la vida de Iria, Mai era su primer pensamiento y casi siempre su primera opinión.
Pero la sensación que ahora tiene es distinta. ¡Ojalá hubiera sido así siempre! Se siente calmada y reconfortada del brazo de su madre. Pero Mai le ha contado que Osi ha venido para acompañarla y ni por asomo Iria piensa que su madre ha perdido la razón. Ella siempre ha hecho cosas así. Siempre ha tenido una sensibilidad que ni Ermá ni ella han comprendido del todo. Ni siquiera Osi llegaba a interpretar esos sentimientos, pero para él era fácil: si partía de Mai era válido y se adaptaba.
Como si hubiera acudido a una llamada, Ermá que sin saber por qué ha aplazado muchas veces la vuelta a su poblado en el extremo oeste, llega y se coloca junto a su madre apoyando su frágil cuerpo en los musculosos brazos de su hijo. ¡Cuantas veces Iria ha pugnado con su hermano y ahora sabe que su presencia es tan necesaria como la suya propia! Juntos los tres por última vez.
Cuando llegan a la cabaña de Mai, junto a sus hijos, comienza a acicalarse como para una ceremonia. Iria le engarza las cuentas de oro en el cabello y en la ropa mientras osi busca una pieza de piel que Mai utiliza cuando hace mucho frío en invierno. Tiene tres botones de marfil para sujetarla en los hombros.
Poco a poco, entre los tres terminan con la preparación del atuendo de Mai. Livi y los chicos del bosque que han formado la familia de Mai y Osi desde el gran viaje que les hizo encontrarse van entrando en la cabaña. Mai les espera. Quiere tener a toda su gente cerca.
Fatigada da sus ultimas instrucciones y se despide de cada una de las personas que más quiere en este mundo. Nadie llora en su presencia. Han sido educados en el respeto hacia la partida de las personas hacia el mundo de los ancestros y en que si los que dicen los chamanes es cierto, volverá a encontrarse en algún lugar mucho mejor.
No hay diferencias entre todos ellos, pero Iria y Ermá están situados a cada lado de su madre. No es una situación de privilegio sino de amor. Por tercera vez en el mismo día Livi siente la extraña presencia en la cercanía de Mai. Al perecer, nadie más puede sentirla pues nadie reacciona. Con el pensamiento pregunta a Mai por esa presencia, pero lo único que recibe es la confirmación de la misma y que todo ocurre como debe ser.
Según pasa el tiempo, Livi nota más sensaciones del mismo tipo. Su cabeza registra distintos seres algunos y busca aprender a identificarlos. Uno de ellos le resulta tan cercano que reconoce a la vieja del bosque que ha acudido a acompañar a Mai y a ayudarla a comprender.
Otras de las sensaciones son extraordinarias, o al menos más extraordinarias de las primeras. Son como seres de luz. Debieron ser personas muy poderosas con grandes capacidades para curar, para enseñar para dirigir. Es tanta la energía que se está concentrando en la cabaña que la desborda y se despliega por el resto del Espacio de Mai y Osi.
Livi sale al exterior y mira el cielo. No hay luna. Está a punto de comenzar un nuevo ciclo y sin embargo la joven siente un eclipse. No lo entiende, pero tampoco le importa. Casi no entiende nada de los que ocurre, pero Mai y la vieja le dicen que todo está bien.
La gente del poblado se da cuenta de que algo ocurre en el conjunto de edificaciones que Mai y Osi llamaban el Espacio y se acercan respetuosos. Iria sale un momento de la cabaña y se dirige a ellos para comunicarles la noticia.
Mi madre va a partir al mundo de los ancestros. Tal y cómo siempre ha sido su deseo e igual que hizo mi padre, podéis estar aquí para mostrar vuestros sentimientos, pero el ajuar de acompañamiento será muy limitado, sin bienes de prestigio ni más adornos que los personales que han acompañado a Mai desde siempre. Dentro de un rato se repartirá comida y bebida a todos los miembros del poblado, pero fuera de toda ceremonia especial.
Sabemos que es su deseo, pero Mai y Osi han sido una fuerza vital en este poblado desde siempre y quisiéramos hacer algún tipo de ofrenda hacia ellos.
Las ofrendas que más le gustan a Mai son el cariño hacia vuestros semejantes, la reconciliación entre enemigos, la paz, el conocimiento. Esas cosas que siempre nos ha contado y desde su vuelta del gran viaje ha querido enseñarnos a todos. Sabed que contáis con todo su amor para vosotros.
