LA CERÁMICA ARGÁRICA

  • Carla Garrido García
  • Carlos Velasco Felipe
  • David Gómez-Gras
  • Roberto Risch

El término "El Argar" hace referencia a una sociedad de la Edad del Bronce Temprano cuyo origen tuvo lugar en el sureste de la península ibérica entre los años 2200 y 1550 a.C. A lo largo de un período de aproximadamente 650 años, evolucionó hasta convertirse en uno de los primeros estados de Europa, organizado principalmente alrededor de una red de asentamientos en cerros fortificados. En su momento de máximo esplendor llegó a controlar un territorio de alrededor de 35,000 km2, basando su economía principalmente en la agricultura de secano extensiva, así como en el almacenamiento y distribución de cebada en grandes asentamientos en colinas que tenían un tamaño que oscilaba entre 1 y 5 hectáreas. Uno de los elementos más característicos y representativos de esta sociedad era su práctica funeraria altamente normativa, que incluía ofrendas específicas de cerámica y metales para diferenciar a los individuos en función de su género, edad y clase social. La desigualdad social y el control socio-político alcanzaron su punto máximo alrededor del año 1650 a.C. Sin embargo, apenas un siglo después, la civilización argárica colapsó, probablemente debido a revueltas sociales.

Un rasgo altamente característico de la materialidad de El Argar en su apogeo, es su cerámica bruñida y sin decoraciones. Ya a finales del siglo XIX, los hermanos Siret distinguieron ocho formas principales de cerámica.

Éstos han seguido siendo la base para el desarrollo de posteriores sistemas de clasificación. Las formas básicas incluyen cuencos abiertos (forma 1), cerrados (forma 2), vasijas globulares (forma 3), ollas tanto ovaladas como globulares con perfil en S (forma 4), formas carenadas de borde abierto (forma 5), recipientes bicónicos cerrados (forma 6), copas (forma 7) y vasos cilíndricos (forma 8). Estas cerámicas se documentan tanto en contextos domésticos como en funerarios. Si bien en éstos últimos no parece observarse un patrón en cuanto a la selección de tipos según sexo y edad, podemos decir que hay una cierta predilección hacia las cerámicas carenadas de forma 5, también llamadas tulipas.

A nivel morfométrico, la mayoría de las formas se fabricaron en diferentes tamaños, a excepción del tipo 6, un recipiente poco común y, por lo general, de tamaño mediano; el tipo 7, la copa, cuyo rango de capacidad volumétrica no excede, salvo raras excepciones y por poco, de los 2 litros; y, finalmente, el tipo 8, siempre de tamaño reducido, oscilando entre los 0,3 y 0,65 l.

En cuanto al resto de morfotipos, por lo que respecta a los modelos pequeños, éstos presentan capacidades que oscilan entre los 0,25 y 3 litros. Y, mientras que la variabilidad de la forma 1 tan sólo alcanza a la factura de fuentes de en torno a los 7 litros, los tipos 2, 3 y 5, se moldearon, en sus versiones de tamaño medio, como recipientes de hasta 30 litros, habiéndose documentado algunos ejemplares de la forma 5 cercanos a los 40 l. Finalmente, fue la forma 4, sobre todo en la fase de apogeo argárico (ca.1750 - 1550 a. C.), la que se emplearía y fabricaría como recipiente de almacenamiento de gran tamaño -el pithos argárico- habiéndose documentado ejemplares en torno a los 300 litros de capacidad.

Un aspecto que se ha destacado en la producción cerámica de El Argar "clásico" es su alto nivel de estandarización.