Iria volvió al interior y ocupó su lugar junto a su madre. Fuera, un murmullo se elevó en la noche entrada. La gente, suavemente, cantaba una vieja canción. Eso no debía ser malo y miró a Livi para ver si podía molestar a su madre, pero la muchacha estaba más pendiente del entorno de Mai que de los demás. Parecía que estaba observando algo que Iria no sabía descifrar.
Livi levanta la mirada hacia Mai. La presencia que acompañaba a la que había sido su maestra, madre y amiga se está desvaneciendo. Ermá acerca su cabeza al pecho de su madre mientras Iria besa su mejilla.
Sus hijos recuestan el cuerpo de la mujer sobre una estera y mientras Had, Iria y Livi inician el rito de partida de Mai, Ermá y los chicos del bosque se acercan a la cercana tumba donde reposa el cuerpo de Osi.
Con cuidado retiran la cubierta vegetal y preparan el que será el lecho donde recostar a Mai. Livi se acerca y con cuidado, espolvorea el cilantro en el espacio reservado junto a Osi.
También traen un vaso campaniforme hecho hace muchos años y que Osi regaló a Mai cuando se conocieron. El hecho de estar roto, lo invalidaba para los presentes de cortesía, pero Mai nunca había visto, hasta ese momento, una decoración de figuras geométricas partiendo de puntos de punzón.
Un tiempo después Osi le hizo un punzón de cobre para que pudiera realizar decoraciones en la arcilla más sutiles y finas, si cabe, con sus prodigiosas manos.
Amabas piezas serán depositadas durante su inhumación. Después, la tumba será cerrada definitivamente y la pareja descasará juntas hasta su viaje con los ancestros.
99 .- UN LUGAR PECULIAR
Jose Luis se inclinó ante el nuevo descubrimiento encontrado junto al río Arandilla. Era, claramente una estructura funeraria.
La fosa es circular y se localiza al sur de la zona de prospección de la Ribera de Duero burgalesa que se está realizando antes de entregar todo el material arqueológico a la futura Universidad de Burgos.
Por la zona excavada, se puede observar que tiene una orientación Noroeste-Sureste, por lo que la entrada miraría hacia el Sur/Sureste, es decir al Arandilla. Se trata de una tumba en fosa conformada por una cámara funeraria circular, situada en la parte norte, con unas dimensiones de 1.45 x 1.15 m en la boca y de 1.4 x 1.25 en el fondo, ligeramente cóncavo. En un lateral de la cámara, al Suroeste, hay un hoyo de poste ovalado de grandes dimensiones, fondo plano ovalado y paredes en talud. Las paredes son irregulares, mayoritariamente cóncavas o ligeramente acampanadas, alcanzando una profundidad máxima menor al metro
Al Sur se sitúa una antecámara también ovalada, de mayores dimensiones tanto en la boca como en su fondo plano. Sus paredes son rectas y alcanzan una profundidad de 56 cm. La antecámara está levemente elevada respecto a la cámara, accediéndose a ésta mediante un ligero escalón.
Una pequeña prolongación de la pared de la tumba sugiere algún espacio adosado a la misma que se extiende hacia lo que sería el poblado. Más tarde comenzarán a excavar esa zona para ver donde llega el muro de la tumba.
La presencia del hoyo de poste sugiere que la cámara tuvo una techumbre, probablemente algún tipo de cubierta vegetal, por lo que debió de estar accesible durante un tiempo.
En el interior de la cámara se depositó un par de individuos en dos etapas: primero un hombre en posición primaria y conexión anatómica, con la espalda cerca del fondo de la misma. El cuerpo, flexionado y apoyado sobre su costado izquierdo, ocupa una posición central, con la cabeza, muy próxima a la pared, situada al Este y mirando hacia el Sur, y los pies al Oeste. El brazo derecho está flexionado, en ángulo recto, con la mano extendida cerca de ambas rodillas, y el brazo izquierdo mucho más flexionado, uniendo prácticamente el húmero y el antebrazo, con la mano sobre la zona del cuello. No obstante, la mano aparece desplazada, pero en conexión anatómica, caída sobre el tórax. Sobre su cuerpo se espolvoreó cinabrio, que acabó manchando los huesos de ambos brazos desde las clavículas hasta las manos.
Ante sus manos, se encuentra un vaso campaniforme de estilo Ciempozuelos con una decoración hecha con mucha maestría. Tanta, que el equipo de arqueología duda que se haya visto una pieza tan hermosa en ningún otro yacimiento.
El segundo cuerpo se trata de una mujer que, según los análisis antropológicos, tendría entre 55 y 65 años de edad, lo que representa una edad muy avanzada para ese periodo.
Sobre este cuerpo se espolvoreó cinabrio, que impregnaban la práctica totalidad de sus huesos, sobre todo en la zona del cráneo tórax y extremidades superiores (esternón, clavículas y húmero derecho, cúbito izquierdo), pero también los de manos y pies.
Dentro de los materiales arqueológicos depositados en esta tumba hay que diferenciar los que llevaba esta mujer consigo, como el espectacular conjunto de adornos personales que tenía colocados en su cuerpo y vestimenta, de las cerámicas y objetos de cobre colocados a su alrededor como ofrendas o ajuares funerarios. Destaca el conjunto de ornamentos que portaba, en primer lugar, por su abundancia y riqueza de elementos, y en segundo lugar porque se encuentran in situ.
Esta circunstancia es muy infrecuente, ya que en la mayoría de casos estas tumbas sufrieron remociones o alteraciones, o permanecieron abiertas durante un tiempo, lo que motivó el desplazamiento de muchas de estas piezas de muy pequeño tamaño.
Solo si el cuerpo, tras el fallecimiento, se cubre de tierra portando estos adornos y se mantiene inalterado hasta su descubrimiento, podemos descubrir con precisión milimétrica el lugar exacto donde esta mujer llevaba cada uno de ellos. Esta circunstancia, sin embargo, es absolutamente excepcional en el caso del Campaniforme peninsular, lo cual subraya la importancia y valor de este hallazgo único para la interpretación funcional de muchos de ellos.
Efectivamente esta mujer llevaba en su cuello un collar completo compuesto por 44 cuentas bitroncocónicas de marfil. Se descubrieron concentradas en la zona de la garganta, bajo el mentón, aunque también algunas en otros puntos del cuello próximos a la nuca. Es de suponer que este collar concentraba las cuentas en la parte frontal, que lógicamente es la más importante por ser la más visible.
En diferentes áreas desperdigadas por la zona del cuello y la parte superior del tórax aparecieron 15 perlas tubulares de oro, tres de ellas en la zona de la nuca. Al ser tubulares parece claro que en origen estarían engarzadas o sujetas a algún tipo de elemento orgánico ya desaparecido.
El hecho de que se concentren algunas en la parte central del cuello podría hacernos suponer que iban engarzadas en otro collar, pero varias se localizaron en la zona de la nuca, algunas sobre el cráneo, incluso una de ellas muy desplazada hacia el exterior de la nuca. Más aún varias aparecen situadas unas bajo otras, alineadas verticalmente y separadas por espacios de 1-2 cm, lo cual tampoco encaja con la hipótesis del collar.
Finalmente se localizaron también tres botones de hueso/marfil de perforación en V, probablemente pertenecientes a alguna vestimenta que llevaba esta mujer en el tórax.
Cerca de sus pies se colocó un vasito campaniforme de estilo puntillado roto en su labio y un punzón de cobre. Entre la espalda y la pared de la tumba se situaron una cazuela de estilo Ciempozuelos y dentro de ella un cuenco del mismo estilo.
La posición del cuerpo de la mujer indica que fue incluida en la fosa después del hombre. Puede que algunos años después. Parte de su cuerpo también mostraba restos de cinabrio, sobre todo en ambos antebrazos y el pecho, pero aparece también bajo el cuerpo lo que delata que el cinabrio estaba antes que el segundo cuerpo.
Los enterraron juntos a propósito y después sellaron la fosa mediante la acumulación de piedras silíceas que cubrían la totalidad de la fosa. Los rellenos de la tumba estaban formados, además por tierras de color anaranjado-grisáceo o anaranjado con escasos restos arqueológicos en su matriz. Ello sugiere que su clausura definitiva fue rápida e intencionada.
En definitiva, es el enterramiento de dos personas que desearon terminar juntos.