Independientemente del museo provincial que se visite, desde Alicante hasta Jaén o Granada, la cerámica de alta calidad datada entre aproximadamente 1950-1550 a.C., recuperada en todo el vasto territorio de El Argar, parece sorprendentemente similar. Y es que, salvo la forma 8, que podría considerarse un tipo excepcional, todos los demás tipos cerámicos se desarrollan a partir de la forma 1. Ésta, en consecuencia, podría ser interpretada como "la forma primigenia, matriz y motriz", puesto que en base a ella se desarrollan el resto de formas añadiendo una, dos o más variaciones. Así, los tipos 2 y 3 serían una forma 1 con borde reentrante, y las formas 5 y 6 serían una forma 1 a la que se le añadiría un cuerpo superior modelado por separado, entre otras transformaciones.

La falta de talleres de cerámica en los asentamientos conocidos de El Argar ha dificultado la identificación de las posibles fuerzas económicas e incluso políticas detrás de esta producción altamente normativa. Diferentes mecanismos y relaciones sociales pueden haber llevado a tal uniformidad formal y técnica:

a) una producción altamente especializada en un número limitado de talleres, desde donde se distribuían vasijas por todo el territorio de El Argar; 

b) alfareros y alfareras itinerantes que producían vasijas solicitadas por las diferentes comunidades;

c) la asignación de las ocho formas a funciones específicas;

d) la adaptación de (ciertos) recipientes cerámicos a capacidades estándar, como se requería para la centralización y redistribución de cereales en los asentamientos centrales y edificios de almacenamiento del territorio Argárico;

e) las connotaciones ideológicas y simbólicas asignadas a la producción y uso de cerámica. Sorprendentemente, estos factores impulsadores no se habían investigado completamente hasta hace poco mediante enfoques arqueométricos, como análisis petrográficos y tecnológicos de la producción cerámica, la identificación de residuos orgánicos en las vasijas, la estandarización volumétrica o el análisis del desgaste por uso.


Conjunto de cerámicas argáricas “clásicas” (formas 2 a 7) con la "forma matriz" (forma 1) resaltada en rosa.


CONCLUSIONES

Claramente, la monotonía de la cerámica de El Argar durante más de seis siglos en un territorio de hasta 35,000 km2 - la clásica “norma argárica”- no se puede explicar únicamente en términos estrictamente funcionales, sino en el ámbito de la estructura socioeconómica e ideológica de esta sociedad de la Edad del Bronce.

Con todo, la combinación de los resultados obtenidos por las distintas líneas de investigación muestran que existiría, siempre en coexistencia con una producción no tan normativizada que ha sido tildada de “doméstica”, y destinada posiblemente para el autoconsumo, un determinado grupo poblacional quizás, también, itinerantes, que trabajarían (a tiempo parcial o completo) bajo las directrices y supervisión de una élite dominante. A la vista que, en un sistema de parentesco basado en la exogamia femenina, como al que apuntan los estudios arqueogenéticos de la Edad de Bronce en Europa, la mayor parte de los conocimientos compartidos socialmente debieron encontrarse en manos de las mujeres, no parece descabellado plantear que fueron estas las responsables de la manufactura alfarera que tan claramente distingue El Argar del resto de la península ibérica.

Este grupo, en pos de garantizar la máxima eficiencia productiva, utilizó las materias primas más adecuadas: arcillas naturales, sin tratamiento alguno, procedentes de depósitos del Plio-Pleistoceno ricos en fragmentos metamórficos. De todo ello parece desprenderse la búsqueda intencionada de una determinada materia prima muy específica allende de los entornos más próximos de los poblados.

Así mismo, asentó unas bases o patrones métricos determinados a fin de producir los diferentes tipos cerámicos. 

Habrían sido estas especialistas las que, a partir de aproximadamente el 1950 a.C., y para permitir un almacenamiento

centralizado y la distribución diaria de alimentos básicos, principalmente cebada, llegaron a estar

técnicamente preparados para fabricar grandes pithoi (Forma 4) por encima de los 300 litros de capacidad, que se acompañarían de los mencionados “cuencos de medida y redistribución” para garantizar un registro contable y la distribución adecuada del excedente.

FUENTE DOCUMENTAL

LA cerÁmicA ArgÁricA: Control SupradoméStico, eSpecialización, eStandarización y eficiencia productiva


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