Muy cerca, se ha excavado asimismo una extensa necrópolis, que abarca la misma secuencia cronológica de la tumba doble. Cuenta con una fase precampaniforme muy importante. Ofrece más de 30 espacios con elementos tanto individuales como múltiples. Muchos de estos grupos tienen notables ajuares, como unas decenas de recipientes cerámicos completos, todos decorados, ricas ofrendas metálicas (punzones, hachas, puñales y un escoplo, todos de cobre), elementos líticos (puntas de flecha, foliáceas en su mayoría, láminas y un puñal de sílex), algunos pulimentados (una azuela) y adornos, como numerosísimas cuentas de variscita y otras piedras, muy recientemente analizadas. Por la riqueza y abundancia de sus testimonios materiales es, sin duda, la necrópolis calcolítica precampaniforme más importante que se ha descubierto hasta el momento en el interior peninsular y una de las más destacadas de toda la Península.
Todo ello atestigua el uso funerario prácticamente continuo de este lugar durante un periodo de unos 2.000 años, en un periodo de cruciales transformaciones económicas y sociales en toda la Península Ibérica y, por supuesto, también en el interior peninsular. La necrópolis fue clausurada intencionadamente tras un último enterramiento que debió ser muy importante por el numeroso ajuar que lo acompaña.
El cuerpo está situado muy cerca de la entrada y parece “guardar” la misma, como si de forma simbólica “protegiera al resto de los cuerpos” allí presentes.
Los restos de las comidas rituales se encuentran entre el cuerpo y la puerta una cincuentena de recipientes cerámicos completos, todos lisos, de uso común, pero de una bella factura.
El análisis de la necrópolis indica que tras el fallecimiento del individuo que cierra el espacio, se decidió que nunca más se utilizaría ese espacio, lo que denota que su clausura definitiva fue rápida e intencionada y no el resultado de la azarosa acumulación progresiva de desechos de habitación propia de un basurero. Para su clausura se arrojaron en su interior una importante cantidad de bloques pétreos, algunos de gran tamaño, que la sellaron hasta el momento de su descubrimiento.
Ninguna de las piedras silíceas utilizadas en la construcción de esta tumba, así como las de la estructura superior, son de procedencia local. Su fuente potencial más próxima se encuentra a más de 8 km de distancia en dirección este, lo que también indica la importancia del inhumado ya que supone muchas horas de trabajo colectivo para honrar en su muerte a una sola persona.
La rueda de prensa para explicar la importancia de lo encontrado en Peñaranda de Duero estaba llena de expectación. Numerosos medios se habían acreditado para asistir a la misma pues uno de los arqueólogos más importantes del país que había trabajado en la zona de la ribera del Duero Burgalesa desde que, joven, salió de la facultad estaba a punto de descubrir cómo, desde la confluencia público-privada se podían hacer grandes cosas por conocer nuestro pasado e instalar un proceso de turismo de calidad basado en el patrimonio, la cultura y nuestra propia historia.
Una vez hecho el silencio en la sala del Palacio de Avellaneda, donde se realiza el acto, el arqueólogo jefe comenzó por explicar el espacio donde se encuentra el yacimiento.
Uno de los aspectos más singulares de este yacimiento es la acumulación de materiales cerámicos de distinto tipo y que parecen copia de estilos y épocas muy lejanas de aquí. Sin embargo, hay una ausencia casi total de otros elementos típicos de la Cultura campaniforme como es la metalurgia del cobre w incluso armas o herramientas de ese metal. El único caso de una acumulación sistemática de este tipo de cerámica está en el relativamente cercano yacimiento de Paulejas.
En ambos casos, la presencia de tantas piezas de una cerámica considerada elitista en contextos poblacionales tan pequeños, necesita de un estudio más amplio de los motivos que permitieron la copia y reproducción de modelos tan limitados en una desproporción tan elevada.
En un primer paso, se ha estudiado la materia prima utilizada en las piezas cerámicas y en un 98% son de origen local, no así las formas y motivos decorativos que alcanzan espacios y tiempos muy distantes.
También es extraño el lugar donde se acumulan estas piezas. Una serie de cabañas dispuestas de tal forma que están unidas entre sí formando distintos ámbitos domésticos e incluso una sepultura con dos cuerpos en su interior.
De hecho, ha sido el trabajo de la doctora Milagros la que, tras encontrar la tumba, siguió la estela de piedras y adobes que la unía al resto del conjunto hasta completar todo el espacio.
Empecemos por decir que este núcleo no es un poblado autónomo, sino que forma parte del poblado que se encuentra a menos de una cincuentena de metros, pero cuya construcción se ha realizado ligeramente alejada de forma premeditada.
Después también nos sorprende que uno de los espacios está diseñado de tal forma que hoy día podría pasar por una enfermería con camillas de piedra y espacios en el adobe para guardar distintos botes. Un par de ellos se han encontrado y, a falta de conformación por parte de la universidad de Burgos, parece que contenías restos de hojas para infusión de Jara y de semillas de uva.
Otro de los ámbitos excavados, parece ser un taller de cerámica donde se encuentra la mayor parte de restos cerámicos, principalmente cerámica decorada campaniforme de estilo Ciempozuelos, Marítimo, Cordado y lo más extraño, cerámica de estilo Los Dornajos que es un tipo de cerámica que se encuentra en la provincia de Cuenca.
Las explicaciones siguieron por parte del jefe de excavación y de su equipo, después en el turno de preguntas, los periodistas se extrañaron de la ausencia de autoridades regionales y provinciales que se comprometieran con este tipo de estudios y de creación de una forma de turismo sostenible a lo que el excavador, con una sonrisa irónica, contestó que en la pregunta estaba incluía la respuesta, ante la carcajada general por la crítica a la clase política en general y a la regional en particular.
Pero para Ángel, el excavador, la ironía estaba preñada de tristeza. Siempre deseaba no tener razón en sus pocas esperanzas de una clase política que cuidara el patrimonio, la historia y la cultura.
Cada vez que una estación arqueológica era descubierta y tenía que ordenar taparla por falta de fondos era como un cuchillo que se clavaba en sus entrañas. Quizás llegara un tiempo en el que esto no ocurriría.
OTRA VEZ JUNTOS
Iria, tras acostar a Mai junto a los restos de su padre, le arregló el pelo, colocando los adornos de oro que su madre llevaba en sus últimos años en las comidas ceremoniales. Estas perlas, con forma de tubitos dorados estaban sujetos al pelo en diferentes partes de su corta cabellera alrededor de la cabeza.
Abrochó bien los botones del cobertor de piel que cubría sus hombros y Ermá comenzó a introducir las piezas cerámicas del ajuar de su madre.
Con cuidado, colocaron junto a los cuerpos el vaso puntillado que, como siempre les habían contando, fue la pieza que unió sus vidas desde que se conocieron. A pesar de que estaba roto en el labio, había sido una pieza de especial adoración para Mai.
En el interior de un pequeño cuenco bruñido sin decorar, colocaron un punzón de cobre: la herramienta con la que Mai había trabajado desde su juventud y que tenía marcas de haber sido afilado una y otra vez a lo largo de los años.
Finalmente, antes de proceder a la acumulación de piedras que sellará la tumba por el lado sur, pegado al poste de sujeción de la tumba, depositaron un conjunto de recipientes campaniformes todos lisos cuidadosamente colocados unos dentro de otros. Eran su vajilla personal.
Iria cubrió, cuidadosamente, de polvo sagrado tanto el cuerpo como los elementos del ajuar más próximos a su madre, mientras Ermá iba soltando los postes que soportaban la techumbre de la tumba para proceder a su cierre definitivo. Más de 20 estaciones habían pasado desde la muerte de Osi y Mai siempre había cuidado el estado de ese último lugar de reposo para ambos. Por eso, la tumba tenía Justo una especie de estrato arenoso que cubría ciertas irregularidades del terreno original a modo de suelo regularizador.
Como paso previo al cierre, se celebró la tradicional ceremonia que rodea a este ritual de clausura y tras depositar las vasijas utilizadas junto a la puerta, Ermá, con una potente hacha de piedra, derribó los postes de madera dejando caer la cubierta vegetal en el interior de la tumba y con la tierra de alrededor, cubrió todo el espacio colocando algunas grandes piedras para evitar que los animales escarbaran el terreno.
Primeros sus hijos, después los niños del bosque y finalmente las personas del poblado, depositaron grandes piedras traídas del río hasta cubrir la sepultura. Had y Ermá cubrieron todo el túmulo formado por las piedras de tierra recogida de las tierras de cultivo y del Espacio para que la Madre Tierra cubriera de vegetación el descanso de sus padres.
Después, Iria, Ermá y los niños del bosque abandonaron el lugar y tras un fuerte abrazo, se encaminaron hacia los lugares donde habían establecido sus vidas











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